martes, 27 de agosto de 2019

BENDICIÓN O MALDICIÓN


O todo o nada. No hay concesiones ni medias tintas. Mucha gente trata de vivir conforme a los Diez Mandamientos o cumpliendo la ley divina o el Sermón del Monte, porque piensan que pueden lograr que Dios les acepte. No se dan cuenta de que las normas de Dios son absolutas.

Quien piensa vivir conforme a cualquier ley, está bajo la obligación de cumplirla en su totalidad. Al faltar en un solo punto, pasa de ser una persona obediente a transgresor. Este es el argumento que Pablo quiere dejar claro en el pensamiento de los legalistas religiosos. Es imposible cumplir cabalmente con todas las normas porque todos fallamos en algún punto. Al hacerlo, pasamos a pertenecer al sindicato de pecadores culpables.

PRUEBA DE LA BENDICION DE ABRAHAM 3:6–9

Pablo basa su premisa en el Antiguo Testamento. Los judaizantes afirmaban que esos libros sagrados apoyaban su punto de vista y ponían sus esperanzas en Abraham, llamándose “hijos de Abraham”. Pero el apóstol demuestra que el origen de su punto de vista procede de la misma fuente de autoridad que ellos decían aceptar. Les enseña que aun el patriarca fue justificado por la fe. Conforme a ese principio, les recuerda que el Señor había revelado que los gentiles serían bendecidos en Abraham por la misma fe, no por obediencia a la ley.

¿Cómo recibió Abraham la bendición prometida? Pablo demuestra que fue declarado justo por causa de su fe (v. 6). A continuación explica la relación entre la fe de Abraham y la posición de ellos como gentiles (vv. 7–14). Los verdaderos hijos de Abraham son quienes se identifican con su fe (vv. 7–9). No todos los hijos físicos del patriarca son sus verdaderos hijos, sino los de la fe (v. 7).

Este principio de herencia basada en la fe se extiende a los gentiles también. Aunque la gente los consideraba “paganos”, a ellos también se les ofreció la promesa de bendición a través de Abraham (v. 8) porque el pacto que Dios hizo con él incluía bendición para todas las naciones. Por lo tanto, todos los que creen pueden recibirla, ya sean gentiles o judíos, porque la bendición de Dios se recibe por la fe, no por la ley (v. 9).

Sin importar que fueran judíos o gentiles, aquellos que quisieran identificarse con Abraham, tenían que seguir su camino (v. 7). Parte de la lógica que respalda esta conclusión se encuentra en el sentido que los hebreos daban a la expresión “hijos de”, misma que se utilizaba para señalar la característica distintiva de alguna persona o grupo. Los “hijos de desobediencia” están caracterizados por la rebelión. Los “hijos de ira”, recibirán el enojo de Dios y serán juzgados por él. Así, los hijos de Abraham son quienes se parecen a su padre.
 
Por lo tanto, los de la fe también son “hijos de Abraham”. Quienes no se parecen a él no pueden ser sus hijos, aunque puedan trazar su descendencia física hasta él. ¿Cuál es la característica distintiva que Pablo señala en cuanto a Abraham (v. 9)? Dice que los que creen, son sus hijos; quienes no creen, no lo son

lunes, 15 de julio de 2019

CUALIDADES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES: APTO PARA ENSEÑAR

A lo largo de la historia de la iglesia, la mayoría de los grandes teólogos han sido pastores. Por ejemplo, además de su trabajo de reformar la iglesia, los reformadores tenían responsabilidades pastorales habituales. Los líderes del movimiento puritano inglés del siglo XVII, hombres como John Owen, Richard Baxter, Thomas Goodwin, y Thomas Brooks, fueron pastores. Como pastores, ellos fueron sobre todo estudiantes de la Biblia, no simplemente comunicadores, administradores o consejeros. Su conocimiento e interpretación de la Biblia estuvo caracterizada por la precisión. Ellos trabajaron duro enseñando y predicando.

 

Al observar estas líneas, la conclusión es simple: quienes enseñan deben ser estudiantes diligentes de las escrituras. Es una pena decirlo, y a la vez, debemos reconocer que es una realidad innegable: hay muchos pastores que tienen un conocimiento básico de las escrituras y dedican muy poco tiempo para estudiar la Biblia. Para poder pensar y hablar bíblicamente, un pastor debe dedicar buena parte de su tiempo escudriñando los tesoros de las escrituras, que, dicho sea de paso, es una fuente inagotable de riqueza y sabiduría.

 

“Apto para enseñar” indica la suficiente competencia en el conocimiento de la Palabra de Dios, así como la aptitud para comunicar a otros las verdades fundamentales del cristianismo. Esto requiere, por supuesto, haber sido enseñado de forma conveniente.

Es a este profundo estudio de la Biblia al que Pablo llamó a Timoteo. Es esencial la continua experiencia de ser nutrido con las verdades de la Palabra de Dios. Un ministro excelente debe leer la Palabra, estudiarla, meditar en ella y dominar su contenido. Solo entonces puede estar ante Dios “aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15).

 

En 1 Tim. 4:6, Pablo dice a Timoteo: "Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido",  refleja el conjunto de la verdad cristiana que se presenta en las Escrituras. Si la Palabra es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17), un ministro debe conocerla. No hay premio alguno para la ignorancia bíblica. El asunto no es cuán buen comunicador es un hombre, o cuán bien conoce la cultura y los asuntos contemporáneos, ni siquiera cuán bien conoce los problemas particulares de su rebaño. El asunto es cuán bien conoce la Palabra de Dios, ya que la revelación de Dios evalúa perfectamente todas las cosas en todo tiempo y toda la vida, y las orienta hacia la voluntad divina. Es a través del conocimiento de la Palabra que el pastor cumple con su llamamiento para dirigir a sus ovejas mediante el crecimiento espiritual a la semejanza a Cristo (1 Ped. 2:2); la buena doctrina es esa enseñanza que está firmemente arraigada y da fruto desde una correcta interpretación de la Biblia, no desde sistemas humanos, de especulaciones teológicas o filosóficas. La teología exegética debe ser el fundamento de la teología bíblica y sistemática. Un ministro excelente debe tener conocimiento de la verdad bíblica, tanto en su profundidad como en su amplitud.

 

La iglesia debe saber y establecer claramente la diferencia entre la verdad y el error y conforme a eso, edificar al pueblo mediante la Palabra de Dios. El Señor tiene a los pastores como responsables de advertir al pueblo acerca del peligro espiritual y el error doctrinal. Si los líderes espirituales fallan en hacer lo que está ordenado, tendrán que responder ante Dios. Pablo escribe a Timoteo: “esto te escribo, para que si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

domingo, 30 de junio de 2019

CUALIDADES MORALES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES (PARTE 2)


Las cualidades más importantes que pueden mostrar los líderes no son inteligencia, una personalidad vigorosa, elocuencia, diligencia, visión, habilidades administrativas, decisión, valor, humor, discreción u otro atributo natural similar. Todos estos tienen su parte, pero la característica más deseable para cualquier líder es la integridad.

 

Aunque la integridad es algo más atractivo en el liderazgo secular, su ausencia es fatal para el liderazgo espiritual. Subrayando esto, John Stott escribe:

 

La comunicación es por símbolos, igual que el hablar. Porque “un hombre no puede solo predicar, debe también vivir. Y la vida que vive, con todas sus pequeñas peculiaridades, es una de dos cosas: o mutila su predicación o le da carne y sangre”. Este era el caso con el hombre que Spurgeon describe como un buen predicador pero un mal cristiano: él “predicaba tan bien y vivía tan mal, que cuando estaba en el púlpito, todos decían que nunca debía salir más, y cuando salía de él, todos ellos declaraban que nunca más debía volver a él”.

 

Todo liderazgo procura alcanzar una meta: “La influencia”. Los líderes tratan de influir en las personas a fin de alcanzar sus objetivos. La influencia es resultado directo de la enseñanza y del ejemplo. Lo que un hombre es influirá en sus seguidores, para que se comprometan totalmente con lo que dice. La enseñanza coloca los clavos en la mente, pero el ejemplo es el martillo que los clava con profundidad. No es de sorprender que las Escrituras tengan mucho que decir del poder del ejemplo para influir en la conducta, tanto para bien como para mal. En Levítico 18:3 Dios advirtió a Israel que no siguieran el ejemplo de sus vecinos paganos: “No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos”. Deuteronomio 18:9 repite la advertencia: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones”. Proverbios 22:24-25 advierte: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma”. El poder de un mal gobernante para influir en sus subordinados se ve en Proverbios 29:12: “Si un gobernante atiende la palabra mentirosa, todos sus servidores serán impíos”. Oseas repitió esa advertencia: “Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras” (Os. 4:9). Nuestro Señor presentó esta acusación de los escribas y los fariseos en Mateo 23:1-3: Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

 

También la También la Biblia nos exhorta a que sigamos los ejemplos piadosos. Pablo elogió a los tesalonicenses por llegar a ser “imitadores de nosotros y del Señor” (1 Ts. 1:6). A los filipenses les escribió: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced” (Fil. 4:9). Exhortó a Timoteo (1 Ti. 4:12) y a Tito (Tit. 2:7) a que fueran buenos ejemplos que siguiera su pueblo. Hebreos 13:7 nos exhorta a que sigamos el ejemplo de los guías espirituales, mientras que Santiago 5:10 nos señala el ejemplo de los profetas. Pedro exhorta a los ancianos a que sean ejemplos para su rebaño (1 P. 5:3).

 

Pablo le escribió a Timoteo: “ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”. (1 Tim. 4:12) La palabra griega que se traduce como “ejemplo” es tupos, que significa patrón, modelo o imagen, de la misma forma en la que una modista coloca un patrón sobre la pieza de tela y la corta, de manera que sea igual al patrón. Es un ejemplo que otros pueden imitar.

lunes, 27 de mayo de 2019

CUALIDADES MORALES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES (PARTE 1)


Pablo al escribir la 1ra. Carta a Timoteo, hace referencia a una serie de requisitos que deben tener quienes ejerzan el liderazgo de la iglesia local, características que tienen que ver con el carácter de un líder, con su ética, moral, su testimonio público y la forma cómo gobierna su vida privada.

 Es necesario que el Obispo (Pastor, anciano, diácono) sea Irreprensible (3:2)

Estas listas y muchas otras como ellas presentan características que debe tener toda persona que dirija la iglesia. Pero pastorear al pueblo de Dios requiere mucho más, ya que el asunto no es solo el liderazgo, sino el ejemplo moral y espiritual. Resumiendo, Pablo exige que el obispo en la iglesia de Jesucristo sea irreprensible, un requisito indispensable. Una vida irreprensible es el requisito fundamental para el liderazgo en la iglesia.

Pocos han enunciado esta verdad más elocuentemente que el piadoso Richard Baxter, un pastor del movimiento puritano de la Inglaterra del siglo XVII:

“Tenga cuidado de usted mismo, para que su ejemplo no contradiga su doctrina, y para que no sea como piedra de tropiezo delante de los ciegos, y pueda ser esa una ocasión para su ruina; para que no diga algo con su vida diferente de lo que dice con su lengua; y sea el mayor estorbo para su propia obra. Una palabra orgullosa, poco amable, autoritaria, una disputa innecesaria, una acción codiciosa, puede cortar la garganta de algún sermón, y hacer que se pierda el fruto de todo lo que ha estado haciendo. Tenga cuidado de usted mismo, para que no viva en esos pecados contra los que predica en otros, y para que no sea culpable de aquellos que a diario condena. ¿Hará usted de su trabajo engrandecer a Dios, y cuando ha terminado, deshonrarlo tanto como los demás? ¿Proclamará el poder de Cristo para gobernar, y a pesar de eso lo menospreciará y se rebelará? ¿Predicará sus leyes y las violará deliberadamente? Si el pecado es malo, ¿por qué vive en él? Si no lo es, ¿por qué disuade a las personas para que lo abandonen? Si es peligroso, ¿cómo se atreve a aventurarse en él? Si no lo es, ¿por qué les dice a los hombres que sí? Si las amenazas de Dios son verdaderas, ¿por qué no las teme? Si son falsas, ¿por qué aflige innecesariamente a los hombres con ellas, y los asusta sin razón? ¿Conocen ‘el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte;’ y a pesar de eso las hará? ‘Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que dices que no se ha de adulterar’, ser borracho o codicioso, ¿haces tales cosas tú mismo? ‘Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?’ ¡Qué! ¿La misma lengua que habla contra el mal hablará cosas malas? ¿Censurarán, y calumniarán, y difamarán a su vecino estos labios que se lamentan ante estas y otras cosas por el estilo que hacen otros? Tenga cuidado de usted mismo, para que no sea que se lamente por el pecado, y sin embargo, no lo pueda vencer; para que, aunque usted busque que otros lo aparten de su vida, usted se incline ante él y llegue a ser su esclavo: ‘Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció’; ‘si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia’. ¡Oh hermanos! Es más fácil reprender el pecado que vencerlo. (The Reformed Pastor [El pastor reformado] [Edimburgo: Banner of Truth, 1979], 63, 67-68)

Anepilēmptos (irreprensible) significa “que no se puede sujetar”. El hombre irreprensible no puede ser arrestado o sujeto como si fuera un delincuente; no hay nada de qué acusarlo. En Tito 1:6, se habla también de ser irreprensible, pero se emplea un vocablo diferente (anengklētos). El participio presente einai (sea) indica que está en un estado presente de ser irreprensible. Es obvio que esto no quiere decir que no haya cometido pecados en su vida. Lo que quiere decir es que su vida no ha sido arruinada por algunos vicios evidentes y pecaminosos que lo excluirían de ser la norma más elevada de una conducta piadosa. Debe ser un modelo a seguir por la congregación (cp. Fil. 3:17; 2 Ts. 3:9; He. 13:7; 1 P. 5:3). Tampoco debe darles a los enemigos de la iglesia razón alguna para que ataquen su testimonio.

Los pastores deben ser cuidadosos de permanecer irreprensibles por varias razones. En primer lugar, son el blanco especial de Satanás, y él los atacará con tentaciones más severas que a otros. Los que están en la línea delantera de la batalla espiritual, sufrirán el embate principal de la oposición satánica. En segundo lugar, su caída tiene mayor potencialidad para hacer daño. Satanás sabe que cuando un pastor cae, el efecto en las ovejas es devastador. En tercer lugar, el mayor conocimiento de la verdad de los líderes, y la responsabilidad de vivirla, traen un castigo mayor cuando pecan. En cuarto lugar, hay más hipocresía en los pecados de los ancianos que en los de los demás, porque predican contra los mismos pecados que cometen. Los líderes necesitan de la gracia y del poder de Dios en forma abundante, debido a su mayor responsabilidad y notoriedad.

Para protegerse a sí mismos, los líderes deben dedicar tiempo a un estudio profundo de la Palabra de Dios. Deben estar “[nutridos] con las palabras de fe [las Escrituras] y de la buena doctrina” (1 Ti. 4:6). El salmista escribió: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119:11). Un líder debe exponer continuamente su vida ante la luz de la Palabra de Dios. Debe también ser un hombre de oración, y ser responsable ante otros en confraternidad espiritual. La iglesia tiene un llamamiento a estar comprometida con la conservación del liderazgo que es piadoso. La iglesia es responsable de medir a los hombres por la norma de irreprensible. La práctica común de todos hoy es perdonar al líder que peca y de inmediato restaurarlo a su ministerio. La iglesia, no debe vacilar en perdonar a los que se arrepienten sinceramente. Sin embargo, restaurarlo de inmediato al ministerio baja la norma que Dios espera que sigan los líderes. Y como los líderes sirven de norma de santidad y virtud para la congregación, baja la norma de toda la iglesia.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Un llamado para el liderazgo espiritual


La enseñanza acerca de los líderes está en el corazón del nuevo testamento. Es de suma importancia que los que ejercen el liderazgo en la Iglesia, sean pastores, obispos, diáconos o presbíteros, lo hagan desde una perspectiva bíblica, con un alto nivel espiritual. En la primera carta a Timoteo, el Señor establece principios atemporales para el ejercicio del liderazgo en la iglesia. ¿Cuál es la razón? Contar con líderes competentes e integrales, en el ámbito del ser, del saber y del hacer.


Las escrituras proveen la enseñanza central para que al igual que Éfeso, la iglesia posea un liderazgo de alto nivel. En este contexto, Pablo presenta una verdad que necesita ser observada en la iglesia de nuestros días, ya que hoy no todas las personas presentan motivos correctos para ejercer el ministerio pastoral. Algunos lo hacen para mantener la estabilidad económica, otros para obtener renombre y fama. Sin embargo, en el tiempo del apóstol Pablo, quien ejercía la labor pastoral era desprestigiado, rechazado y a causa de la persecución, los líderes arriesgaban sus vidas.


La iglesia de ayer y hoy necesita líderes bíblicos competentes, que comprendan como deben conducir sus vidas “en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad”. (1 Tim. 3:15) Es por eso que a continuación, se describen algunas características que deben ser observadas para el ejercicio del ministerio pastoral:


1.    No todas las personas son llamados a ser pastores, obispos o cualquier otra posición de liderazgo. Un requisito esencial para el llamado al liderazgo de la iglesia local es que sea un hombre: “Si alguno”, en el sentido de masculinidad y como lo corrobora el texto más adelante “marido de una sola mujer”.  


2.    El hombre que anhela o desea liderar, es caracterizado por un deseo ardiente en su vida y por una disciplina exterior. Para él el ministerio no es la mejor opción, es la única opción. No hay otra cosa que pueda hacer con su vida que lo pueda satisfacer. Por consiguiente, trabaja con diligencia a fin de prepararse para ser competente para el servicio. Aunque algunos pueden recibir el llamado tardíamente en la vida, desde ese momento en adelante no harán otra cosa, sino servir.


3.    Tener autoridad sobre la iglesia no es tarea insignificante, sino más bien una seria responsabilidad. Hebreos 13:17 advierte que los líderes deben dar cuenta a Dios por cuán fielmente han guiado, mientras que Santiago añade que, como enseñan, afrontan un juicio más severo (Stg. 3:1).


4.    La obra de predicar y dirigir la iglesia, que el Señor compró con su sangre, es el llamamiento más elevado, mayor y más glorioso al que alguna persona haya sido llamada jamás. El oficio del ministro cristiano, correctamente comprendido, es el más honorable e importante que cualquier hombre en todo el mundo pueda alguna vez tener; ¡y será uno de los asombros y empleos de la eternidad considerar las razones por las cuales la sabiduría y la bondad de Dios asignaron tal función al hombre imperfecto y culpable.


5.    El ministerio es obra, una obra exigente y de por vida. El ministerio no es una ocupación de nueve a cinco en la que uno puede terminar y olvidarse de ella cada noche. Su trabajo es perpetuo y dependiente de un esfuerzo máximo y del poder de Cristo obrando en el hombre. Pablo le advirtió a Timoteo que no impusiera “con ligereza las manos a ninguno, ni [participara] en pecados ajenos” (1 Tim. 5:22). Los que ordenan a un hombre indigno al ministerio, comparten el pecado por su pecado. La iglesia primitiva tomaba muy en serio la ordenación. En Hechos 13:2 y 14:23 leemos que la oración y ayuno acompañaban al acto de apartar a los hombres para el ministerio. Se hizo en los primeros años por los apóstoles (Hch. 14:23) y luego por los ancianos de cada congregación.


Así que la autoridad espiritual comienza con un llamamiento divino. Hombres, impulsados por una pasión interior, buscan activamente servir en la iglesia. La congregación o confirma o rechaza ese llamamiento, basándose en si la persona cumple o no con la norma que ha delineado el Espíritu en 3:2-7.

sábado, 6 de abril de 2019

LA PSICOLOGÍA Y EL PELIGRO DE NO DISCERNIR SU INFLUENCIA EN LA IGLESIA.


Un poco de levadura leuda toda la masa (Gal.5.9)


“La mayoría de evangélicos están convencidos que la psicoterapia es científica y que es necesaria para suplir lo que falta o carece en la Biblia en lo que respecta a la condición mental, emocional y el comportamiento general del individuo.  Cuando usamos el término “psicoterapia” nos referimos a la consejería psicológica, psicología clínica y psiquiatría (que no es biológica) 


En relación a esto, hay mucho que decir. Sin embargo, nos abocaremos en dos puntos específicos para considerar a la psicología como un tipo de levadura altamente dañina al interior de las iglesias.


1.      Atenta contra la suficiencia de las escrituras.

Desde un punto de vista bíblico, la iglesia evangélica ortodoxa siempre ha reconocido la inerrancia, la veracidad y la inspiración de las escrituras. Sin embargo, al paso de los años, la psicología ha dejado en evidencia que la iglesia ha negado la suficiencia de las escrituras para tratar diversos temas como la predicación o la consejería, desde un ámbito bíblico. Pablo dice a Timoteo “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Si somos cuidadosos, veremos que la escritura abarca desde los procesos formativos hasta los correctivos en el Hijo de Diospara que el carácter de Cristo sea formado en él.

Nuestra teología, consejería, discipulado, evangelismo, deben fluir de las escrituras y el no hacerlo, significa ignorar voluntariamente la voluntad de Dios revelada en las escrituras.


2.     La psicología contradice la verdad revelada en la escritura acerca del hombre. La psicología promueve la creencia que los problemas que afectan adversamente al estado mental y emocional de la persona es determinada por circunstancias externas a la persona, como el abuso de parte de los padres o el ambiente en el cual la persona ha crecido.  La Biblia nos dice que el corazón maligno del hombre y sus decisiones pecaminosas causan sus problemas emocionales, mentales y de su comportamiento en general.  “Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad.  Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona” (Marcos 7:21-23).


La psicoterapia trata de mejorar al ser humano, a través de la autoestima, la autorealización, entre otras. A pesar que la psicología ha identificado estos factores dándole un sitial de virtud y elogio, la Biblia la identifica como una señal de pecado: “También debes saber esto; que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos”. Las características de los hombres amadores de sí mismo, según el apóstol Pablo son: 1) avaros, 2) vanagloriosos, 3) soberbios, 4) blasfemos, 5) desobedientes a los padres,  6) ingratos, 7) impíos, 8) sin afecto natural, 9) implacables, 10) calumniadores, 11) intemperantes, 12) crueles, aborrecedores de lo bueno, 13) traidores, 14) impetuosos, 15) infatuados, 15) amadores de los deleites más que de Dios  (2 Timoteo 3:1-5).


En palabras simples y sencillas, la psicología postula que los males que vive el hombre, son problemas y enfermedades relacionados con el entorno y las circunstancias que vive el hombre, que deben ser tratadas. Por ejemplo, el alcoholismo es una enfermedad que necesita ser tratada, sin embargo la Biblia enseña que  este flagelo es un pecado por el cual el hombre está bajo la justicia de Dios, que es necesaria la reconciliación con Dios a través de Jesucristo es el único camino para que el hombre realmente pueda remediar sus problemas pecaminosos ya sea mental, emocional o forma de conducta.  “En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus males acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos.  Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de Él (Jesucristo), los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante Su muerte” (Colosenses 1:21,22).


Nosotros tenemos en la Biblia un manual completo de todo lo que nuestras almas necesitan para una vida bienaventurada que glorifique a Dios. Los médicos deben tratar con los problemas del cuerpo, los cristianos debemos tratar con Cristo y Su Palabra los problemas del alma humana. Decir lo contrario es resucitar la vieja herejía que Pablo combatió en Colosas, que aunque ahora use terminología científica, sigue siendo igualmente errónea y dañina; los falsos maestros de Colosas querían convencer a estos hermanos de que era bueno tener a Cristo y Su Palabra, pero no suficiente; de ahí la advertencia de Pablo en el capítulo 2 de la carta con las que ahora concluyo: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” (Col. 2:8-10).

jueves, 21 de febrero de 2019

LA VIDA SIN DIOS


Todo esfuerzo humano por encontrar la felicidad carece de sentido debido a la depravación radical del hombre producida en la caída, pues el apóstol escribe: “no hay justo ni siquiera uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” (Rom. 3.10-11), e Isaías reafirma esta verdad diciendo: “todos nosotros nos desviamos como ovejas, cada cual por su camino” (Is. 53.6), por lo tanto, podemos resumir esta aseveración en esta frase: “todo fuera de Dios es sin sentido y futil”.

El rey Salomón indagó sobre la sabiduría humana, el trabajo, la búsqueda del placer, el sacrificio del hombre, la acumulación de riquezas, la avaricia  y el egoísmo del hombre. El libro de Eclesiastés representa la dolorosa autobiografía de Salomón quien, durante gran parte de su vida, desperdició las bendiciones de Dios en su placer personal en lugar de la gloria de Dios. Él escribió con el objetivo de advertir a las generaciones siguientes para que no cometieran el mismo error trágico, en gran parte de la misma manera en la que Pablo escribió a los corintios (1 Cor 1.18–31; 2.13–16).    


“Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol? (6:12)”

Estas preguntas retóricas señalan la amplia brecha que existe entre lo que Dios sabe y lo que los seres humanos pueden saber.


La falta de reconocimiento de los límites humanos ha causado que la humanidad valore demasiado sus logros en la sabiduría, el placer, el prestigio, la prosperidad y la justicia. Esta falsa confianza es la que ataca el predicador en su tema principal: Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. (1:2)


Salomón al concluir su investigación sobre los asuntos que había indagado, resume su experiencia de la siguiente forma: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala”. El temor a Dios es el principio de la sabiduría, por lo tanto resulta necio y vano no tomar en cuenta al único Dios verdadero expuesto en las escrituras, quien es el creador de la raza humana y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder (Heb. 1.3)


Dios nos ha declarado por medio de su palabra, quien es y qué es lo que ha hecho para salvar al mundo mediante su amado Hijo Jesucristo, por consiguiente, un único camino para alcanzar una vida plena y con propósito. Mediante la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz, alcanzamos reconciliación con Dios, pues tenemos paz con él (Rom. 5.1), justificación, ya que por la fe nos ha declarado justos (Rom. 8.1), redención, ya que el hombre sin Cristo es esclavo del pecado y Satanás (Ef. 1.7), adoptados como hijos (Jn. 1.12; Rom. 8.15) porque sin Cristo, somos hijos de desobediencia, hijos de ira  e hijos del diablo. El apóstol Pablo manifiesta que sólo en Cristo hay plenitud de vida, porque estamos completos en él (Col. 2.10).


Resulta un acto de total locura y necedad, despreciar la plenitud de vida que ofrece Dios por medio de su amado Hijo Jesucristo. Es un acto fratricida y suicida, despreciar a Cristo  como el tesoro más preciado del mundo y cambiarlo por todo lo efímero y temporal. Ni todas las riquezas y bienes de este mundo, pueden compararse a la majestad y belleza que hay en el autor de la vida.


“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. (1 Cor. 1.18-24)


La religión del esfuerzo humano nunca ha conducido a Dios. En la antigüedad fue la religión de las hojas de higuera de Adán y Eva en el huerto, fue la religión politeísta de Egipto y Mesopotamia, fue la religión de ritual sin realidad de los fariseos, entre otras; y en la actualidad, es la religión de las buenas obras de la iglesia católica romana, es la religión del materialismo, es la religión de la búsqueda del placer y del humanismo posmoderno que busca encontrar respuestas cavando para sí, cisternas rotas que no retienen el agua y han dejado al único Dios verdadero fuera de la ecuación de sus vidas, quien es la fuente de la vida. (Jer. 2.13)


sábado, 5 de enero de 2019

Aguardando la esperanza gloriosa: el regreso de Cristo


Para nadie es un misterio que los diversos acontecimientos a nivel local y mundial, hacen presagiar que en un futuro próximo, las condiciones de vida de la humanidad será afectada drásticamente por el aumento de las temperaturas a nivel mundial, la reducción de las reservas de agua y el derretimiento de glaciares y de los hielos antárticos, entre otros. A estos factores, podemos agregar el declive de la moralidad en la sociedad occidental, la constante corrupción de los gobiernos, aumento de la anarquía y violencia en la sociedad civil, aparición de pandemias a nivel mundial, ocurrencia de desastres naturales cada vez más frecuentes, además de guerras y rumores de guerras.


Por otra parte, la proliferación de religiones falsas y el aumento de la apostasía a niveles alarmantes, nos debe hacer reflexionar en lo que dijo nuestro Señor Jesucristo: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lc. 21:28).


Probablemente, estemos tentados a interpretar la biblia en la medida que estos acontecimientos ocurren. Sin embargo, debe ser lo contrario. Los acontecimientos que hemos descrito y muchos otros más, deben ser interpretados a la luz de las escrituras.  La razón por la cual sabemos que los eventos relacionados con la segunda venida de Cristo, están a la vuelta de la esquina, no es simplemente porque estas cosas están sucediendo,  sino porque el mismo Señor Jesús las anunció y prometió regresar.


A continuación, queremos compartir tres motivos poderosos para estudiar y esperar con diligencia, los eventos relacionados con este glorioso acontecimiento:


1.     Produce santificación:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.  Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, !cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!” (2 Ped. 3:10-11)


“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro (1 Jn. 3:2-3)


2.     Produce esperanza:

Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.” (2 Tim. 4:8)


Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Ap. 21:4)


“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. (1 Tes. 4:17)


3.     Mantiene el estado de alerta entre los creyentes:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Mt. 24:42-44)


“Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;  mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: !!Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !!Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.” (Mt. 25:1-13)