lunes, 10 de abril de 2017

El cristiano frente al descontento social

Descontento social a nivel global

¿Qué podrían tener en común el descontento social y el regreso de Jesús? Nos sorprenderíamos al notar como los acontecimientos actuales nos señalan el regreso del Mesías.

En Chile, hemos sido testigo en los últimos meses de un descontento generalizado en muchas áreas de la sociedad. Las protestas estudiantiles se han convertido en una verdadera encrucijada para los actores sociales. No sólo porque las propuestas del Gobierno para reformar el sistema de educación han sido rechazadas por los manifestantes, sino porque las instituciones de orden y seguridad no han sido capaz de controlar las marchas y protestas. El anuncio de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de solicitar información al Gobierno de Chile sobre el "uso desproporcionado de la fuerza" durante las protestas es una muestra de que la situación es cada vez más crítica. Mientras tanto, las masivas manifestaciones crecen y no dan tregua, exigiendo el fin del lucro en la educación y de los esquemas de endeudamiento.

No obstante esta situación no es privativa para nuestro país, sino es un fenómeno que se ha apoderado del escenario sociopolítico de gran parte de las naciones del orbe.

Ejemplo de ello son las marchas sin precedentes en Tel Aviv y Jerusalén. Inspirada en el 15-M de España, la movilización que comenzó el pasado 14 de julio en Tel Aviv para expresar el rechazo a los altos precios de las viviendas, se ha convertido en la mayor protesta social que ha tenido Israel en su historia. Una de las últimas marchas realizada congregó a más de 250 mil 'indignados' en Tel Aviv, Jerusalén y otras ciudades, una cifra sin precedentes en este país de alrededor de 7,5 millones de habitantes. Poco a poco, el movimiento ha ido ganando seguidores de diversos sectores de la población, aunque el grueso de los manifestantes hace parte de la clase media. Y es que, a pesar de que Israel prevé un crecimiento de 4,8 por ciento este año y posee un nivel de desempleo relativamente bajo (5,7%), la desigualdad en los salarios y el costo de vida tienen en jaque a los ciudadanos. Los 'indignados' quieren una enmienda a la ley de Edificación, que obligue a los contratistas a construir "viviendas asequibles", una reducción gradual de los impuestos indirectos y un aumento del salario mínimo, entre otros puntos. También piden un incremento de los inspectores de trabajo, bomberos, policías, profesores y trabajadores sociales, y una reducción del número de alumnos por aula.

Otro caso se observa en Londres. Todo comenzó como una pequeña manifestación pacífica de 120 personas para exigir "justicia" por la muerte, de Mark Duggan, un joven de 29 años que iba a ser arrestado por la Policía. El barrio londinense de Tottenham fue escenario de numerosos actos de violencia y vandalismo, Aunque la violencia se le ha atribuido a un puñado de vándalos adolescentes, el barrio de Tottenham cuenta con un pasado marcado por el racismo, problemas con inmigrantes y conflictos con la Policía, además de ser una de las zonas con mayor desempleo de Londres. La protesta pacífica terminó en una especie de guerra, con lanzamiento de bombas molotov y quema de edificios y vehículos, entre ellos, una patrulla y un bus de dos pisos. Además de los numerosos daños materiales, 26 agentes y tres civiles resultaron heridos y se practicaron 48 detenciones, según un portavoz de Scotland Yard.

En España la situación es similar: El 15-M español se ha caracterizado desde el principio por el pacifismo, así como por su gran nivel de organización. Esto es lo que permitió que se haya convertido en fuente de inspiración de protestas en otros países, como Israel o Grecia. El movimiento, que comenzó el pasado 15 de mayo en Madrid, pide como principales reivindicaciones la regeneración de la clase política, el control de la banca, la transparencia en los organismos públicos, una mayor participación de la ciudadanía, alternativas a los desahucios (despidos de inquilinos) y un mayor control para que los políticos sindicados de corrupción no puedan ejercer cargos públicos.


El fracaso del gobierno humano

“Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”

1° Samuel 8.4-7; 1047 años A.C.


Esta párrafo que narra la renuncia de Israel al gobierno teocrático ejemplifica la posición que la humanidad ha tomado en relación a la dirección de la historia universal. El pensamiento humanista que se encuentra difundido y aceptado ampliamente en la actualidad supone al “hombre por el hombre” sin la participación de Dios en ninguna manera. La consideración hacia una deidad suprema es considerada por muchos como simple misticismo, desplazando a Dios de la vida de los hombres. Tras el diluvio, es Dios quien concede al hombre la responsabilidad de gobernar el mundo para él, descansando dicha responsabilidad sobre judíos y gentiles, hasta que Israel fracasa bajo el pacto Palestino (Dt. 28.1-30.10) pasando el gobierno mundial a manos exclusivas de los gentiles. Lamentablemente ni judíos ni gentiles han gobernado el mundo para Dios, sino para sí mismo.

Obviamente, esta perspectiva marca el rotundo fracaso de dicho gobierno humano. La Biblia describe con exactitud el caos político, moral, espiritual y económico reinante en los últimos años de nuestra era. La sumatoria de decisiones del gobierno humano culmina desencadenando “el juicio de Dios a las naciones”, momento en el cual Dios pone fin a dicho gobierno.

La Biblia señala como al inicio de los últimos siete años de nuestra era, el “anticristo” se levantará para declarar conocer y poseer las respuestas que una sociedad tan convulsionada como la nuestra anhela encontrar. No obstante, la ira de Dios desencadenada en la “gran tribulación” será la culminación de todo intento humano de gobernar con justicia. Allí comenzará el gobierno milenial de Cristo, justo y perfecto, que se extenderá hasta que entregue el reino a su Padre.

El histórico ingreso de la democracia a naciones de medio oriente y Asia central es una señal concreta de la forma en que el escenario mundial se prepara para el surgimiento del Anticristo y la concreción final de los planes eternos de Dios.

¿Qué postura debemos adoptar frente a la realidad de los cambios sociales de nuestro tiempo?

Dentro de nuestras filas encontramos una variedad de posturas frente a este tema. Algunos tienden a ser “activistas” manifestando su confianza casi absoluta en el hombre y en la construcción de una utopía sobre la tierra. Otros, se inclinan hacia el “quietismo”, manifestando una sombría visión de la depravación humana, no confiando en absoluto en el hombre (a menos que haya nacido de nuevo). Ambas corresponden a las formas más extremas de ambas posturas.

Cabe señalar, que el hombre fue creado a imagen de Dios, y ésta no se ha perdido completamente (si bien se ha desfigurado), conservan la noción de la sociedad justa y compasiva que agradaría a Dios, y cierto deseo de lograr su realización. En general, la humanidad aún prefiere la paz a la guerra, la justicia a la opresión, la armonía a la discordia, el orden al caos. Por lo tanto el cambio social es posible, y efectivamente se ha producido. En muchos lugares del mundo se observan mejores niveles de salubridad y asistencia sanitaria, un mayor respeto por las mujeres y los niños, una mayor acceso a la educación, un claro reconocimientos de los derechos humanos, una creciente preocupación por la preservación del medio ambiente, y mejoras en las condiciones de vida en las prisiones y del trabajo en fábricas y en minas. Esto se ha logrado, en gran parte, gracias al a influencia directa o indirecta de los cristianos, aunque de ninguna manera todos los reformadores sociales han sido cristianos comprometidos. Pero cada vez que el pueblo de Dios ha sido efectivo como luz y sal de la comunidad, se ha producido menos deterioro y mayor mejoramiento social.

Sin embargo, por su naturaleza caída, y por haber heredado una tendencia al egocentrismo, el hombre nunca logrará construir la sociedad perfecta. Una mejora, sí; la justicia perfecta, no. Los sueños utópicos son irrealistas; pertenecen al mundo de las fantasías. Todos los planes humanes, aunque se hayan emprendido con grandes esperanzas, han decepcionado a quienes los idearon pues han dado contra la roca del egoísmo humano.

De acuerdo a esto, ¿Cuál es la actitud que debiera representarnos frente al cambio social? El apóstol Pablo expresa adecuadamente el equilibrio bíblico en 1° Tesalonicenses 1.9,10, al describir la conversión de los ídolos a Dios: “para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo”. La combinación de “servir” y “esperar” es asombrosa, ya que el primer término implica ocuparse activamente en la tierra por la causa de Cristo, mientras que el segundo significa aguardar pasivamente que venga del cielo. Debemos servir, aunque nuestros logros serán limitados. Debemos esperar, pero no tenemos derecho a ser ociosos. De modo que “trabajar” y “esperar” van de la mano. La necesidad de esperar a Cristo del cielo nos rescatará de la soberbia de quien cree poder lograrlo todo; la necesidad de trabajar para Cristo en la tierra nos rescatará del pesimismo de quien piensa que no se puede hacer nada. Sólo una mente cristiana que ha adquirido una perspectiva bíblica nos permitirá mantener este equilibrio.