sábado, 5 de enero de 2019

Aguardando la esperanza gloriosa: el regreso de Cristo


Para nadie es un misterio que los diversos acontecimientos a nivel local y mundial, hacen presagiar que en un futuro próximo, las condiciones de vida de la humanidad será afectada drásticamente por el aumento de las temperaturas a nivel mundial, la reducción de las reservas de agua y el derretimiento de glaciares y de los hielos antárticos, entre otros. A estos factores, podemos agregar el declive de la moralidad en la sociedad occidental, la constante corrupción de los gobiernos, aumento de la anarquía y violencia en la sociedad civil, aparición de pandemias a nivel mundial, ocurrencia de desastres naturales cada vez más frecuentes, además de guerras y rumores de guerras.


Por otra parte, la proliferación de religiones falsas y el aumento de la apostasía a niveles alarmantes, nos debe hacer reflexionar en lo que dijo nuestro Señor Jesucristo: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lc. 21:28).


Probablemente, estemos tentados a interpretar la biblia en la medida que estos acontecimientos ocurren. Sin embargo, debe ser lo contrario. Los acontecimientos que hemos descrito y muchos otros más, deben ser interpretados a la luz de las escrituras.  La razón por la cual sabemos que los eventos relacionados con la segunda venida de Cristo, están a la vuelta de la esquina, no es simplemente porque estas cosas están sucediendo,  sino porque el mismo Señor Jesús las anunció y prometió regresar.


A continuación, queremos compartir tres motivos poderosos para estudiar y esperar con diligencia, los eventos relacionados con este glorioso acontecimiento:


1.     Produce santificación:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.  Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” (2 Ped. 3:10-11)


“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro (1 Jn. 3:2-3)


2.     Produce esperanza:

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Tim. 4:8)


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Ap. 21:4)


“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. (1 Tes. 4:17)


3.     Mantiene el estado de alerta entre los creyentes:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Mt. 24:42-44)


“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;  mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: !!Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !!Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.” (Mt. 25:1-13)