miércoles, 17 de agosto de 2016

LA MISERICORDIA

 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” Hebreos 4:15-16
¿Sabía usted que con frecuencia en nuestra vida cristiana, utilizamos ciertos términos sobre los cuales nuestro conocimiento es limitado?
Quiero comentarles el caso de la misericordia.
Día tras día recordamos el magnánimo sacrificio de Cristo en la cruz. Tenemos certeza clara y absoluta de que no existía método ni forma alguna de alcanzar redención, sin embargo Dios, en su infinita misericordia buscó la salida a nuestro severo e irremediable problema. Él, en un sacrificio perfecto, entregó a su hijo unigénito en holocausto para la redención nuestra.
Ahora bien, esta gran abnegación es definible en una sola palabra. Esta es MISERICORDIA.
Revisemos lo que nos dice la etimología sobre la palabra MISERICORDIA
Misericordia es una palabra que proviene del Latín (Latín es la lengua que se hablaba en la antigua roma pero que en la actualidad esta en desuso. Sólo se utiliza en ámbitos eclesiásticos, científicos y políticos. De ella surge el español)
Significa:
MISERE         =        Miseria, necesidad
COR/CORDIS=       Corazón
IA                   =        Hacia los demás
Entonces misericordia es = Compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas.
El Diccionario Webster define la misericordia como: “Ternura de corazón que predispone a la persona a pasar por alto las ofensas o a tratar al ofensor mejor de lo que se merece”.
¡Ésta es la descripción de la misericordia de Dios hacia usted!

Dios es conocido como un Dios de misericordia y gracia, todo ello se fundamenta en lo que explicamos anteriormente.
Sin embargo y pese a que somos capaces de comprender la misericordia de Dios hacia nosotros se nos hace difícil aplicar nuestra misericordia hacia otros, esto se debe a que pertenecemos a una generación fría, dura y muy crítica, donde se trata con rigidez al prójimo y nos olvidamos por completo de lo que nos señala el libro de Mateo Capítulo 22 versículos del 37 al 39, los cuales dicen:
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Dios perpetúe su misericordia para con nosotros y nos conceda la suficiente pasión para amar genuina e incondicionalmente a nuestro prójimo comprendiendo que esta es una manifestación de amor hacia nuestro Señor.
Por otro lado, el libro de Miqueas capítulo 6 señala: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”
Eso es lo que espera Dios de nosotros. El ansía que practiquemos la misericordia puesto que Él se deleita en la misericordia. Nos ha dado extensas muestras de ello, basta con que nos observemos y examinemos e incluso veamos a quien esta a nuestro lado y de esto modo contemplaremos la misericordia de nuestro amado y buen Dios.
Revisemos nuevamente el libro de Miqueas: “7:18, "¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia."
Desde ahora en adelante, al levantarnos cada día, samos como esa mujer que decía: “Qué bueno que la misericordia de Dios es nueva cada mañana, ¡porque ya agoté todas las reservas de ayer!”. 

Considera, por ejemplo, que David fue un hombre que amó muchísimo al Señor; sin embargo, la lascivia se apoderó de él y le llevó a cometer adulterio, y luego a hacer que mataran al esposo de la mujer.
La razón por la que David habló de la misericordia de Dios es porque ¡necesitó una buena dosis de ella! Sólo alguien que de verdad es sincero en la evaluación de sí mismo, puede decir: “Alabad a Jehová porque Él es bueno, porque para siempre es su misericordia” (Salmo 107:1).
Si piensas que usted es el único responsable de sus éxitos, piénselo de nuevo.
Pablo, el más grande de los apóstoles, escribió en el libro de Romanos 7:18,  Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.”
Esto es el reflejo de nuestra necesidad de la misericordia de Dios.
No podemos ser misericordiosos hasta que hayamos aceptado nuestra propia necesidad de misericordia – y hayamos aprendido a recibirla de parte del Señor. La verdad es que si fuéramos “perfectos”, nadie nos podría aguantar, porque exigiríamos lo mismo de los demás. Cada vez que olvidamos nuestras propias faltas, hacemos que la convivencia con nosotros se haga difícil. En esos momentos, Dios nos vuelve a recordar nuestra condición imperfecta. Él permite que nos metamos en suficientes problemas para necesitar su misericordia, mantenernos humildes, y por lo tanto, serle útiles.

Recordemos cada día que la misericordia de Dios nos levanta y transforma. De manera tal que nunca más seremos los mismos, ni con Dios ni con nuestro prójimo.

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Lamentaciones 3:22-23