viernes, 29 de enero de 2021

EL DIOS TRINO


                Seguramente has entonado algunos himnos en el pasado, quizá recientemente, y dentro de estos quizás has cantado uno que dice así: “Dios en tres personas, Bendita Trinidad”. Esta línea, perteneciente al himno Santo, Santo, Santo señala una de las verdades más queridas, atesoradas y defendidas de la Iglesia a lo largo de los siglos: que ios es Uno y Trino a la vez; estamos hablando de la doctrina de la Trinidad.

                Una doctrina es un límite; podemos ilustrarla con la imagen de una cancha de futbol, el juego tiene validez dentro de una línea rectangular que demarca el límite donde los jugadores pueden desenvolverse, cuando el balón sale de esta línea fuera de cancha es el equipo contrario quien comienza la jugada. De igual modo una doctrina funciona como un límite al “juego” de la especulación y el pensamiento para no ir más allá cayendo en la herejía (que sería jugar fuera de cancha) y por tanto, estar en contra de la enseñanza bíblica.

                Es justamente esto lo que sucede con la doctrina de la Trinidad. En su formulación histórica esta doctrina sostiene que Dios es uno en esencia y tres en persona. Y la Iglesia lo ha confesado desde el principio mediante la fórmula del bautismo “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Pero al igual que con el resto de la doctrina cristiana el reto para la Iglesia consistió en poder explicar en qué consiste la Trinidad ante los que la acusaban de adorar a más de un Dios, o de aquellos que consideraban que Jesús es un mero hombre, o los otros que decían que el Espíritu Santo es solo un poder que emana de Dios. Pero también debía clarificar ante los incrédulos quien era el Dios en quien creía, por qué era diferente de la fe monoteísta del judaísmo y de la especulación filosófica griega. Por todo esto la Iglesia necesitó clarificar esta doctrina y al hacerlo ganó en fe y en un conocimiento más profundo de Dios, pero no fue para nada fácil, se necesitó de las mentes más agudas y poderosas de la Iglesia, en un lapso de cuatro siglos, en constante conflicto interno y externo para llegar a un entendimiento que fuera fiel a la Escritura, satisficiera los requerimientos de la razón e inteligencia, y mantuviera la unidad de la verdadera fe.

 

Historia y definición de la Doctrina de la Trinidad

                La Iglesia comenzó su ministerio en el seno de la comunidad judía, sus miembros fueron en principio judíos por lo que al igual que estos la fe de la primitiva comunidad cristiana fue en la unidad absoluta de Dios tal como fue revelado en Deuteronomio 6:4[1]. Con esto también estuvo de acuerdo Jesús pues el evangelio de Marcos muestra claramente que al ser consultado respecto al primer mandamiento el Señor respondió con la misma cita de Deuteronomio[2]. Sin embargo, el Señor mismo se identificó como Hijo de Dios, igual al Padre[3] y que procedía de Él y a El volvía[4], y también hablo del Espíritu Santo como el consolador que enviaría a sus discípulos[5], y finalmente en la Gran Comisión señaló la igualdad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo al poner a los tres en la misma frase y con la misma importancia en el bautismo en Mateo 28:19.

                De esta manera los apóstoles y discípulos del Señor comenzaron confesando la unidad absoluta de Dios, por un lado, y que este Dios uno es Padre, Hijo y Espíritu Santo a la vez, en otras palabras, los apóstoles no aprendieron la doctrina de la Santísima Trinidad de forma dogmática o teórica, sino experimentalmente, por medio de los hechos de la revelación que habían presenciado[6].

                Solo cuando la Iglesia se enfrentó a la herejía en pleno siglo II fue que comenzó la necesidad de comprender y explicar de forma ortodoxa este misterio. Cuando arreciaba la lucha contra el gnosticismo comenzó la especulación y definición de las relaciones entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Se alzó un grupo preocupado por mantener la unidad de Dios o “monarquía” divina frente al postulado gnóstico de la multitud de eones en los cuales Dios se manifiesta. Estos monarquistas, acentuaron en extremo la unidad de Dios llegando a afirmar que no existe distinción entre el Padre y el Hijo pues esto significaba destruir la monarquía o unidad divina.

                Esta tendencia en acentuar la unidad de Dios se dividió en dos extremos: a un grupo se les conoce como “monarquianos dinámicos”, y al otro extremo “monarquianos modalistas”. El primer grupo monarquiano “dinámico” acentuaba la unidad de Dios señalando que la divinidad de Jesucristo era solo una fuerza impersonal (el termino griego dynamis significa fuerza) que lo habitaba y que procedía de Dios. Teodoto es el nombre de uno de los primeros monarquianos de esta clase quien se negaba a darle a Jesús el título de “Hijo de Dios”. Esta doctrina fue condenada por la iglesia de Roma en el año 195 pero continuó desarrollándose hasta alcanzar su plenitud en la persona de Pablo de Samosata obispo de Antioquia en el 260.

                Pero la tendencia monarquiana que planteó el mayor desafío a la Iglesia fue el “monarquianismo modalista”; este no negaba la divinidad de Cristo sino que la subsumía en la del Padre haciendo, por consiguiente, que los padecimientos de Cristo también fueran padecidos por el Padre. Los más antiguos representantes de esta herejía fueron Noeto de Esmirna y Práxeas y llego a su culminación con Sabelio por lo que a esta doctrina también se le llama “Sabelianismo”. Según Sabelio Dios es uno solo por lo que la distinción entre el Padre y el Hijo no existe. Dios es <<Hijo-Padre>> de tal manera que las “Personas” de la Deidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) no son más que fases o modos (de ahí modalismo) en las que Dios se reveló. Primero revelándose como Padre en la creación y al dar la Ley a su pueblo; luego revelándose como Hijo en la encarnación; y como el Espíritu Santo en la regeneración y santificación. De esta forma las tres personas eran reducidas a una.

                Pero quizá la herejía más conocida de aquellos días, y la que más influencia tuvo posteriormente fue la de Arrio. Él enseñaba que hubo un tiempo en el cual Jesús no existía. Dios el Padre creo al Hijo, y por medio de este creó al mundo. Arrio concluyó que solo puede haber un Dios eterno y que Jesús debía tener un principio. Dios creo a Cristo y lo exaltó a un estado divino después de su resurrección. De aquí que Cristo es Dios eterno desde su creación en adelante; tiene principio pero no fin. Esta es la herejía que siguen enseñando los Testigos de Jehová. 

                ¿Cómo reaccionó la Iglesia ante estos desafíos? Como dijimos el cristianismo demoró aproximadamente cuatro siglos en formular una doctrina de la Trinidad fiel a la Escritura y a la tradición heredada de los apóstoles. Nuestros hermanos partieron por hacer una distinción en el término esencia, persona, subsistencia y existencia. La palabra griega para esencia es ousia, entonces se preguntaron ¿Cuál es la esencia, ousia, de Dios? La esencia de la Deidad es lo que Dios es en sí; dicho de otro modo, Dios es uno en la esencia de su Ser, o en su naturaleza constitucional, no puede estar una parte en un lugar y otra parte en otro lugar. Dios es un solo Ser.




                Definiendo lo que es esencia se continuó con el término persona: la Biblia señala la existencia de Padre, Hijo y Espíritu Santo; tres personas, por lo que para preservar la enseñanza bíblica de la unidad de Dios y la existencia de tres personas en la deidad se procedió a considerar la unidad de Dios en su esencia reconociendo también que era trino en su persona; de ahí la frase: “Dios es uno en esencia y tres en persona”. Reconociendo esto, ahora, se debía evitar sugerir que alguna de las personas de la trinidad fueran menos que las otras. La Biblia enseña claramente que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen la plenitud de la deidad, que el Padre es completamente Dios, el Hijo también es completamente Dios y el Espíritu Santo también es completamente Dios. Ninguna persona de la Deidad es menos que la otra, por lo que surge la pregunta de ¿cómo se diferencian las personas de la Deidad? ¿Cómo se distinguen? Aquí se echó mano al siguiente término, el de subsistencia. Una subsistencia en la Divinidad es una diferencia real no esencial (no en la ousia) entre las personas de la Deidad. No es que cada una sea distinta en su ser o esencia sino que son distintas en su subsistencia, en su “forma de existir dentro de la Deidad”; una existe como Padre, otra como hijo, y otra como espíritu Santo, pero no son tres existencias separadas. Finalmente llegamos al término Existir: Dios existe, no como nosotros sino que la Divinidad es plenamente existente, Él no puede llegar a ser sino que Es eternamente, en forma plena y absoluta.

Pero la Biblia también enseña que cada persona de la Trinidad tiene características diferentes y la iglesia procedió a conocer cómo son diferentes y se relacionan entre sí. Esto es de la siguiente forma: El Padre es el Creador de todas las cosas. El Hijo fue engendrado del Padre, no creado. Él es la Palabra, la sabiduría y la imagen del Padre. El Espíritu es el eterno poder que procede del Padre y del Hijo, Así, el Padre no es el Hijo, y el Hijo no es ni el Espíritu ni el Padre. No fue el Padre quien murió en la cruz, sino el Hijo. Ni fue el Padre el que descendió como paloma sobre Jesús en su bautismo, sino el Espíritu. Así, el Padre es llamado nuestro Creador, el Hijo, nuestro Salvador y el Espíritu nuestro Santificador.

                La Iglesia intentó definir correctamente, de acuerdo a lo revelado por Dios en la Escritura, qué es esto de la Trinidad. Debió hacerlo para evitar el error de la herejía, pero sobre todo por el mandato del Señor de escudriñar en sus misterios pues esto es gloria del hombre. Se confeccionaron símbolos o Credos en los que se expuso esta y otras doctrinas necesarias de la Fe de forma fiel a la Biblia.

                Aunque esta doctrina no se declara en forma explícita, implícitamente proviene de las escrituras, por lo tanto, constituye una enseñanza bíblica y se deduce del estudio del texto bíblico. En el caso del Antiguo Testamento, este enfatiza la unidad, singularidad y pluralidad de personas de la Deidad que nos permiten la revelación posterior de la Trinidad de Dios, por ejemplo:

1.       La unidad de Dios como lo dice el Shema de Deuteronomio 6.4, llegó a ser la confesión básica de fe del judaísmo, que puede ser traducida “El Señor nuestro Dios es un Señor”, o “El Señor nuestro Dios, el Señor solamente”. Ésta última traducción enfatiza la singularidad de Dios, que tiene por objetivo excluir toda forma de politeísmo.

 

2.       La pluralidad de Dios utilizando la palabra hebrea Elohim o el Señor, la cual, denota grandeza y supremacía ilimitada de Dios. La misma palabra hebrea es utilizada por Dios con pronombres plurales y verbos plurales en Gen. 1.26; 3.22 y 11.7, las que parecen indicar distinciones de personas.

 

3.       Las apariciones del Ángel de Jehová mencionado como Dios, pero diferenciado de Él. (Gen. 16.7-13; 18.1-21; 18.1-28) Al llamar “Dios” al Ángel de Jehová, nos indica que hay distinciones de personas dentro de la Deidad.

 

4.       Las distinciones de personas y oficios en algunos pasajes del A.T. apoya la doctrina bíblica de la Trinidad. Por ejemplo, a Jehová se le distingue de Jehová o de Dios: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos”. Del mismo modo, en Isaías 48.16, el versículo nos muestra claramente a una persona diferente de Dios y del Espíritu Santo hablando: “Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu”. Nuevamente, el profeta Isaías en 59.20, hace una distinción entre el redentor y Dios: “Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob, dice Jehová”.

 

Del mismo modo, la contribución que hace el Nuevo Testamento respecto a esta doctrina es clara, aunque al igual que en el nuevo testamento, es implícita y sin mencionar la palabra Trinidad. No obstante, al igual que en el A.T., tenemos pasajes que clarifican la claridad de la doctrina.

Por ejemplo, respecto a la evidencia de la unidad de Dios, el Nuevo Testamento recalca que hay un solo Dios verdadero, como lo explica claramente 1° Cor. 8.4-6 “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”

En cuanto a la certidumbre del aspecto trino, debemos señalar que en cuanto al Padre se reconoce como Dios. Por ejemplo, en la oración modelo, Jesucristo llama Padre nuestro a Dios (Mt. 6.9). Esta postura no tiene contradicción y es ampliamente afirmada en varios pasajes del nuevo testamento.

Del mismo modo, Jesucristo se reconoce a sí mismo como Dios, teniendo atributos que sólo Dios tiene, como la omnipotencia, omnisciencia, eternidad. Pero también, tiene autoridad para perdonar pecados (Mr. 2.1-12) y resucitar a los muertos (Jn. 12.9). La declaración que Pablo hace en Romanos 9.5, no deja lugar a dudas respecto a la naturaleza divina de Cristo: “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. (Para un estudio más detallado acerca de la Deidad de Cristo, puede visitar el siguiente link: http://vision-biblica.cmvida.cl/2021/01/la-persona-teatropica-de-cristo.html?m=0)

La evidencia bíblica es abrumadora para confirmar esta doctrina cardinal. Sin embargo, uno de los aspectos centrales de la doctrina bíblica de la Trinidad, se encuentran contemplados en el pacto que los teólogos han denominado el “pacto de la redención”, donde desde la eternidad pasada, el Padre, en amor decide enviar a su Hijo para redimir a los pecadores que Él ha escogido para su propia gloria, para que sean parte de un pueblo santo. Por su parte, el Hijo, en amor y completa sumisión a la voluntad del Padre, decide revestirse de humanidad y pagar el precio del rescate de sus escogidos, imputándoles su justicia por medio de su vida perfecta de obediencia, muriendo como sustituto vicario en la cruz y resucitando al tercer día para confirmar su victoria; y finalmente, el Espíritu Santo aplicando y haciendo efectivas las bendiciones redentoras de la vida, muerte y resurrección de Cristo, siendo la garantía del creyente hasta el momento de la glorificación y su unión definitiva con Cristo.

La Trinidad en una doctrina capital de la fe cristiana. De hecho, podemos diferir sobre cuando vendrá Cristo, si el bautismo es por inmersión o por aspersión, pero quien niegue que Dios es trino está negando la esencia del cristianismo y ya no puede ser llamado cristiano. Que Dios nos preserve del error y nos ayude a seguir sus caminos, escudriñar las Escrituras y crecer en el conocimiento de la gloria de Dios. Si hacemos esto de corazón Él bendecirá nuestra búsqueda y se alegrará que le queramos conocer.

Dios te Bendiga.



[1] Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.

[2] Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

[3] Yo y el Padre uno somos.

[4] Salí de Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.

[5] Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

[6] Trenchard, E. (1976) Estudios de Doctrina Bíblica. Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, p. 44

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