martes, 7 de abril de 2020

La justificación por la fe: la acrópolis de la fe cristiana.


La justificación por la fe: la acrópolis de la fe cristiana.

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. (Rom. 3:23-26)

Con el fin de dirigir su atención a las grandes palabras que se encuentran en el capítulo 3, versículo 25 y 26, de la epístola de Pablo a los Romanos, quiero recordarle nuevamente que, en muchos sentidos, no hay versículos más importantes en todo el alcance y esfera de las Escrituras, que estos dos versículos. En ellos tenemos la afirmación clásica de la gran doctrina central de la Expiación, los consideraremos muy cuidadosa y detalladamente. Algunos han descrito esto como “La acrópolis de la fe cristiana”.

La historia de la iglesia muestra muy claramente, que estos versículos han sido el medio que Dios El Espíritu Santo ha usado para traer muchas almas de las tinieblas a la luz, y para dar a muchos pobres pecadores, el primer conocimiento salvador y su primera certidumbre de salvación.

Déjeme recordarle otra vez lo que el pasaje dice. Es la continuación de lo que el apóstol ha estado diciendo en el versículo 24. Es la gran buena nueva de que ahora es posible para nosotros, ser “justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús”. En otras palabras, ahora hay un camino de salvación aparte de la ley, el cual no depende de nuestra observancia a la misma. Este es el camino gratuito que es en Cristo.

Dios nos ha rescatado en Cristo, y estos versículos 25 y 26 explican cómo este rescate ha tenido lugar. Pero, ¿Por qué tuvo que pasar algo como esto? ¿Cómo ocurrió algo así? En este capítulo, el apóstol ya ha considerado dos de las grandes palabras que explican esto. Ellas son las palabras “propiciación” y “sangre”. Ya nos ha dicho que la redención adquirida en esta manera, viene a nosotros a través de la instrumentalidad de la fe.

Pero el apóstol no se detiene en esto, él dice algo más. Veamos nuevamente la afirmación: “Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:25-26). ¿Por qué el apóstol continuó hasta decir todo esto? ¿Por qué no lo dejó en su primera afirmación? ¿Cuál es el significado de esta afirmación adicional?

Aquí está, obviamente, algo que es de vital interés para nosotros, nos lo dice de una vez; que la muerte del Señor Jesucristo en el calvario no fue un accidente, sino que fue la obra de Dios. Fue Dios quien “propuso a Cristo” allí. Cuán a menudo la gloria completa de la cruz es perdida cuando los hombres la sentimentalizan de alguna manera y dicen: “Oh, Él fue tan bueno con el mundo, Él era tan puro. Sus enseñanzas fueron tan maravillosas; y los crueles hombres le crucificaron”. Si nuestra opinión de la cruz de Cristo es tal que nos hace sentir lástima por Él, esto significa que nunca la hemos visto verdaderamente.

Es Dios quien le “ha propuesto”. No fue un accidente, sino algo deliberado. De hecho, el apóstol Pedro predicando en el día de Pentecostés, dijo que todo había pasado por el “determinado consejo y providencia de Dios” (Hech. 2:23). Dios le “ha propuesto”.

Este término también enfatiza el carácter público de la acción. Es un gran acto público de Dios. Dios ha hecho aquí algo en público, en la escena de la historia del mundo, con la finalidad de que esto pudiera ser visto, que pudiera mirarse y ser recordado de una vez y para siempre. Esta fue la acción más pública que jamás hubiera tenido lugar. De este modo Dios ha propuesto a Jesucristo públicamente, como una propiciación por la fe en su sangre.

En otras palabras, lo que esto significa es, que se ha manifestado el camino de Dios para hacer justos a los hombres, el camino de Dios para dar a los hombres justicia.

Pero en el versículo 25 no significa esto. En este versículo dice que Dios ha hecho algo a través de lo cual, Él manifiesta su justicia; no la justicia que Él nos da a nosotros, sino más bien la justicia como uno de sus atributos gloriosos. Esto significa la equidad de Dios, significa la rectitud judicial de Dios, significa la esencia moral, santa, justa y recta del carácter de Dios. Él dice nuevamente en el siguiente versículo (vers.26): “... para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe (al que cree) de Jesús”. Es decir, en la cruz Dios está declarando su propia rectitud, su propio carácter justo, su propia esencial e inherente rectitud y justicia.

La siguiente frase es “atento a haber pasado por alto”. Dios está declarando su justicia “con respecto a”, “a cuenta de” la remisión de los pecados pasados.

Vea la palabra “remisión” en su Versión Autorizada y encontrará que esta palabra es usada varias veces; pero si usted se toma la molestia de buscar la palabra usada en el griego, usted hará un muy interesante descubrimiento acerca de la palabra que el apóstol usó aquí (la cual es traducida como “remisión” en la versión en inglés), descubrirá que este es el único lugar donde fue usada en todo el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo no la usó en ningún otro lugar y nadie más la usó del todo. Hay otra palabra que es traducida también como “remisión”, y en sus varias formas, usted puede encontrarla 17 veces en el Nuevo Testamento; pero esta palabra la cual tenemos aquí en el vers. 25, es usada solamente una vez y en realidad no significa “remisión”, sino que significa “pretermisión”.

Esta es una palabra importante y debemos examinarla. ¿Qué significa “pretermisión”? ¿Qué significa “pretermitir pecados” en distinción de “remitir pecados”? Esta es una palabra que fue usada en la Ley Romana. Cuando uno la encuentra en la Ley Romana, generalmente es usada en este sentido: Se refiere a una persona que ha hecho un testamento y ha dejado a alguien fuera de su testamento.

Esto significa, si usted quiere, “pasar por alto”. Aquel hombre dio algo a todos sus parientes y amigos, pero pasó por alto a uno, esto es pretermitir. Esta es la palabra que es usada aquí en el vers. 25, “pasar por alto”, “excusar”, “no hacer caso de”, “permitir que pase sin notarlo”, “ignorar intencionalmente”. Estos son los significados que fueron dados a esta importante palabra la cual el apóstol deliberadamente escogió en este versículo.

La siguiente frase que veremos es “los pecados pasados”. “Atento a haber pasado por alto los pecados pasados”. Tomando la Versión autorizada usted podría llegar a la conclusión que el apóstol está diciendo, que Dios pasa por alto los pecados “pasados”, los pecados pasados de cualquiera; por ejemplo: mis pecados pasados, sus pecados pasados, “los pecados pasados” en general.

Pero esto no es lo que el apóstol estaba diciendo, esto no es lo que él quería decir. Una mejor traducción aquí podría ser: “pecados que fueron cometidos antiguamente”. Él se está refiriendo a un tiempo muy definido. Este es el tiempo que él contrasta en el siguiente versículo, con “en este tiempo” (vers. 26). Hubo aquel tiempo, luego este tiempo. Él dice: ‘Dios ha propuesto a Cristo, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente, con la mira de manifestar su justicia en este tiempo...’

 
¿Qué es lo que él está viendo atrás? Él está viendo atrás hacia la Antigua Dispensación. Él está diciendo que Dios pasó por alto pecados bajo la antigua dispensación, bajo el pacto antiguo, en los tiempos del Antiguo Testamento. Su punto es que Dios ha hecho esto, y ahora ha propuesto a Cristo para hacer algo, acerca de lo que El hizo en aquel entonces.

Esto nos trae a la última palabra que tenemos que considerar, la cual es la palabra “paciencia” o “indulgencia”. ¿Qué es la paciencia o indulgencia? Paciencia significa ‘autorefrenamiento’ (autocontrol), significa ‘discrepancia permitida’, ‘tolerancia’. ¿Qué es lo que exactamente está diciendo aquí el apóstol? Dice: “A quien Dios ha propuesto, en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su autorefrenamiento o paciencia, los pecados que fueron cometidos antiguamente...”

 ¿Qué quiere decir esto? Lo que Pablo está diciéndonos es que este acto público que Dios decretó y consumó en el calvario, tiene relación también con las acciones de Dios bajo la dispensación del Antiguo Testamento, cuando Dios intencionalmente no hizo caso, cuando Dios pasó por alto, por su autorefrenamiento y paciencia, los pecados de su pueblo de aquel tiempo.

Pero, ¿Qué es lo que todo esto significa? Podemos responder en una manera muy interesante a esta pregunta, viendo la misma clase de afirmación en otros lugares en el Nuevo Testamento.

¿Recuerda usted cómo habló el apóstol Pablo a la congregación de los estoicos, los epicúreos y otros en Atenas? El informe nos es dado en el capítulo 17 del libro de Los Hechos de los Apóstoles, comenzando particularmente en el versículo 30. El apóstol elaborando su argumento dice: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan” (Hech. 17:30).

Lo que el apóstol está diciendo es que, bajo el antiguo pacto, bajo la antigua dispensación, no hubo provisión para tratar con los pecados en un sentido radical. Eran simplemente medios pasajeros, como lo fueron, que duraron hasta el tiempo señalado. Estos antiguos sacrificios y ofrendas daban cierta clase de purificación de la carne, proporcionaban una purificación ceremonial, hacían apta a la persona para acudir a Dios en oración. Pero no había sacrificio bajo el Antiguo Testamento que tratara realmente con el pecado. Todo lo que estos sacrificios hacían era señalar hacía adelante, al sacrificio que había de venir, el cual realmente trataría con el pecado, limpiando las conciencias de las obras muertas y reconciliando verdaderamente al hombre con Dios.

Esto nos deja con un problema. Dios siempre se ha revelado a sí mismo como un Dios que aborrece el pecado. Él ha anunciado que castigaría el pecado, y que el castigo del pecado era la muerte. Él ha anunciado que el derramaría su ira sobre el pecado y sobre los pecadores. Y, sin embargo, aquí estaba Dios por siglos, aparentemente, y de toda apariencia, yendo atrás acerca de Sus propias afirmaciones y de acerca de Su propia Palabra. El parecía no estar castigando el pecado. Él estaba pasándolo por alto del todo. ¿Acaso Dios ha cesado de estar preocupado por estas cosas? ¿Acaso Dios ha venido a ser indiferente hacia el mal moral? ¿Cómo puede Dios pasar por alto el pecado de esta manera? Este fue el problema. Y fue un verdadero problema. Es claro que la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra no podían realmente perdonar el pecado. Y, sin embargo, Dios pasaba por alto estos pecados. ¿Cómo podía El hacer esto?

¿Qué es lo que justifica esta “paciencia de Dios”?

Ahora, dice el apóstol, Dios nos ha realmente explicado lo que El hizo en público delante del mundo entero, en la escena y teatro del mundo entero, con Cristo en el calvario. Él retuvo su ira a través de siglos y no la reveló completamente entonces; pero ahora, Él la ha revelado completamente. Él lo ha declarado ahora. Pablo dice, “con la mira de manifestar” (Rom. 3:26), y repetiré que, ésta era una de las cosas que estaban ocurriendo en la cruz.

En la cruz, en el monte calvario, Dios estaba dando una explicación pública de lo que Él había estado haciendo a través de los siglos. Y a través de ello, al mismo tiempo, Él estaba vindicando su propio eternal carácter de justicia y santidad.

¿Cómo hizo Dios exactamente esto? ¿Cómo ha hecho Dios esto en el calvario? ¿Cómo ha vindicado El su carácter? ¿Cómo ha dado Dios una explicación de su “haber pasado por alto” los pecados en el tiempo antiguo, de su autorefrenamiento y tolerancia? Hay una sola manera en la cual Él podría hacer esto. Dios ha afirmado que aborrece el pecado, que El castigará el pecado, que el derramará su ira sobre el pecado, y sobre todos aquellos culpables de pecado. Por lo tanto, a menos que Dios pueda probar que ha hecho esto, entonces Él no es justo. Y lo que el apóstol está diciendo es que, precisamente en el calvario Dios ha hecho esto. Él ha mostrado que aún aborrece el pecado, que Él lo va a castigar, que Él debe castigarlo, que El derramará su ira sobre El. ¿Cómo mostró esto en el calvario? Lo que Dios hizo en el calvario fue derramar sobre su unigénito y amado Hijo, su ira contra el pecado. La ira de Dios que debería haber venido sobre usted y sobre mí debido a que nuestros pecados eran sobre El.

Dios tenía que vindicar lo que Él había estado haciendo en el pasado bajo el antiguo pacto. Pero Él tenía algo más que hacer, nos dice en el versículo 26: “Con la mira de manifestar su justicia en ESTE TIEMPO”. Él ya nos ha explicado cómo es que Dios pudo pasar por alto todos esos pecados en el pasado. Pero, ¿Cómo trata con el pecado ahora? ¿Cómo tratará con los pecados en el futuro? La respuesta está también allí en la cruz del monte calvario. La enseñanza en otras palabras es esta: La cruz en el calvario, la muerte del Señor Jesucristo, tal como el apóstol Juan señala en su Primera Epístola (1Jn.2:2), “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.

Esta es la cuestión, y la respuesta es que la cruz es la vindicación de Dios. La cruz es la vindicación del carácter de Dios. La cruz no solamente nos muestra el amor de Dios más gloriosamente que ninguna otra cosa, también nos muestra su rectitud, su justicia, su santidad, y toda la gloria de sus eternos atributos. Todos ellos pueden verse brillando juntos allí en la cruz. Si usted no los ve allí a todos ellos, usted no ha visto la cruz. Este es el “por qué” debemos rechazar totalmente la así llamada “teoría de la influencia moral” de la expiación.

 Todos estos atributos están y deben ser vistos brillando como diamantes en su carácter eternal, y todos deben ser mostrados. En la cruz todos ellos son manifestados.

 ¿Cómo puede Dios ser justo y justificar al impío? La respuesta es que Él puede, debido a que en la cruz ha castigado los pecados de los pecadores impíos en su propio Hijo. Él ha derramado Su ira sobre El, “...el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa.53:5). Dios ha hecho lo que dijo que El haría; Él ha castigado el pecado. El proclamó esto por todas partes a través de todo el Antiguo Testamento, y Él ha hecho lo que dijo que El haría. Él ha mostrado que Él es justo y recto. Él ha hecho en la cruz una declaración pública de esto. Él es justo y puede justificar, debido a que, habiendo castigado a otro en nuestro lugar, Él puede perdonarnos gratuitamente. Y Él lo hace así.

Este es el mensaje del versículo 24: “Siendo justificados (considerados, declarados, pronunciados ‘justos’) gratuitamente por su gracia, por la redención (el rescate) que es en Cristo Jesús; al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre” (Rom. 3:24-25). De este modo el declara su justicia por haber pasado por alto estos pecados en su tiempo de autorefrenamiento. “Con la mira de manifestar” su justicia entonces, y ahora, y siempre al perdonar pecados. De esta manera Él es, el único y al mismo tiempo, el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

Tal es la grande, gloriosa y maravillosa afirmación. Asegúrese de que éste sea su punto de vista, y de que su entendimiento de la cruz, incluya la totalidad de ella. Examine su punto de vista acerca de la cruz. Donde está la afirmación acerca de “manifestar su justicia” y siga adelante, póngalo en su pensamiento: ¿Es esto algo que usted simplemente se salta y dice: ‘Bien, no sé qué es lo que esto quiere decir; todo lo que yo sé es que Dios es amor y que El perdona’? Pero, usted debería saber el significado de esto, porque esta es una parte esencial del glorioso Evangelio.
 
(D. Martyn Lloyd Jones)