viernes, 5 de marzo de 2021

EL CANON DE LAS ESCRITURAS

 

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17

Si leemos detenidamente este pasaje de la segunda carta a Timoteo, podemos darnos cuenta de cuán importante es la Palabra. Los hijos de Dios creemos que la Palabra es inspirada por Dios, creemos en la autoridad e inerrancia de las escrituras y creemos que ella tiene el poder para transformar vidas y aumentar nuestra fe.  Es importantísimo, entonces, que sepamos cómo llegó la Biblia, la Escritura, a nuestras manos.

Revisaremos cuáles son los principales eventos en torno a la historia de la Biblia: los 10 aspectos más importantes para conocer cómo nos llegó la Biblia, el canon del antiguo y nuevo testamento y, por último, qué son y la relevancia de los libros apócrifos.


DIEZ ASPECTOS IMPORTANTES PARA CONOCER CÓMO NOS LLEGÓ LA BIBLIA:


1.       Como se mencionó en la introducción, la Biblia es inspirada por Dios, lo puedes leer en 2 Timoteo 3:16-17 y en 2 Pedro 1:20-21.

 

2.       En la Biblia encontramos un total de 66 libros, distribuidos en 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 libros en el Nuevo Testamento. Los 66 libros fueron escritos a lo largo de 1600 años, desde aproximadamente 1500 a.C. hasta el 100 d.C.

 

3.       El Antiguo Testamento fue escrito principalmente en hebreo, y tiene algunos segmentos en arameo, y el Nuevo Testamento fue escrito en griego.

 

4.       La Biblia se compone por un conjunto de libros, los que fueron compilados, ordenados y reconocidos como autoridad inspirada por Dios por concilios de rabinos y líderes eclesiásticos que siguieron pautas estrictas.

 

5.       Al inventarse la imprenta, en el siglo XV, la Biblia fue el primer libro en imprimirse (Imprenta Gutenberg, 1455).

 

6.       Antes de este acontecimiento, la Biblia se copiaba a mano de forma muy cuidadosa y por escribas especializados que desarrollaron sofisticados métodos con los que contaban palabras y letras, con el fin de asegurarse de no cometer errores.

 

7.       Existen numerosas evidencias de que la Biblia con la cual contamos en el presente es notablemente fiel a los escritos originales. De las miles de copias manuscritas de antes del 1500 d.C. todavía existen más de 5300 manuscritos griegos del Nuevo Testamento. El texto de la Biblia está mejor preservado que los escritos de César, Platón o Aristóteles.

 

8.       El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto confirmó la confiabilidad de algunas copias del Antiguo Testamento que se realizaron a través de los años. Aunque existen ciertas variaciones en la ortografía, ninguna variación afecta doctrinas bíblicas básicas.

 

9.       A medida que la Biblia fue llevada a otros países, eruditos que deseaban que otros conocieran la Palabra de Dios la tradujeron al idioma común. En la actualidad hay casi 2000 grupos que no cuentan con la Biblia en su propio idioma.

 

10.   Para el 200 d.C. la Biblia o porciones de ella se había traducido a 7 idiomas; para el 500, a 13 idiomas; para el 900 a 17 idiomas; para el 1400, a 28 idiomas; para el 1800, a 60 idiomas; para el 1900, a 500 idiomas; para el 1950, a 1000 idiomas; en la actualidad, a unos 2350 idiomas. Existe también en braille, en la forma de 28 volúmenes. Es el libro con más impresiones y más traducciones del mundo, de todos los tiempos.

 

EL CANON

 

Para que la Biblia llegara a lo que es hoy, como un libro que contiene 66 libros divididos entre el Antiguo y Nuevo testamento y a la vez con una subdivisión interna en capítulos y versículos, pasó por complejos y cuidadosos procedimientos que a continuación relataremos brevemente.

 

La palabra Biblia tiene su procedencia del griego “biblia” (libros), cuya conjugación singular es “biblion”; “biblos” es una de las formas que toma la palabra biblion, y significa cualquier clase de documento escrito, originalmente significaba un documento escrito en papiro (Demaray, 2001). Es así como concluimos que la palabra Biblia, significa simplemente un “libro”, y esto porque la Biblia es EL libro.

 

El libro de la Biblia, técnicamente conocido como “códice” (ya que los libros se codificaron sistemáticamente para formar la Biblia), se ideó y empleó solo después de haber usado rollos durante siglos. Esta idea de formar un solo libro con todos los libros nació alrededor del primer siglo d.C. La forma de códice vino a brindar muchas ventajas, entre ellas la comodidad y economía, ya que el papiro era escaso y caro. Esta fórmula no apareció en occidente sino hasta el siglo XVIII. (Demaray, 2001)

 


El contenido de la Biblia, al que llamamos como Palabra de Dios, es el relato de una historia que se extiende desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos. La Biblia proclama los hechos portentosos de Dios, a través de los cuales Dios se revela como Señor, Padre y Salvador, a fin de liberar a la humanidad del pecado y de la muerte. (Levoratti)

 

Esta historia comprende dos partes: en la primera de ellas, Dios forma un pueblo que lo elige para sí con el fin de que este pueblo sea una nación santa y ejerza una función sacerdotal a las naciones. La segunda parte está centrada plenamente en Jesucristo, cuyo acontecimiento pascual constituye la revelación definitiva de los designios de Dios.

 

Estas dos partes las conocemos como Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. La voz “testamento” significa “pacto” o también convenio, refiriéndose a los pactos que Dios hace con su pueblo escogido para ser de ellos el Señor y Dios, y la relación que Dios forma con aquellos que creen en el sacrificio de su hijo Jesús, pasando éstos a ser el pueblo adquirido por Dios para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó (1 Pedro 2:9). En los relatos del Nuevo Testamento, los autores hacen referencia a las “Escrituras”. Esta palabra era empleada para referirse al Antiguo Testamento o a cualquier parte de él, por tanto, la Biblia en aquellos tiempos se componía por el Antiguo Testamento, es decir, no todos los cristianos tienen el mismo contenido en sus Escrituras, por esa razón debemos entrar a hablar directamente del Canon de las Escrituras.

 

La palabra “Canon” procede también del griego “kanon” que significa “nivel” o “regla” empleada por el escribano. Para entender mejor el sentido y alcance de esta palabra, dentro del contexto el canon puede referirse a las reglas de conducta o fe, a un catálogo o lista de lo que puede o no hacerse o creerse; en términos más simples (y también en sentido figurado) se le llama canon a la lista de libros de la Biblia (Demaray, 2001). Por esta razón, al hablar de canon, nos referimos a cómo fue elaborada la lista o el catálogo de libros que tiene la Biblia, tal como la conocemos hoy.

 

Como mencionábamos en los párrafos anteriores, los autores de los libros del Nuevo Testamento en muchos pasajes hacen mención a las “Escrituras” (Marcos 12:10; Lucas 4:21), “Sagradas Escrituras” (2 Timoteo 3:15) o “la Escritura” (v. 16), y como ya adelantábamos, estos autores hacían referencia a un determinado pasaje de lo que hoy conocemos como Antiguo Testamento, o al Antiguo Testamento en su conjunto. Sin embargo, en la segunda epístola de Pedro (3:16) se llama “Escrituras” a las epístolas de Pablo y probablemente a los evangelios, siendo éste un antecedente de peso para que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo testamento se empleen como Escrituras cristianas.

 

La mayoría de las citas y menciones que se hacen en el Nuevo Testamento de las Escrituras, entonces, son de lo que se conoce como la Biblia hebrea, que tradicionalmente contenía 24 libros divididos en: Ley Tora, Profetas y Escrituras (libros poéticos e históricos). Luego, al principio de la historia cristiana, los 27 libros del Nuevo Testamento aparecen unidos a las Escrituras hebreas, conformándose la Biblia que hoy conocemos.

 

¿Cómo manejaba Cristo las Escrituras? Para Él, el Antiguo Testamento predecía su advenimiento, es decir, su venida vino a consumar lo que estaba escrito, es más, el cumplió cada aspecto de la ley y las escrituras, llevándolas en su hombro y conducta para que hoy, por medio de Él, podamos cumplir con las exigencias de la ley delante de Dios Padre.

 

Dado que el Antiguo testamento predecía la venida del salvador, y el Nuevo Testamento relata la vida, muerte y resurrección del Mesías, podemos concluir que ambos pactos hablan de una sola temática en total concordancia: EL SALVADOR, Cristo Jesús.

 

Fijación del Canon del Antiguo Testamento

 

Para comentar acerca de la fijación de la lista de los libros que hoy conforman la Biblia en su conjunto, debemos también mencionar los libros Apócrifos.

 

Los apócrifos son aquellos libros o añadiduras a los libros de la Biblia, que no se encuentran en el canon hebreo, pero sí en el canon alejandrino (o lo que se conoce como la Septuaginta) (Demaray, 2001).  El canon alejandrino, o la Septuaginta, es la versión más antigua de las traducciones del Antiguo Testamento hebreo al griego, desarrollada por comunidades judías en diversas regiones de Alejandría (que llegaron producto del exilio de Israel en Babilonia) que adoptaron el griego como su idioma diario.

 

Como el nuevo testamento fue escrito en griego, también muchos de los primeros cristianos aceptaban la Septuaginta y la utilizaban sistemáticamente en educación, predicación y apologética. Por esa razón en el nuevo testamento hay citas y alusiones a estos libros adicionales que sí estaban en el canon de la Septuaginta. Cuando las discusiones teológicas entre los judíos y cristianos demandaron un análisis exegético mucho más riguroso, la Septuaginta fue relegada de los círculos judíos.

 

Una vez que finalizó el período del Nuevo Testamento, la iglesia continuó utilizando la Septuaginta en sus reflexiones y debates teológicos, citando también aquellos libros que no se encontraban en el canon hebreo (apócrifos), especialmente los teólogos occidentales, ya que los orientales por su parte, seguían el canon hebreo. (Pagan)

 

Posteriormente, la iglesia fue haciendo una serie de declaraciones en torno al canon de las Escrituras, por intermedio de decretos promulgados en Concilios. Fue en el Concilio de Trento donde se discutió abiertamente acerca del canon de las Escrituras, en el año 1545, en el contexto de controversias con grupos reformados en Europa. En aquel concilio se promulgó el decreto con el decálogo de libros que formarían el cuerpo de las Escrituras de acuerdo con la tradición de la Iglesia. Por otra parte, los reformados comenzaron a rechazar los libros deuterocanónicos (o apócrifos) por las polémicas y serias dudas que tenían con la iglesia católica. (Pagan)

 

Lutero, en su traducción de 1534, agrupó los libros deuterocanónicos con una nota que indica que son libros “apócrifos”, y que, aunque su lectura es útil y buena, no se igualan a la Sagrada Escritura. Es así como la iglesia reformada no incluye estos libros en el canon de las Escrituras, ya que, bajo los estándares utilizados para considerar los libros como sagradas escrituras, se les deja fuera, concluyéndose que, si bien son útiles como añadiduras o ayuda a la contextualización del relato, no son escritos por inspiración divina ni tratan temas doctrinales fundamentales.

 

Los apócrifos son los siguientes: Libro de Enoc, Secretos de Enoc, Ascensión de Isaías, Apocalipsis de Sofonías, Apocalipsis de Esdras, Testamento de Adán, Apocalipsis de Baruc, Asunción de Moisés, Testamento de los Doce.

 

Probablemente no hay certeza de los autores de estos libros ni existe una completa armonía con el resto de las escrituras, por lo que son útiles como libros de consulta, pero al analizarlos no tienen la misma autoridad que el resto de las Escrituras.

 

La traducción al castellano de Casiodoro de Reina de 1569 incluía los libros deuterocanónicos, al igual que la posterior revisión de Cipriano de Valera, publicada en 1602. Fue hasta la versión Reina-Valera de 1850 que por primera vez se excluye del listado de libros a los apócrifos, luego de muchas discusiones teológicas y administrativas, publicándose solo Biblias con el canon hebreo.

 

Fijación del Canon del Nuevo Testamento

 

Habiendo ya superado la fijación del canon del Antiguo Testamento, nos queda preguntarnos cómo surgió el canon del Nuevo Testamento, ya que lo anteriormente señalado solo se refiere a los libros veterotestamentarios. El proceso de la fijación de este canon fue muy distinto e interesante, pero no exento de dificultades.

 

En primer lugar, hay que señalar que los escritos del Nuevo Testamento (el texto) son ocasionales, es decir, hubo una ocasión que provocó su formación. Los textos no fueron escritos por deseos aislados de sus autores, que, si bien las circunstancias que movieron a los autores del NT a escribir sus pensamientos, exhortaciones, oraciones, etc. fueron diversas, todos ellos señalaban un mismo fin. No era simplemente un deseo de escribir, es más, muchos de ellos escribieron tan angustiosamente, que hubieran preferido no hacerlo (2 Corintios 2:4). (Bonilla Acosta)

 

Sin duda esto también estaba presente en la biblia hebrea y, de alguna manera, ella sirvió de modelo para los escritores neotestamentarios, solo que agregaron su propia creatividad junto con detalles característicos de la época. Sin embargo, en la producción literaria de los primeros cristianos, existía una diferencia fundamental: cuando los autores neotestamentarios escribían, lo hacían por la interpósita mano de un secretario, queriendo responder a la situación específica que se les presentaba, por ejemplo, pleitos entre los hermanos, inmoralidad en la congregación, falsas doctrinas que atentaban contra la eficacia de la obra de Cristo, expresiones de gozo y de amor, necesidad de aliento en la dificultad, etc. Estas respuestas venían en su mayoría de las autoridades de la iglesia, en calidad de apóstoles, obispos, pastores, dirigentes de la comunidad, quienes buscaban dirección de Dios. Cuando ellos escribían ni se les pasaba por la mente que sus escritos llegarían a tener la misma autoridad que las sagradas escrituras, tal como lo que se leía en las sinagogas, por tanto, no existe indicio alguno de que los autores postulaban a llenar tales expectativas. Pero, como procedían de autoridades, siendo así testimonios de primera fuente, los grupos cristianos no solo guardaron los textos, sino que, además, comenzaron a reproducir muchas copias para distribuirlas. Poco a poco, los cristianos fueron reconociendo la inspiración divina en la producción de los textos. (Bonilla Acosta)

 

Hasta aquí nos hemos referido a aquellos libros del Nuevo Testamento que se escribieron de corrido, ya que la situación se torna más compleja si nos referimos a los evangelios, los cuales siguieron un camino diferente, ya que a Jesús no le seguían estenógrafos quienes veían, escuchaban y escribían lo que Jesús hacía y enseñaba.

 

La primera etapa de la transmisión del material de los cuatro evangelios corresponde a lo que se conoce como la “tradición oral”, los apóstoles y discípulos contaban lo que Jesús hacía y enseñaba a los nuevos hermanos de la fe. Luego, comenzaron a hacerse colecciones escritas de los dichos de Jesús. (Bonilla Acosta)

 

Cuando los autores de los evangelios que son parte del Nuevo Testamento comenzaron a redactar sus escritos, echaron mano al material que tenían a su disposición, sumando además material que buscaron por cuenta propia.

 

Por la naturaleza del cristianismo y su explosiva expansión, fueron muchos los que se dedicaron a escribir hechos, epístolas y evangelios. Con tal prontitud la iglesia comenzó a discriminar algunos, tarea para nada fácil.

 

Desde el primer siglo, los cristianos se enfrentaron a problemas por las falsas doctrinas resultantes de la incomprensión del significado del evangelio, luchas que quedaron registradas en muchos de los libros neotestamentarios. Con el pasar del tiempo, inevitablemente estos problemas se agudizaron, y junto al acelerado crecimiento del cristianismo, hizo imperiosa la necesidad de establecer un canon.

 

Los escritos de los apóstoles y de otros seguidores de Jesús, desde el comienzo gozaron de una excelente recepción y se convirtieron en autoridad para los cristianos y posteriores escritores. Muy pronto los miembros de la comunidad cristiana comenzaron a citar los tratados apostólicos como si fueran parte de las escrituras cristianas.

 

Como conclusión podemos decir que el proceso de recepción y aceptación de los textos como libros de autoridad fue un proceso único y natural dentro de las comunidades cristianas. No fue resultado de una decisión consciente o conciliar, como lo fue la determinación del canon veterotestamentario.  En segundo lugar, los demás escritores cristianos y teólogos utilizaron y citaron los escritos con frecuencia para compartir la enseñanza con sus lectores.

 

Así se fue reuniendo un conjunto de libros que gozaban de privilegio y aceptación. Esta aceptación no fue igual en todas las comunidades, por esa razón no existía una única e idéntica lista de libros canónicos.

 

A partir del siglo IV se comienzan a tomar decisiones conciliares para determinar la composición del canon neotestamentario, decisiones que confirman la tendencia que se manifestada en siglos precedentes y que poco a poco va consiguiéndose un consenso orientado a cerrar el canon de los 27 libros.

 

Los 27 libros que hoy vemos en nuestras biblias son los que la iglesia cristiana en su mayoría aceptó y acepta.

 

De esta forma confirmamos la conclusión de que la aceptación definitiva del Nuevo Testamento no se debió a decisiones concretas de concilios, sino al reconocimiento y ratificación natural de las comunidades cristianas.

 

DIVISIÓN DE CAPÍTULOS Y VERSÍCULOS

 

Los capítulos

 

No fue sino hasta 1250 d.C. que se dividió la Biblia en capítulos, para comodidad de orientación y ubicación de los textos, aunque esta división no fue esencialmente acertada.

 

Los versículos

 

En la antigüedad, los hebreos ya habían elaborado un intento de división por versículos, pero la que hoy conocemos fue realizada en 1551, división que solo afectó al Nuevo Testamento. La primera Biblia en ser completamente dividida fue la Biblia de Ginebra, en 1560.

 

Damos eternas gracias a Dios por la inspiración divina que influyó en hombres de fe para que hoy tuviéramos Su Palabra en nuestras manos y gozáramos de la revelación divina que nos dirige y transforma cada día. Por medio de ella Dios se ha revelado a nuestras vidas para que conozcamos la excelencia de Su carácter y la perfecta obra de nuestro redentor, Cristo Jesús.

 

¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos; De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” Salmo 119:97-105

 


 

Bibliografía

Demaray, D. E. (2001). Introducción a La Biblia (Vol. Tercera edición revisada). Miami, Florida, Estados Unidos: Logoi.

Levoratti, A. (s.f.). La Biblia. En Descubre la Biblia, manual de Ciencias Bíblicas.

Pagan, S. (s.f.). El Canon del Antiguo Testamento. En Descubre la Biblia.

Bonilla Acosta, P. (s.f.). El Canon del Nuevo Testamento. En Descubre la Biblia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 20 de febrero de 2021

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

Importancia de la resurrección

La resurrección de Cristo es un pilar fundamental de la fe cristiana, el evento histórico sobre el cual se encumbra o se desploma la doctrina cristiana. El apóstol Pablo lo clarifica en su primera carta a los Corintios: Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también nuestra fe. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. (1ra de Corintios 15:13-14, 19).

Es más, en el Nuevo Testamento encontramos insistentemente la afirmación de que creer en la resurrección corporal de Cristo es una condición necesaria de la fe cristiana, nadie puede ser salvo sin esta certeza. Lo anterior se encuentra en versículos tales como Romanos 10:9 “Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo”.

La importancia de la resurrección de Cristo es demostrada más todavía en el denuedo y entusiasmo con el que predicaban los primeros cristianos a medida que la iglesia primitiva crecía (ej.: Hechos 2:31; 4:33; 17:18; 26:23). Casi todos ellos como testigos públicos de los evangelios apuntan a la resurrección de Cristo como la esperanza para todos aquellos que deseen la salvación.

¿En qué consistió la resurrección?

En el Nuevo Testamento y atendiendo a las distintas versiones o traducciones modernas de la Biblia, el acontecimiento de la resurrección se expresa con varias palabras: exaltación, glorificación, ascensión, entrada en el santuario del cielo, etc. Pero se prefiere el término «resurrección» porque es el más claro y completo para indicar que el que había muerto ha vuelto a la vida.

A fin de entender lo que sucedió, es necesario establecer primero lo que no es la resurrección:

  1. No es «revivir», es decir, volver a la vida terrenal como antes. Eso es lo que hizo Jesús con Lázaro, con el hijo de la viuda de Nain y con la hija de Jairo: restituyó su cuerpo a la vida ordinaria. Pero después volvieron a morir.
  2. Tampoco se trata solamente de la «inmortalidad del alma», que en este caso sería una especie de resurrección a medias. La resurrección se refiere a la entrada en la vida sin fin de toda la humanidad de Jesús, incluido su cuerpo. Por eso, el sepulcro quedó vacío.
  3. De ninguna manera se trata de una «reencarnación», como lo aceptan y creen el hinduismo y el budismo, que consiste en el traspaso del alma a un cuerpo distinto. El cuerpo de Jesús sigue siendo el mismo.
  4. Mucho menos es como un mero «recuerdo vivo» de Jesús, que habría provocado en sus discípulos la convicción de que seguía presente. Porque fue el encuentro con Jesús resucitado lo que suscitó en sus discípulos la fe en la resurrección, no al revés.
  5. Y tampoco se trató de una realidad «inventada» por los discípulos por fraude o alucinación. Después de la muerte de Jesús, los discípulos estaban tristes, con miedo, incrédulos, escépticos. Sólo un gran acontecimiento pudo cambiarlos, devolviéndoles el primitivo entusiasmo por Jesús y por su seguimiento.

La creencia de una persona en la resurrección de Cristo (o falta de ella) puede generalmente ser resumida en las respuestas a las siguientes preguntas:

1.    ¿Murió realmente Cristo en la cruz? La resurrección de Cristo es claramente imposible si Él no murió.

2.    Si Cristo realmente murió en la cruz, ¿realmente se encontró la tumba vacía? De nuevo, el punto aquí es obvio, sin una tumba vacía, el concepto de la resurrección no tiene sentido alguno.

3.    Si la tumba estaba vacía, ¿cómo sabemos que la razón fue la resurrección de Cristo? ¿Hubo apariciones posteriores a la resurrección? Si puede demostrarse que Cristo murió y fue puesto en una tumba que se encontró vacía, entonces es razonable esperar algún tipo de engaño, a menos, por supuesto, que Jesús apareciera posterior a su muerte a personas, o grupos de personas, después de que la tumba vacía fuera descubierta.

¿Realmente estaba vacía la tumba de Cristo?

Uno de los detalles indiscutibles de la resurrección es que la tumba estaba verdaderamente vacía. El primer indicador respecto de este punto es la reacción de las autoridades judías, cuando tomaron conocimiento de la noticia dada a conocer por los discípulos de que Jesús había resucitado de entre los muertos. En lugar de presentar el cuerpo, o tal vez de organizar una búsqueda, ellos sobornaron a los soldados que habían custodiado la tumba (Mateo 28:11-15). Dicho de otra forma, en lugar de contradecir la afirmación de los discípulos, simplemente optaron por manifestar derechamente el rechazo. El Apóstol Pablo también hace referencia y defiende la tumba vacía en 1ra de Corintios 15:6, cuando señala la aparición de Jesús a los 500, "de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen." Ya que los testigos oculares del tal acontecimiento todavía estaban vivos, hubiera sido muy imprudente de su parte hacer una afirmación tan audaz y fácil de refutar, sin estar seguro de su veracidad.

Evidencia de la Resurrección

  • Primero, Cristo dio a conocer y hablo claramente de su propia resurrección. La Biblia registra: "Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas ... y que era necesaria su muerte y que al tercer día resucitara de entre los muertos" (Mateo 16:21 NVI). Aunque sus seguidores en primera instancia no entendieron lo que les estaba diciendo en ese momento, posteriormente con la secuencia de acontecimientos recordaron Sus palabras.
  • Segundo, Jesús hizo numerosas apariciones a sus seguidores. Él consoló el dolor de los que estaban fuera de su tumba el domingo por la mañana. En el camino a Emaús, explicó cosas acerca del Sí mismo en relación al Antiguo Testamento. Más tarde, comió delante de ellos y los invitó a tocarlo. Las sagradas Escrituras documentan que Jesús fue visto por más de 500 al mismo tiempo. Algunos pueden argumentar que se trató de un engaño masivo, pero ¿cómo se puede explicar la colaboración de 500 personas de forma unánime?
  • Tercero, la fe incondicional de los discípulos es un testimonio completamente creíble y convincente de la Resurrección. Esos mismos discípulos que una vez tuvieron tanto miedo y que estaban propensos a de desertar de su Señor ahora proclamaron valientemente esta noticia, poniendo en riesgo sus vidas con el fin de predicar y expandir el mensaje de la salvación. Este comportamiento aguerrido y valiente no tiene explicación alguna a no ser que tuvieran absoluto conocimiento de que Jesús había resucitado de entre los muertos.
  • Cuarto, el crecimiento y expansión de la iglesia cristiana (los verdaderos seguidores de Cristo) confirma la Resurrección. Por otra parte, el primer sermón de Pedro, que trató sobre la resurrección de Cristo, incitó a los oyentes a recibirlo como su único Salvador presentándolo como un Cristo vivo. Lucas lo documenta mencionándolo de la siguiente forma: "Ese día se añadieron como tres mil personas" (Hechos 2:41). Y ese grupo de creyentes se ha multiplicado constantemente a través de todo el mundo hasta ahora.
  • Finalmente, el testimonio de cientos de millones de vidas transformadas a través de la historia es una muestra irrefutable del poder de la Resurrección. La prueba más concluyente para la resurrección de Jesucristo es que Él como Cristo vivo sigue sin parar transformando vidas.

Significado de la Resurrección

La Resurrección confirma que Jesús es quien dijo ser. Consideremos la magnitud de este evento:

  • La Resurrección demostró que Cristo es divino. El hecho de que Jesucristo murió en la cruz no prueba en sí mismo que Él es Dios. Jesús demostró su deidad cumpliendo las profecías de su muerte y por su regreso de entre los muertos. La Biblia declara que "y quedó demostrado que era el Hijo de Dios cuando fue resucitado de los muertos mediante el poder del Espíritu Santo" (Romanos 1: 4, NTV).
  • La Resurrección demostró el poder de Cristo para perdonar el pecado. La Biblia afirma: "Si Cristo no resucitó, tu fe no tiene valor, aún estás en tus pecados" (1 Corintios 15:17). Al resucitar de los muertos, Jesús demostró su autoridad y poder para romper las cadenas del pecado y asegurar el perdón y la vida eterna a todos los que aceptan su regalo de salvación.
  • La Resurrección reveló el poder de Cristo sobre la muerte. La Biblia registra: "Sabemos que Jesucristo resucitó, y que nunca más volverá a morir, pues la muerte ya no tiene poder sobre Él" (Romanos 6: 9, TLA). La Resurrección también aseguró nuestra victoria sobre la muerte y "nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús" (Efesios 2: 6, NTV).
  • La Resurrección derrotó al enemigo de Dios. Desde el momento de su rebelión original hasta el día de la Cruz, el diablo luchó cruelmente y astutamente para derrocar al reino de Dios. Satanás probablemente estaba convencido de haber dado el golpe final y decisivo en esta guerra en contra de Dios. Pero fue el peor error y más absurdo pensamiento. La cruz fue el triunfo del cielo. Y cuando Jesucristo se levantó, el poder del pecado y la muerte quedaron para siempre destrozados. Gracias a la Resurrección, los cristianos nunca deben temer a Satanás ni a la muerte nuevamente.

Finalmente

Durante 40 días después de Su muerte y resurrección, Cristo apareció muchas veces a Sus seguidores. En una ocasión, reunió a los 11 discípulos restantes en una montaña en Galilea y les dio su Gran Comisión, diciéndoles: "Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os mandé; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días" (Mateo 28: 19,20). Más tarde, el Libro de los Hechos registra que, en el Monte de los Olivos, amonestó a sus discípulos a esperar en Jerusalén hasta que fueron llenos del Espíritu Santo y luego llevar su mensaje a Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra. (Hechos 1: 4,5,8).

Inmediatamente después, se elevó hacia el cielo y desapareció en las nubes, dejando a los discípulos que lo observaban maravillados. La ascensión de Cristo fue el acto final en el drama de la redención. Completada su misión, Jesucristo fue exaltado a su gloria anterior.

La resurrección de Jesucristo se ubica como el evento más revolucionario e inexplicable de la historia humana, pues su vida configuró dramáticamente el curso de la historia en nuestro tiempo, por lo tanto, la resurrección es la prueba final de que Jesucristo es quien decía ser.

Por ultimo y como fue mencionado anteriormente, existen múltiples testimonios bíblicos de las apariciones independientes de Cristo a más de 500 personas diferentes después de Su resurrección. De hecho, los relatos de la resurrección enumeran hasta 12 diferentes apariciones de Cristo, comenzando con María Magdalena y terminando con el apóstol Pablo. Estas apariciones no pudieron haber sido alucinaciones, debido a la variedad de situaciones y al número de individuos involucrados, no existe nada llamado "alucinación de grupo." Además, estas apariciones fueron físicas y tangibles en su naturaleza, como lo evidenciaron las acciones de Cristo (ej.: cuando comió con los discípulos y cuando sugirió que tocaran Su costado y Sus manos). Su cuerpo resucitado, aunque inmortal, era indudablemente un cuerpo físico.

Las respuestas a las preguntas de arriba buscan proporcionar evidencia directa a favor de la veracidad histórica de la resurrección de Cristo. En este punto, sería útil preguntar si existe alguna evidencia indirecta adicional a favor de la resurrección.

“Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe”. Así escribía Pablo de Tarso hacia el año 55 a un grupo de cristianos de Corinto. Si Cristo realmente no ha resucitado, toda nuestra fe queda carente de sentido. No tenemos ninguna esperanza verdaderamente definitiva para aportar a ningún hombre. Solo la resurrección de Jesús fundamenta y da sentido a nuestra fe cristiana y a nuestra propia vida.

Si el Evangelio en definitiva es Jesús, lo que es y significa Jesús sólo se descubre a partir de su resurrección. Todo el cristianismo se puede resumir en estas tres palabras: Jesús ha resucitado.

Nos encontramos ante la cuestión más desconcertante que se haya planteado jamás al ser humano. Para quien no cree, la resurrección de Jesús es totalmente inadmisible. Para quien cree, es el final feliz de la historia, la confirmación de que la salvación del hombre no es una ilusión, sino una realidad, la victoria decisiva sobre todo mal y todo límite humano.

Sin más que decir, simplemente te invito a creer en la Victoria del JESÚS RESUCITADO. Dios te Bendiga.

 


sábado, 30 de enero de 2021

UNA PERSPECTIVA BÍBLICA SOBRE EL ABORTO

Recientemente en Argentina, los medios hacen eco de la reciente promulgación de una ley de aborto libre y asistido gratuitamente desde el 30 de diciembre del 2020. El hito, fue celebrado por las mismas que utilizan pañuelos lilas para manifestarse en contra de la violencia contra la mujer, pero que simultáneamente utiliza pañuelos verdes para celebrar la muerte de un inocente en el vientre a manos de su propia madre. ¡qué ironía!

 


Chile no ha sido la excepción y el suceso argentino sirvió de caldo de cultivo para parlamentarios y grupos adherentes a tan nefasta ideología.  El lobby de los grupos progresistas y las presiones de los partidos políticos que bajo la bandera del libertinaje durante los últimos días, han acelerado sus maquiavélicos planes, piden a espaldas de la gran mayoría de ciudadanos terminar con el aborto en tres causales, promulgada por el Congreso Nacional en el año 2017, y dar paso a una ley de aborto libre y gratuito, que pueda satisfacer “el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo”, debido a que es una “política de salud pública” y de “justicia social”.

 

En el ámbito valórico y particularmente lo relacionado con al aborto, la iglesia debiera y debe ser la excepción a la regla, No obstante, con mucha mayor frecuencia, encontramos personas al interior de las congregaciones, cuya línea de pensamiento ha sido permeada por el marxismo cultural y la nefasta idea de la justicia social, declarando abiertamente en algunos casos, su apoyo a la política del gobierno de turno en cuanto a temas valóricos, o en último caso, simplemente manifiestan indiferencia ante tales ideas. En este caso, tanto adherentes activos como observadores pasivos, son responsables delante de Dios y cualquiera de estos hechos es una verdadera tragedia de la cristiandad.

 

Ante tal peligro, es preciso que la iglesia no se conforme a la forma de vida y pensamiento del presente siglo malo, cuyo gobernador es el príncipe de las tinieblas quien ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz de Cristo; la iglesia por tanto, en contraposición al mundo como un sistema que opera bajo el poder del maligno, debe ser la sal de la tierra y la luz del mundo, con la finalidad de actuar como preservante de la corrupción y manifestando la luz de Cristo a quienes viven en las tinieblas, y conforme a esta realidad, necesitamos entender cómo debemos afrontar nuestra responsabilidad delante de Dios, delante del gobierno civil, cómo evitar la influencia del mundo posmoderno y los intentos de sabotear el plan de redención por parte de satanás, y por último, la vida humana como un acto amoroso de Dios.

 

EL PAPEL DEL GOBIERNO CONFORME A LA PERSPECTIVA BÍBLICA Y LA RESPUESTA DEL CREYENTE

El texto clave lo encontramos en Romanos 13: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” Claramente, el propósito divino para establecer el gobierno es la protección del justo y castigar al malvado. En el libro de Deuteronomio, Dios dispone que haya jueces para proteger al justo y castigar al perverso, con una condición adicional: los jueces no debían torcer el derecho porque era abominación a Jehová. “Jueces y oficiales pondrás en todas tus ciudades que Jehová tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos”. (Dt. 16.18,19)

En lo tocante a la aplicación de la justicia y el derecho, el profeta Habacuc se había quejado de la prevaricación continua de quienes debían hacer cumplir la ley y no lo hacían: “¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia. (Hab. 1.3-4)

Desde un punto de vista práctico, el papel del gobierno es garantizar la seguridad y la justicia para los que hacen bien. Pero, cuando pensamos en el no nacido ¿Dónde está la seguridad de aquellos inocentes que están en el vientre de su madre? De esta forma, vemos como los derechos fundamentales de las personas, los cuales se encuentran consagrados en la carta fundamental de la nación, señalan con absoluta claridad que se protege la vida del que está por nacer desde el momento de la concepción.

En este sentido, es totalmente inconsecuente que existan personas que a sí mismas se autoproclamen “cristianas” y voten a favor de candidatos que promueven las mismas cosas que Dios condena. Existe un peligro, pues desde la extrema izquierda hasta radicales de derecha, llamados libertarios, no tienen problema con legislar a favor del aborto. Como creyentes, no podemos votar a favor de quienes están a favor del aborto porque el rol del estado conforme al principio bíblico, es proteger al inocente (No nacidos) y castigar al culpable, y porque además, el asesinato es una afrenta al Creador, pues cada ser es creado a su imagen. 

EL ABORTO Y EL POSMODERNISMO, VERSUS LA VERDAD.

La relativización de los absolutos morales, produce la degeneración de una sociedad como en los días de Habacuc. C.S. Lewis planteó que el argumento moral es la base para explicar los estándares morales objetivos y universales. Por lo tanto, si Dios no existiera, no existirían los estándares morales objetivos; pero los estándares morales existen y por lo tanto Dios existe. Lógicamente, si no hay absolutos morales todo es permitido. Como todo es relativo y sin un estándar moral supremo, entonces los gobiernos en lugar de tener estándares de justicia definidos, hoy pueden pervertir el derecho a su antojo.

Los movimientos feministas y proaborto, siguen la línea de pensamiento del mundo posmoderno. Tienen una visión distorsionada de Dios, del matrimonio, del gobierno, de la familia y del mundo que les rodea. Pero, ¿cómo llegamos tan lejos para legalizar una práctica aberrante, sin misericordia y brutal? La respuesta es esta: Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. (Rom. 1.21-23) La sociedad de nuestros días ha excluido a Dios de sus gobiernos y de sus propósitos personales, colocando al hombre en el lugar preeminente que a Dios le corresponde, por una razón bien simple: el ciudadano común y corriente ha sido pervertido a través de líneas de pensamiento que fomentan el escepticismo, el racionalismo y el naturalismo, llegando a la conclusión de que Dios no existe.

Sin embargo, las leyes morales apuntan a un Legislador Supremo. Si Dios no existiera, no habría absolutos morales, por lo tanto, todo es permitido. El asesinato, las violaciones, los robos, las estafas y todo tipo de delitos serían permitidos, pero no es así. Dios ha escrito en cada persona su ley moral, de modo que la conciencia de cada hombre les acusa respecto al bien y al mal. (Rom. 2.15)

Dios nos ha dado su palabra, Jesús dice mi palabra es verdad. En medio de un mundo que alaba la tolerancia y la incertidumbre, el Evangelio nos otorga certidumbre plena de las cosas que Dios aprueba y rechaza. El posmodernismo no tiene verdades absolutas, en contraste con el Evangelio que es la única verdad. Debemos actuar en consecuencia con la verdad que hemos recibido.

 


EL ABORTO COMO UN INTENTO DE OPOSICIÓN A LOS PLANES REDENTORES

Después de la caída, Dios pronunció una promesa de bendición para la redención de la humanidad: la cabeza de la serpiente sería aplastada por la simiente de la mujer. El primero que creyó en la promesa de redención y trató de evitar su cumplimiento a toda costa fue el diablo. Es así como llegamos al primer homicidio registrado en la historia de la humanidad, Caín mató a su hermano Abel porque él era la simiente piadosa de la cual vendría el redentor. No obstante, como los planes de Dios no pueden ser frustrados, a Adán y Eva le nació otro hijo llamado Set, de cuyo linaje vino Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y los doce patriarcas, en particular Judá, David y Jesucristo como el cumplimiento de esa promesa.  

Al término del período de esclavitud en Egipto, Faraón viendo que los hebreos eran más numerosos y más fuertes que los egipcios, mandó a matar a todo varón que naciera de las mujeres hebreas diciendo: “Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva. Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida. (Ex. 1.15-16, 22). El espíritu de satanás estaba en Faraón, por lo tanto, el principio básicamente era el mismo: destruir el linaje de la simiente prometida.

En el capítulo 18 del libro de levítico, Dios entrega varios mandamientos respecto a los actos de inmoralidad y prácticas ilegales que están prohibidos, entre los que se incluyen el sacrificio de niños: “Y no des hijo tuyo para ofrecerlo por fuego a Moloc; no contamines así el nombre de tu Dios. Yo Jehová” (Lev. 18.21). La costumbre entre los pueblos paganos de Fenicia y Canaán era sacrificar niños en culto a Moloc, un dios amonita. Sin embargo, debido a la inmundicia ritual causada por el pecado, la tierra se había corrompido. La advertencia era extrema para la nación de Israel, en el sentido que no debían contaminarse con ellos, pues era una grave amenaza. Siglos más tarde, la amenaza que el pueblo incurriera en este tipo de sacrilegios se hizo una realidad, por cuya causa, las maldiciones del pacto vinieron sobre Israel y Juda, siendo ambos reinos llevados cautivos bajo el dominio de naciones paganas. No obstante, Dios preservó al remanente de Judá, quienes pudieron volver a su tierra después del exilio en Babilonia, para cumplir la promesa de redención mediante la simiente de la mujer, es a saber Cristo.

Ya bajo el dominio del imperio romano, cuando Herodes supo que el Rey de los Judíos iba a nacer en Belén, su corazón se llenó de envidia y odio. El relato de Mateo nos dice lo siguiente: “Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron”. (Mt. 2-16-17) El intento de destrucción de la simiente prometida una vez más quedó desarticulado, pues los planes de Dios no pueden ser resistidos y Cristo, la simiente escogida y piadosa de la mujer, llevó a cabo el plan de redención de sus escogidos, el cual fue concertado desde la eternidad entre los miembros de la Trinidad.

El aborto no difiere en nada a los sacrificios de infantes bajo las ordenes de Faraón o Herodes. El culto a la autopromoción, al libertinaje han reemplazado a Moloc y a Baal, la única diferencia que hoy los niños no se matan en el fuego, son asesinados en el vientre materno. Dios en su gracia redime a los niños asesinados y el aborto no es el medio para impedirlo: “Pero tú eres el que me sacó del vientre; El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.  Sobre ti fui echado desde antes de nacer; Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. (Sal. 22:9-10). A diferencia de satanás que odia a los niños, Jesús dice: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”. (Mt. 19.14)

 

DIOS ES EL AUTOR DE LA VIDA Y SANTIFICA LA VIDA DEL QUE ESTÁ POR NACER.

Para los pueblos paganos, sacrificar a sus hijos era una costumbre que Dios aborrecía. Es por eso que el ciudadano israelí rechazó el asesinato de criaturas inocentes por dos razones:

1.     Cada vida era creada por Dios a imagen y semejanza de Dios (Nephesh). Era la violación del primer mandamiento. El asesinato era un golpe contra Dios y su misma creación. Cada persona es hecha a imagen y semejanza de dios (Gen. 1:26; stgo. 3:9)

2.     La segunda razón, era porque violaba el segundo principio del resumen de la Ley “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. El 1er. mandamiento respecto a los deberes sociales fue “No matarás”.

Las escrituras nos señalan que Dios es el autor de la vida y bajo este precepto la iglesia evangélica cristiana ortodoxa, tiene convicciones no negociables respecto al aborto, debido a que es una afrenta contra el Creador supremo. Dios honra y santifica la vida del que está por nacer desde el momento de la concepción y nos enseña lo siguiente:  

1.     La concepción es un acto de Dios. Dios crea personalmente cada vida. En el Sal. 127:3, las escrituras señalan que “herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre”; Es Dios quien permite la concepción: “Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer” (Gen. 25:21); y Dios es quien da la vida a todos: “pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; (Hech. 17:24-25).

 

2.     En el lado negativo, Dios es quien no permite el nacimiento. En el texto de Gen. 20:18 vemos cómo “Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham”; este mismo principio se observa en 1° Samuel 1.5: Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos”.  

 

3.     Cada creación es objeto del cuidado amoroso de Dios, ellos crecen en el vientre materno. En el libro de los salmos leemos: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.  No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas” (Sal. 139.13-16).

 

4.     La vida, muerte y resurrección de Cristo nos enseña que Dios santifica la vida humana desde el momento de la concepción. Dios podría haber pasado por alto esos aspectos insignificantes de la vida humana y haber eximido a su hijo de esos aspectos triviales de la vida, pero no lo hizo. Dios envió a su Hijo a nacer de una mujer y tomar forma humana, para morir posteriormente como sustituto representativo de sus escogidos y vindicar su nombre a través de una poderosa resurrección para enseñarnos que Dios mismo dignifica la vida humana. Dios nos enseña que la vida humana tiene una gloria asociada a ella porque es imagen de Dios: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales”. (1 Cor. 15.40) Esto, además nos enseña que cuando se lleve a efecto la resurrección de los muertos, la carne será restaurada a su posición de dignidad con la que Dios la creó: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. (1 Cor. 15.42-43)

 

5.     Dios condena a los asesinos: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre” (Gen 9:6); Dios no tiene parte con la iniquidad y aborrece a los que las practican: “Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal (Prov. 6.16-18),