viernes, 5 de marzo de 2021

EL CANON DE LAS ESCRITURAS

 

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17

Si leemos detenidamente este pasaje de la segunda carta a Timoteo, podemos darnos cuenta de cuán importante es la Palabra. Los hijos de Dios creemos que la Palabra es inspirada por Dios, creemos en la autoridad e inerrancia de las escrituras y creemos que ella tiene el poder para transformar vidas y aumentar nuestra fe.  Es importantísimo, entonces, que sepamos cómo llegó la Biblia, la Escritura, a nuestras manos.

Revisaremos cuáles son los principales eventos en torno a la historia de la Biblia: los 10 aspectos más importantes para conocer cómo nos llegó la Biblia, el canon del antiguo y nuevo testamento y, por último, qué son y la relevancia de los libros apócrifos.


DIEZ ASPECTOS IMPORTANTES PARA CONOCER CÓMO NOS LLEGÓ LA BIBLIA:


1.       Como se mencionó en la introducción, la Biblia es inspirada por Dios, lo puedes leer en 2 Timoteo 3:16-17 y en 2 Pedro 1:20-21.

 

2.       En la Biblia encontramos un total de 66 libros, distribuidos en 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 libros en el Nuevo Testamento. Los 66 libros fueron escritos a lo largo de 1600 años, desde aproximadamente 1500 a.C. hasta el 100 d.C.

 

3.       El Antiguo Testamento fue escrito principalmente en hebreo, y tiene algunos segmentos en arameo, y el Nuevo Testamento fue escrito en griego.

 

4.       La Biblia se compone por un conjunto de libros, los que fueron compilados, ordenados y reconocidos como autoridad inspirada por Dios por concilios de rabinos y líderes eclesiásticos que siguieron pautas estrictas.

 

5.       Al inventarse la imprenta, en el siglo XV, la Biblia fue el primer libro en imprimirse (Imprenta Gutenberg, 1455).

 

6.       Antes de este acontecimiento, la Biblia se copiaba a mano de forma muy cuidadosa y por escribas especializados que desarrollaron sofisticados métodos con los que contaban palabras y letras, con el fin de asegurarse de no cometer errores.

 

7.       Existen numerosas evidencias de que la Biblia con la cual contamos en el presente es notablemente fiel a los escritos originales. De las miles de copias manuscritas de antes del 1500 d.C. todavía existen más de 5300 manuscritos griegos del Nuevo Testamento. El texto de la Biblia está mejor preservado que los escritos de César, Platón o Aristóteles.

 

8.       El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto confirmó la confiabilidad de algunas copias del Antiguo Testamento que se realizaron a través de los años. Aunque existen ciertas variaciones en la ortografía, ninguna variación afecta doctrinas bíblicas básicas.

 

9.       A medida que la Biblia fue llevada a otros países, eruditos que deseaban que otros conocieran la Palabra de Dios la tradujeron al idioma común. En la actualidad hay casi 2000 grupos que no cuentan con la Biblia en su propio idioma.

 

10.   Para el 200 d.C. la Biblia o porciones de ella se había traducido a 7 idiomas; para el 500, a 13 idiomas; para el 900 a 17 idiomas; para el 1400, a 28 idiomas; para el 1800, a 60 idiomas; para el 1900, a 500 idiomas; para el 1950, a 1000 idiomas; en la actualidad, a unos 2350 idiomas. Existe también en braille, en la forma de 28 volúmenes. Es el libro con más impresiones y más traducciones del mundo, de todos los tiempos.

 

EL CANON

 

Para que la Biblia llegara a lo que es hoy, como un libro que contiene 66 libros divididos entre el Antiguo y Nuevo testamento y a la vez con una subdivisión interna en capítulos y versículos, pasó por complejos y cuidadosos procedimientos que a continuación relataremos brevemente.

 

La palabra Biblia tiene su procedencia del griego “biblia” (libros), cuya conjugación singular es “biblion”; “biblos” es una de las formas que toma la palabra biblion, y significa cualquier clase de documento escrito, originalmente significaba un documento escrito en papiro (Demaray, 2001). Es así como concluimos que la palabra Biblia, significa simplemente un “libro”, y esto porque la Biblia es EL libro.

 

El libro de la Biblia, técnicamente conocido como “códice” (ya que los libros se codificaron sistemáticamente para formar la Biblia), se ideó y empleó solo después de haber usado rollos durante siglos. Esta idea de formar un solo libro con todos los libros nació alrededor del primer siglo d.C. La forma de códice vino a brindar muchas ventajas, entre ellas la comodidad y economía, ya que el papiro era escaso y caro. Esta fórmula no apareció en occidente sino hasta el siglo XVIII. (Demaray, 2001)

 


El contenido de la Biblia, al que llamamos como Palabra de Dios, es el relato de una historia que se extiende desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos. La Biblia proclama los hechos portentosos de Dios, a través de los cuales Dios se revela como Señor, Padre y Salvador, a fin de liberar a la humanidad del pecado y de la muerte. (Levoratti)

 

Esta historia comprende dos partes: en la primera de ellas, Dios forma un pueblo que lo elige para sí con el fin de que este pueblo sea una nación santa y ejerza una función sacerdotal a las naciones. La segunda parte está centrada plenamente en Jesucristo, cuyo acontecimiento pascual constituye la revelación definitiva de los designios de Dios.

 

Estas dos partes las conocemos como Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. La voz “testamento” significa “pacto” o también convenio, refiriéndose a los pactos que Dios hace con su pueblo escogido para ser de ellos el Señor y Dios, y la relación que Dios forma con aquellos que creen en el sacrificio de su hijo Jesús, pasando éstos a ser el pueblo adquirido por Dios para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó (1 Pedro 2:9). En los relatos del Nuevo Testamento, los autores hacen referencia a las “Escrituras”. Esta palabra era empleada para referirse al Antiguo Testamento o a cualquier parte de él, por tanto, la Biblia en aquellos tiempos se componía por el Antiguo Testamento, es decir, no todos los cristianos tienen el mismo contenido en sus Escrituras, por esa razón debemos entrar a hablar directamente del Canon de las Escrituras.

 

La palabra “Canon” procede también del griego “kanon” que significa “nivel” o “regla” empleada por el escribano. Para entender mejor el sentido y alcance de esta palabra, dentro del contexto el canon puede referirse a las reglas de conducta o fe, a un catálogo o lista de lo que puede o no hacerse o creerse; en términos más simples (y también en sentido figurado) se le llama canon a la lista de libros de la Biblia (Demaray, 2001). Por esta razón, al hablar de canon, nos referimos a cómo fue elaborada la lista o el catálogo de libros que tiene la Biblia, tal como la conocemos hoy.

 

Como mencionábamos en los párrafos anteriores, los autores de los libros del Nuevo Testamento en muchos pasajes hacen mención a las “Escrituras” (Marcos 12:10; Lucas 4:21), “Sagradas Escrituras” (2 Timoteo 3:15) o “la Escritura” (v. 16), y como ya adelantábamos, estos autores hacían referencia a un determinado pasaje de lo que hoy conocemos como Antiguo Testamento, o al Antiguo Testamento en su conjunto. Sin embargo, en la segunda epístola de Pedro (3:16) se llama “Escrituras” a las epístolas de Pablo y probablemente a los evangelios, siendo éste un antecedente de peso para que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo testamento se empleen como Escrituras cristianas.

 

La mayoría de las citas y menciones que se hacen en el Nuevo Testamento de las Escrituras, entonces, son de lo que se conoce como la Biblia hebrea, que tradicionalmente contenía 24 libros divididos en: Ley Tora, Profetas y Escrituras (libros poéticos e históricos). Luego, al principio de la historia cristiana, los 27 libros del Nuevo Testamento aparecen unidos a las Escrituras hebreas, conformándose la Biblia que hoy conocemos.

 

¿Cómo manejaba Cristo las Escrituras? Para Él, el Antiguo Testamento predecía su advenimiento, es decir, su venida vino a consumar lo que estaba escrito, es más, el cumplió cada aspecto de la ley y las escrituras, llevándolas en su hombro y conducta para que hoy, por medio de Él, podamos cumplir con las exigencias de la ley delante de Dios Padre.

 

Dado que el Antiguo testamento predecía la venida del salvador, y el Nuevo Testamento relata la vida, muerte y resurrección del Mesías, podemos concluir que ambos pactos hablan de una sola temática en total concordancia: EL SALVADOR, Cristo Jesús.

 

Fijación del Canon del Antiguo Testamento

 

Para comentar acerca de la fijación de la lista de los libros que hoy conforman la Biblia en su conjunto, debemos también mencionar los libros Apócrifos.

 

Los apócrifos son aquellos libros o añadiduras a los libros de la Biblia, que no se encuentran en el canon hebreo, pero sí en el canon alejandrino (o lo que se conoce como la Septuaginta) (Demaray, 2001).  El canon alejandrino, o la Septuaginta, es la versión más antigua de las traducciones del Antiguo Testamento hebreo al griego, desarrollada por comunidades judías en diversas regiones de Alejandría (que llegaron producto del exilio de Israel en Babilonia) que adoptaron el griego como su idioma diario.

 

Como el nuevo testamento fue escrito en griego, también muchos de los primeros cristianos aceptaban la Septuaginta y la utilizaban sistemáticamente en educación, predicación y apologética. Por esa razón en el nuevo testamento hay citas y alusiones a estos libros adicionales que sí estaban en el canon de la Septuaginta. Cuando las discusiones teológicas entre los judíos y cristianos demandaron un análisis exegético mucho más riguroso, la Septuaginta fue relegada de los círculos judíos.

 

Una vez que finalizó el período del Nuevo Testamento, la iglesia continuó utilizando la Septuaginta en sus reflexiones y debates teológicos, citando también aquellos libros que no se encontraban en el canon hebreo (apócrifos), especialmente los teólogos occidentales, ya que los orientales por su parte, seguían el canon hebreo. (Pagan)

 

Posteriormente, la iglesia fue haciendo una serie de declaraciones en torno al canon de las Escrituras, por intermedio de decretos promulgados en Concilios. Fue en el Concilio de Trento donde se discutió abiertamente acerca del canon de las Escrituras, en el año 1545, en el contexto de controversias con grupos reformados en Europa. En aquel concilio se promulgó el decreto con el decálogo de libros que formarían el cuerpo de las Escrituras de acuerdo con la tradición de la Iglesia. Por otra parte, los reformados comenzaron a rechazar los libros deuterocanónicos (o apócrifos) por las polémicas y serias dudas que tenían con la iglesia católica. (Pagan)

 

Lutero, en su traducción de 1534, agrupó los libros deuterocanónicos con una nota que indica que son libros “apócrifos”, y que, aunque su lectura es útil y buena, no se igualan a la Sagrada Escritura. Es así como la iglesia reformada no incluye estos libros en el canon de las Escrituras, ya que, bajo los estándares utilizados para considerar los libros como sagradas escrituras, se les deja fuera, concluyéndose que, si bien son útiles como añadiduras o ayuda a la contextualización del relato, no son escritos por inspiración divina ni tratan temas doctrinales fundamentales.

 

Los apócrifos son los siguientes: Libro de Enoc, Secretos de Enoc, Ascensión de Isaías, Apocalipsis de Sofonías, Apocalipsis de Esdras, Testamento de Adán, Apocalipsis de Baruc, Asunción de Moisés, Testamento de los Doce.

 

Probablemente no hay certeza de los autores de estos libros ni existe una completa armonía con el resto de las escrituras, por lo que son útiles como libros de consulta, pero al analizarlos no tienen la misma autoridad que el resto de las Escrituras.

 

La traducción al castellano de Casiodoro de Reina de 1569 incluía los libros deuterocanónicos, al igual que la posterior revisión de Cipriano de Valera, publicada en 1602. Fue hasta la versión Reina-Valera de 1850 que por primera vez se excluye del listado de libros a los apócrifos, luego de muchas discusiones teológicas y administrativas, publicándose solo Biblias con el canon hebreo.

 

Fijación del Canon del Nuevo Testamento

 

Habiendo ya superado la fijación del canon del Antiguo Testamento, nos queda preguntarnos cómo surgió el canon del Nuevo Testamento, ya que lo anteriormente señalado solo se refiere a los libros veterotestamentarios. El proceso de la fijación de este canon fue muy distinto e interesante, pero no exento de dificultades.

 

En primer lugar, hay que señalar que los escritos del Nuevo Testamento (el texto) son ocasionales, es decir, hubo una ocasión que provocó su formación. Los textos no fueron escritos por deseos aislados de sus autores, que, si bien las circunstancias que movieron a los autores del NT a escribir sus pensamientos, exhortaciones, oraciones, etc. fueron diversas, todos ellos señalaban un mismo fin. No era simplemente un deseo de escribir, es más, muchos de ellos escribieron tan angustiosamente, que hubieran preferido no hacerlo (2 Corintios 2:4). (Bonilla Acosta)

 

Sin duda esto también estaba presente en la biblia hebrea y, de alguna manera, ella sirvió de modelo para los escritores neotestamentarios, solo que agregaron su propia creatividad junto con detalles característicos de la época. Sin embargo, en la producción literaria de los primeros cristianos, existía una diferencia fundamental: cuando los autores neotestamentarios escribían, lo hacían por la interpósita mano de un secretario, queriendo responder a la situación específica que se les presentaba, por ejemplo, pleitos entre los hermanos, inmoralidad en la congregación, falsas doctrinas que atentaban contra la eficacia de la obra de Cristo, expresiones de gozo y de amor, necesidad de aliento en la dificultad, etc. Estas respuestas venían en su mayoría de las autoridades de la iglesia, en calidad de apóstoles, obispos, pastores, dirigentes de la comunidad, quienes buscaban dirección de Dios. Cuando ellos escribían ni se les pasaba por la mente que sus escritos llegarían a tener la misma autoridad que las sagradas escrituras, tal como lo que se leía en las sinagogas, por tanto, no existe indicio alguno de que los autores postulaban a llenar tales expectativas. Pero, como procedían de autoridades, siendo así testimonios de primera fuente, los grupos cristianos no solo guardaron los textos, sino que, además, comenzaron a reproducir muchas copias para distribuirlas. Poco a poco, los cristianos fueron reconociendo la inspiración divina en la producción de los textos. (Bonilla Acosta)

 

Hasta aquí nos hemos referido a aquellos libros del Nuevo Testamento que se escribieron de corrido, ya que la situación se torna más compleja si nos referimos a los evangelios, los cuales siguieron un camino diferente, ya que a Jesús no le seguían estenógrafos quienes veían, escuchaban y escribían lo que Jesús hacía y enseñaba.

 

La primera etapa de la transmisión del material de los cuatro evangelios corresponde a lo que se conoce como la “tradición oral”, los apóstoles y discípulos contaban lo que Jesús hacía y enseñaba a los nuevos hermanos de la fe. Luego, comenzaron a hacerse colecciones escritas de los dichos de Jesús. (Bonilla Acosta)

 

Cuando los autores de los evangelios que son parte del Nuevo Testamento comenzaron a redactar sus escritos, echaron mano al material que tenían a su disposición, sumando además material que buscaron por cuenta propia.

 

Por la naturaleza del cristianismo y su explosiva expansión, fueron muchos los que se dedicaron a escribir hechos, epístolas y evangelios. Con tal prontitud la iglesia comenzó a discriminar algunos, tarea para nada fácil.

 

Desde el primer siglo, los cristianos se enfrentaron a problemas por las falsas doctrinas resultantes de la incomprensión del significado del evangelio, luchas que quedaron registradas en muchos de los libros neotestamentarios. Con el pasar del tiempo, inevitablemente estos problemas se agudizaron, y junto al acelerado crecimiento del cristianismo, hizo imperiosa la necesidad de establecer un canon.

 

Los escritos de los apóstoles y de otros seguidores de Jesús, desde el comienzo gozaron de una excelente recepción y se convirtieron en autoridad para los cristianos y posteriores escritores. Muy pronto los miembros de la comunidad cristiana comenzaron a citar los tratados apostólicos como si fueran parte de las escrituras cristianas.

 

Como conclusión podemos decir que el proceso de recepción y aceptación de los textos como libros de autoridad fue un proceso único y natural dentro de las comunidades cristianas. No fue resultado de una decisión consciente o conciliar, como lo fue la determinación del canon veterotestamentario.  En segundo lugar, los demás escritores cristianos y teólogos utilizaron y citaron los escritos con frecuencia para compartir la enseñanza con sus lectores.

 

Así se fue reuniendo un conjunto de libros que gozaban de privilegio y aceptación. Esta aceptación no fue igual en todas las comunidades, por esa razón no existía una única e idéntica lista de libros canónicos.

 

A partir del siglo IV se comienzan a tomar decisiones conciliares para determinar la composición del canon neotestamentario, decisiones que confirman la tendencia que se manifestada en siglos precedentes y que poco a poco va consiguiéndose un consenso orientado a cerrar el canon de los 27 libros.

 

Los 27 libros que hoy vemos en nuestras biblias son los que la iglesia cristiana en su mayoría aceptó y acepta.

 

De esta forma confirmamos la conclusión de que la aceptación definitiva del Nuevo Testamento no se debió a decisiones concretas de concilios, sino al reconocimiento y ratificación natural de las comunidades cristianas.

 

DIVISIÓN DE CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS

 

Los capítulos

 

No fue sino hasta 1250 d.C. que se dividió la Biblia en capítulos, para comodidad de orientación y ubicación de los textos, aunque esta división no fue esencialmente acertada.

 

Los versículos

 

En la antigüedad, los hebreos ya habían elaborado un intento de división por versículos, pero la que hoy conocemos fue realizada en 1551, división que solo afectó al Nuevo Testamento. La primera Biblia en ser completamente dividida fue la Biblia de Ginebra, en 1560.

 

Damos eternas gracias a Dios por la inspiración divina que influyó en hombres de fe para que hoy tuviéramos Su Palabra en nuestras manos y gozáramos de la revelación divina que nos dirige y transforma cada día. Por medio de ella Dios se ha revelado a nuestras vidas para que conozcamos la excelencia de Su carácter y la perfecta obra de nuestro redentor, Cristo Jesús.

 

¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos; De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” Salmo 119:97-105

 


 

Bibliografía

Demaray, D. E. (2001). Introducción a La Biblia (Vol. Tercera edición revisada). Miami, Florida, Estados Unidos: Logoi.

Levoratti, A. (s.f.). La Biblia. En Descubre la Biblia, manual de Ciencias Bíblicas.

Pagan, S. (s.f.). El Canon del Antiguo Testamento. En Descubre la Biblia.

Bonilla Acosta, P. (s.f.). El Canon del Nuevo Testamento. En Descubre la Biblia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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