jueves, 8 de noviembre de 2018

CRISTO ES LA COMPLETA REVELACIÓN DE LAS ESCRITURAS


Encontramos a Cristo en todas partes de ambos testamentos. Al principio lo vemos sutil e indistintamente. En el medio, lo encontramos más clara y llanamente. Y lo vemos total y completamente, al final. Cristo es el todo en toda la Biblia de una manera real y sustancial.

El sacrificio y muerte de Cristo por los pecadores, el reino de Cristo y su futura gloria, son la luz que tenemos que buscar en cualquier libro de las Escrituras que leamos. La cruz de Cristo y su corona son la clave a la que debemos aferrarnos si hemos de encontrar nuestro camino cuando enfrentamos alguna dificultad en nuestra lectura bíblica. Cristo es la única llave que abrirá muchos de los lugares, aparentemente oscuros, de la Palabra. Algunos se quejan de que no entienden la Biblia. Y la razón es muy simple: No utilizan la clave. Para esas personas, la Biblia es como los jeroglíficos en Egipto. Es un misterio y lo es, simplemente porque no conocen ni emplean la clave.

a.       Todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento estableció a Cristo crucificado. Cada animal ofrecido en un altar era una confesión práctica de que era necesario un Salvador que muriera por los pecadores, un Salvador que quitara el pecado del hombre, por su sufrimiento, como su Sustituto, es decir, que padeciera en su lugar (1 P. 3:18). ¡Es absurdo suponer que el sacrificio de animales inocentes, sin más objetivo que la sola muerte, podría agradar al Dios eterno!

b.      Fue Cristo a quien Abel miró cuando ofreció un mejor sacrificio que Caín. No sólo era mejor el corazón de Abel que el de su hermano, sino que demostró su conocimiento del sacrificio vicario y su fe en la expiación. Ofreció los primogénitos de sus ovejas incluyendo su sangre y, al hacerlo, declaró, implícitamente, su convicción de que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado (He. 9:22; 11:4)

c.       Fue Cristo de quien profetizó Enoc en los días de extrema maldad antes de la inundación. “He aquí”, dijo, “vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos” (Jud. 14, 15).

d.      Fue Cristo a quien vio Abraham cuando habitó en tiendas en la tierra prometida. Él creyó en la promesa de que por su simiente, por uno nacido de su familia, todas las naciones de la tierra serían bendecidas. Por la fe, vio el día de Cristo y se gozó (Jn. 8:56).

e.       Fue Cristo de quien habló Jacob a sus hijos mientras agonizaba. Aclaró, puntualmente, la tribu de la que nacería y predijo que “se congregarán todos los pueblos” en su presencia, lo cual aún está por cumplirse. “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos” (Gn. 49:10).

f.         Fue Cristo quien constituía la sustancia de la ley ceremonial que Dios dio a Israel por medio de Moisés. El sacrificio de la mañana y de la tarde, el derramamiento continuo de sangre, el altar, el propiciatorio, el sumo sacerdote, la Pascua, el día de la expiación y el chivo expiatorio, eran imágenes, tipos y emblemas de Cristo y su obra. Dios tuvo compasión de la debilidad de su pueblo. Él les enseñó a “Cristo” paso a paso, línea por línea y, por medio símiles, tal como enseñamos a los niños pequeños. Fue en este sentido, especialmente, que “la ley ha sido nuestro ayo” para guiar a los Judíos “a Cristo” (Gá. 3:24).

g.       Fue Cristo hacia quien Dios dirigió la atención de Israel con todos los milagros que diariamente se hacían frente a sus propios ojos en el desierto. La columna de fuego y la nube que los guió en el desierto, el maná del cielo que cada mañana les daba para comer, el agua de la roca golpeada y todos los demás milagros, cada uno era una figura de Cristo. La serpiente de bronce, en aquella ocasión memorable en que Dios envió la plaga de serpientes ardientes sobre ellos, fue, sin lugar a dudas, un emblema de Cristo (1 Co. 10:4; Jn. 3:14.)

h.      Fue Cristo de quien eran un tipo todos los jueces. Josué, Gedeón, Jefté, Sansón y todos los demás a quienes Dios levantó para librar a Israel de su cautiverio, todos eran emblemas de Cristo. Débiles e inestables y tan deficientes como eran, fueron usados como un ejemplo de que vendrían cosas mejores en el futuro lejano. Todo tuvo la intención de recordar a las tribus que vendría un Libertador superior.

i.         Fue Cristo de quien el rey David era un tipo. Ungido y elegido cuando pocos lo honraban, cuando era despreciado y rechazado por Saúl y todas las tribus de Israel, cuando era perseguido y obligado a huir para salvar su vida. Fue un hombre que sufrió durante toda su vida y, sin embargo, fue un vencedor; en todas estas cosas, David representaba a Cristo.

j.         Fue Cristo de quien todos los profetas, desde Isaías hasta Malaquías hablaron. Ellos vieron a Cristo como a través de un espejo, oscuramente (1 Co. 13:12). Algunas veces anunciaron los sufrimientos de Cristo y, otras, las glorias que vendrían (1 P. 1:11). No siempre aclararon la diferencia entra la primera y la segunda venida de Cristo. Como dos velas en una línea recta, una detrás de la otra, a veces, vieron ambos eventos al mismo tiempo y hablaron de ellos simultáneamente. A veces, fueron movidos por el Espíritu Santo para escribir de los tiempos del Cristo crucificado y, a veces, de su reino en los últimos días, pero lo cierto es que la muerte de Jesús o Jesús reinando, es el pensamiento trascendente que siempre encontraremos en sus mentes.

k.       Es Cristo, digo enfáticamente, de quien todo el Nuevo Testamento está saturado. Los Evangelios son Cristo viviendo, hablando y desplazándose entre los hombres. Los Hechos son Cristo predicado, publicado y proclamado. Las Epístolas son Cristo escrito, explicado y exaltado. Subrayo de nuevo: Desde Mateo hasta Apocalipsis, hay un nombre por encima de todos los demás y es el nombre de Cristo.

 Exhorto a cada lector de este escrito a preguntarse con frecuencia lo que la Biblia es para él. ¿Es un libro en el que ha encontrado nada más que buenos preceptos morales y buenos consejos? ¿O es una Biblia en la que usted ha encontrado a Cristo? ¿Es una Biblia en la que “Cristo es el todo?”. Si no, se lo digo claramente: Hasta ahora, usted ha usado su Biblia con un propósito muy limitado. Es como un hombre que estudia el sistema solar y deja de lado un análisis de lo que es el sol que, al final de cuentas, es el centro de todo. ¡No es de extrañar si su Biblia le resulta aburrida!

lunes, 5 de noviembre de 2018

CRISTO ES DIOS-PARTE 1

INTRODUCCION:
                               
Dentro de la serie; “Porque aceptamos la Deidad de Cristo” hemos  examinado, brevemente, la Biblia, que cuenta la historia de Cristo, y porque creemos en ella.
 Hemos llegado a la siguiente conclusión:
LA BIBLIA ES VERAZ E HISTORICAMENTE DIGNA DE CONFIANZA.
Entonces, como la Biblia es digna de confianza, porque es la Palabra de Dios, y en ella encontramos afirmaciones sobre la deidad de Cristo, este ya es un primer e importantísimo punto para aceptar esta verdad absoluta: CRISTO ES DIOS.




DESARROLLO:
            Por lo tanto, desde esta posición, que Cristo es Dios, nos preguntamos, ¿Quién es Cristo? ¿Qué tipo de persona es El? Lo que Cristo es, es tan importante como lo que el hizo.
Veamos:
            El no cabe en el molde de otros líderes religiosos, dice Tomás Schutz; “Ningún líder religioso reconocido, ni Moisés, Pablo, Buda, Mahoma, Confucio, etc., ha aseverado ser Dios; esto es con la excepción de Jesucristo. Cristo es el único líder religioso que ha asegurado ser Dios y el único individuo que ha logrado convencer a una gran porción de la humanidad de que El es Dios”.
Ahora, ¿Cómo podía un “hombre” hacer que otros pensaran que era Dios?

Primero; Sus enseñanzas eran la última palabra, finales, por encima de las  de Moisés y de los profetas. Nunca añadió mejoras o revisiones a sus pensamientos, nunca se retractó o cambió, nunca se permitió adivinar, suponer o hablar con algún grado de incertidumbre. Esto es absolutamente contrario a los maestros humanos y sus enseñanzas.

Segundo; según Foster, la razón que opaca a todas las demás, que condujo directamente a la ignominiosa ejecución del Maestro de Galilea fue su increíble aseveración, de que El, que era aparentemente el hijo de un carpintero criado entre las virutas y el aserrín de Su padre, ¡Era en realidad Dios en la carne!
Alguien podría decir, “por supuesto Jesús es presentado de ese modo en la Biblia porque ella fue escrita por sus asociados, los que deseaban dejar un memorial imperecedero para El”. Sin embargo, el hecho que se rechace la Biblia, no significa rechazar toda la evidencia, encontrada  por medio de los registros históricos.
Sin embargo, si tomamos una posición históricamente objetiva frente a esta cuestión, se descubre que aún la historia secular afirma que Jesús vivió en la tierra y que fue adorado como Dios. Fundó una iglesia que le ha adorado durante 21 siglos. Cambió el curso de la historia

Ahora, en el juicio, ante las preguntas de los fariseos, Jesús acepta el desafío y admite que El reclama ser los tres, el Mesías, el Hijo del Hombre, el Hijo de Dios. Vosotros decís, Humeis legete,  (Lucas 22:70), es simplemente un modismo griego para `Si’.

También es necesario decir que el juicio seguido contra Cristo, no fue un juicio ordinario.
Entre los juicios criminales, éste es único en el sentido en que no son las acciones sino la identidad del acusado el asunto del juicio. El cargo criminal esgrimido contra Cristo, la confesión o testimonio o,  más bien, acto en presencia de la corte, en base a la cual se le declaró reo, la interrogación por el gobernador romano y la inscripción y proclamación sobre su cruz en el momento de la ejecución, todo está conectado con la pregunta relativa a la verdadera identidad y dignidad de Cristo, ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quien es hijo?

OTRAS ASEVERACIONES SOBRE SU DEIDAD
Igualdad con el Padre:
Leer Juan 10: 30-33. Esta viva declaración es el clímax de las afirmaciones de Cristo en lo concerniente a la relación entre el Padre y El, el hijo, provoca la ira descontrolada de los fariseos.
Leer Juan 5: 17-18. Jesús se pone a la par con la actividad de Dios y de este modo justifica el haber obrado esa sanidad en el Sabath. Jesús dice, “Mi Padre”(ho pater mou), no nuestro padre, reclamando una relación muy esencial con el Padre.
Jesús da a entender también que mientras Dios está trabajando, El, el hijo, trabaja igualmente. Una vez más, los judíos entendieron que la idea involucrada era que El era el Hijo de Dios.
“YO SOY”
Leer Juan 8:58. Nuestro Señor reclama el incomunicable nombre del Ser Divino, como los judíos entienden su significado, buscan apedrearle.
Campell, dirigiéndose a los no Judíos, declara: Es perfectamente claro que nosotros también debemos entender que la expresión YO SOY, (eimi), tenía como finalidad declarar la absoluta deidad de Cristo por el hecho de que El no intentó dar explicaciones. El no procuró convencer a los judíos de que ellos le habían entendido mal, sino que mas bien el repitió la afirmación varias veces en diferentes ocasiones
CONCLUSION:
Aquellos que profesan celo por el único Dios no le honran como se debe, a menos que honren al Hijo como honran al Padre.
                                                                                                          CONTINUARÁ.