lunes, 27 de mayo de 2019

CUALIDADES MORALES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES (PARTE 1)


Pablo al escribir la 1ra. Carta a Timoteo, hace referencia a una serie de requisitos que deben tener quienes ejerzan el liderazgo de la iglesia local, características que tienen que ver con el carácter de un líder, con su ética, moral, su testimonio público y la forma cómo gobierna su vida privada.

 Es necesario que el Obispo (Pastor, anciano, diácono) sea Irreprensible (3:2)

Estas listas y muchas otras como ellas presentan características que debe tener toda persona que dirija la iglesia. Pero pastorear al pueblo de Dios requiere mucho más, ya que el asunto no es solo el liderazgo, sino el ejemplo moral y espiritual. Resumiendo, Pablo exige que el obispo en la iglesia de Jesucristo sea irreprensible, un requisito indispensable. Una vida irreprensible es el requisito fundamental para el liderazgo en la iglesia.

Pocos han enunciado esta verdad más elocuentemente que el piadoso Richard Baxter, un pastor del movimiento puritano de la Inglaterra del siglo XVII:

“Tenga cuidado de usted mismo, para que su ejemplo no contradiga su doctrina, y para que no sea como piedra de tropiezo delante de los ciegos, y pueda ser esa una ocasión para su ruina; para que no diga algo con su vida diferente de lo que dice con su lengua; y sea el mayor estorbo para su propia obra. Una palabra orgullosa, poco amable, autoritaria, una disputa innecesaria, una acción codiciosa, puede cortar la garganta de algún sermón, y hacer que se pierda el fruto de todo lo que ha estado haciendo. Tenga cuidado de usted mismo, para que no viva en esos pecados contra los que predica en otros, y para que no sea culpable de aquellos que a diario condena. ¿Hará usted de su trabajo engrandecer a Dios, y cuando ha terminado, deshonrarlo tanto como los demás? ¿Proclamará el poder de Cristo para gobernar, y a pesar de eso lo menospreciará y se rebelará? ¿Predicará sus leyes y las violará deliberadamente? Si el pecado es malo, ¿por qué vive en él? Si no lo es, ¿por qué disuade a las personas para que lo abandonen? Si es peligroso, ¿cómo se atreve a aventurarse en él? Si no lo es, ¿por qué les dice a los hombres que sí? Si las amenazas de Dios son verdaderas, ¿por qué no las teme? Si son falsas, ¿por qué aflige innecesariamente a los hombres con ellas, y los asusta sin razón? ¿Conocen ‘el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte;’ y a pesar de eso las hará? ‘Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que dices que no se ha de adulterar’, ser borracho o codicioso, ¿haces tales cosas tú mismo? ‘Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?’ ¡Qué! ¿La misma lengua que habla contra el mal hablará cosas malas? ¿Censurarán, y calumniarán, y difamarán a su vecino estos labios que se lamentan ante estas y otras cosas por el estilo que hacen otros? Tenga cuidado de usted mismo, para que no sea que se lamente por el pecado, y sin embargo, no lo pueda vencer; para que, aunque usted busque que otros lo aparten de su vida, usted se incline ante él y llegue a ser su esclavo: ‘Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció’; ‘si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia’. ¡Oh hermanos! Es más fácil reprender el pecado que vencerlo. (The Reformed Pastor [El pastor reformado] [Edimburgo: Banner of Truth, 1979], 63, 67-68)

Anepilēmptos (irreprensible) significa “que no se puede sujetar”. El hombre irreprensible no puede ser arrestado o sujeto como si fuera un delincuente; no hay nada de qué acusarlo. En Tito 1:6, se habla también de ser irreprensible, pero se emplea un vocablo diferente (anengklētos). El participio presente einai (sea) indica que está en un estado presente de ser irreprensible. Es obvio que esto no quiere decir que no haya cometido pecados en su vida. Lo que quiere decir es que su vida no ha sido arruinada por algunos vicios evidentes y pecaminosos que lo excluirían de ser la norma más elevada de una conducta piadosa. Debe ser un modelo a seguir por la congregación (cp. Fil. 3:17; 2 Ts. 3:9; He. 13:7; 1 P. 5:3). Tampoco debe darles a los enemigos de la iglesia razón alguna para que ataquen su testimonio.

Los pastores deben ser cuidadosos de permanecer irreprensibles por varias razones. En primer lugar, son el blanco especial de Satanás, y él los atacará con tentaciones más severas que a otros. Los que están en la línea delantera de la batalla espiritual, sufrirán el embate principal de la oposición satánica. En segundo lugar, su caída tiene mayor potencialidad para hacer daño. Satanás sabe que cuando un pastor cae, el efecto en las ovejas es devastador. En tercer lugar, el mayor conocimiento de la verdad de los líderes, y la responsabilidad de vivirla, traen un castigo mayor cuando pecan. En cuarto lugar, hay más hipocresía en los pecados de los ancianos que en los de los demás, porque predican contra los mismos pecados que cometen. Los líderes necesitan de la gracia y del poder de Dios en forma abundante, debido a su mayor responsabilidad y notoriedad.

Para protegerse a sí mismos, los líderes deben dedicar tiempo a un estudio profundo de la Palabra de Dios. Deben estar “[nutridos] con las palabras de fe [las Escrituras] y de la buena doctrina” (1 Ti. 4:6). El salmista escribió: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Un líder debe exponer continuamente su vida ante la luz de la Palabra de Dios. Debe también ser un hombre de oración, y ser responsable ante otros en confraternidad espiritual. La iglesia tiene un llamamiento a estar comprometida con la conservación del liderazgo que es piadoso. La iglesia es responsable de medir a los hombres por la norma de irreprensible. La práctica común de todos hoy es perdonar al líder que peca y de inmediato restaurarlo a su ministerio. La iglesia, no debe vacilar en perdonar a los que se arrepienten sinceramente. Sin embargo, restaurarlo de inmediato al ministerio baja la norma que Dios espera que sigan los líderes. Y como los líderes sirven de norma de santidad y virtud para la congregación, baja la norma de toda la iglesia.

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