jueves, 23 de octubre de 2014

LA REFORMA

En este mes que reviste una gran importancia para el pueblo evangélico chileno, pues es el reconocimiento a largos años de lucha y labor en el mundo y nuestro amado país, queremos esbozar algunos pensamientos en relación a tan insigne conmemoración.



El libro de Hechos nos narra en su capítulo 2, que tras la llenura del Espíritu Santo, muchas personas de distintas nacionalidades y distintos idiomas “oían hablar de las maravillas de Dios”. Este hecho fue de trascendental importancia, pues el evangelio de Cristo fue llevado a todos los rincones del mundo conocido en ese entonces.

La iglesia comenzó a crecer cada día y el mismo capítulo 2 de Hechos nos dice que “el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” Pero con el crecimiento no solo llegó bendición, sino también comenzaron a introducirse algunas desviaciones doctrinales que luego se convirtieron en herejías. No podemos olvidar a grandes hombres de Dios que combatieron con sus vidas para que el evangelio de la cruz se mantuviera libre de todo error: Agustín de Hipona, Orígenes, Clemente de Alejandría, entre otros.

Luego de años de lucha, todo parecía perdido, pues la iglesia de Dios se había sumido en tinieblas espirituales. Hasta el siglo XV era más importante adorar imágenes y hombres, que adorar al Creador de los hombres. La Escritura no era más que un montón de fábulas sin sentido, pues lo que un obispo decía tenía fuerza de ley por sobre la ley de Dios. A tal punto había llegado el error, que para el perdón de los pecados no era suficiente el sacrificio de Cristo, sino que era necesario aportar cuantiosas sumas de dinero que aseguraban el perdón de los pecados pasados, presentes e incluso futuros. Frente a este negro escenario debemos recordar que nuestro Dios es el Dios de la historia, quien maneja el curso de los siglos y para quien no hay nada imposible.

Una noche mientras un robusto monje alemán leía la Biblia buscando la formula para calmar su cansada alma, encuentra una respuesta que cambiaría su vida: “el justo por la fe vivirá”. Aquel monje llamado Martín Lutero, comprendió que no era necesario dejar que la moneda cayera en la alcancía para ser perdonado, ni grandes sacrificios físicos para ser salvo, solo por la fe en Jesucristo el hombre podía alcanzar la salvación. Esta verdad marcaría su corazón y su vida, pues un 31 de Octubre de 1517 clavaría en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg  sus famosas 95 tesis. En ellas y algunos otros escritos posteriores enumera 5 principios fundamentales a la luz de la Biblia: Sola fe, sola gracia, solo escritura, solo Cristo y solo a Dios la gloria.

Con las acciones de Lutero se enciende nuevamente la llama del evangelio en Europa. Calvino recoge este pensamiento en Francia y Suiza, Casiodoro de Reina en España, más tarde Wesley en Inglaterra. Otra vez había esperanza en el mundo, otra vez la llama de Pentecostés volvía a arder.

Esta llama llegaría también a un lejano lugar sin ninguna importancia aparente, Chile. ¿A quién le podría importar un pedazo de tierra al fin del mundo? Solo a una persona: a Dios. La Biblia nos dice muy claramente que por Jehová son ordenados los pasos del hombre y es Él quien aprueba su camino. Este Dios que ordena los pasos del hombre, ordenó los pasos de grandes hombres para que trajeran las buenas nuevas de salvación a Chile.

Muy tempranamente en la historia de nuestro país independiente, encontramos la huella de Dios a través de valiosos hombres.
El primer evangélico de prominencia que encontramos en la historia nacional es don Joel Poinsett. Este pastor presbiteriano es enviado por el gobierno de Estados Unidos como el primer Cónsul en Chile, con el rango de embajador plenipotenciario. Este gesto es de suma importancia, pues el primer país en reconocer a Chile como país independiente, fue Estados Unidos a través de este hombre y su nombramiento. Poinsett llega a Chile en 1811 y ya en 1812, presenta a don José Miguel Carrera Verdugo, un borrador de la primera Constitución Política de Chile. También diseña la primera bandera nacional y el primer escudo nacional, que en su leyenda lleva la siguiente frase: “Post Tenebras Lux”, después de las tinieblas la luz, haciendo clara alusión a este principio bíblico. Cuenta la historia que durante su estadía en Chile, no solo se dedicó a la política, sino a la evangelización, principalmente de don José Miguel Carrera, pues al momento de la ejecución de este en Mendoza, dice la historia que se le llevó un sacerdote para acompañarlo en sus últimos momentos, a lo que este respondió: no es necesario un sacerdote, porque tengo a Cristo en mi corazón. De ser cierta este historia, esperamos encontrar a este prócer de la patria, un día allá en el cielo.

Otro padre de la patria que se vio influido por los principios bíblicos, fue don Bernardo O’Higgins, quien trajo a Chile al pastor bautista don Diego Thompson. Este pastor venía con una gran misión: enseñar a leer a los chilenos más pobres. Su método era el sistema Lancasteriano y el libro de texto a utilizar el Nuevo Testamento. Este hecho es de gran importancia, pues los primeros chilenos que aprendieron a leer, lo hicieron con el libro de los libros: la Biblia.
Trascendental importancia tiene la colonia americana, inglesa y alemana en la construcción de nuestro país. Precisamente estas colonias de raíces protestantes, no solo trajeron sus capitales, industrias y cultura, sino principalmente el evangelio.

Nuestra historia nacional nos habla de don William Wheelwright, quien construyó el primer tren de Sudamérica, la primera línea de telégrafos y el alumbrado y alcantarillado público de Valparaíso entre otras obras. Lo más importante de este hombre, es algo que la historia oficial de Chile no nos dice: era un hombre evangélico. Su casa era un depósito de Biblias y todos los adelantos que trajo al país se fundaban en la convicción de lo que nos dice el libro de Proverbios 11.11: “por la bendición de los justos la nación será engrandecida”

Algo muy importante también, trajo este hombre al país: al reverendo doctor David Trumbull. Este pastor presbiteriano impulsó fuertemente la educación, fundando los primeros colegios de Valparaíso. El método utilizado por él, su esposa y las esposas de otros hombres de negocios, era la “Escuela Dominical”. En ella enseñaban a leer, a escribir y otras artes y oficios que más tarde serían de importancia.

Quizás su labor más importante tiene relación con algo muy poco conocido y reconocido. Este pastor evangélico fue promotor e impulsor de la legislación laica en nuestro país, lo que más tarde llevaría a la separación entre el Estado y la iglesia católica de Roma. Trumbull impulsó las llamadas “leyes laicas”: Ley de Matrimonio Civil, Ley de Registro Civil y la Ley de Cementerios Laicos, pues hasta ese entonces los cuerpos de nuestros hermanos eran arrojados en los basurales, ya que la iglesia católica no permitía sepultarlos en sus cementerios. El Cerro Santa Lucía era el basural en donde dormían los cuerpos de nuestros hermanos santiaguinos. Don Benjamín Vicuña Mackena, Intendente de Santiago, erigió allí un monumento con una placa que reza la siguiente inscripción: “A la Memoria de los expatriados del cielo y la tierra que en este sitio yacieron sepultados durante medio siglo” Expatriados de la tierra probablemente, pero expatriados del cielo jamás.

A este insigne hombre, el gobierno le otorgó la ciudadanía chilena por gracia, en vista de sus grandes aportes a la nación y al momento de su muerte, en el senado de la República se le rindió un minuto de silencio como homenaje a su labor.

Otro hombre que merece nuestra atención es Juan Bautista Canut de Bon, sacerdote jesuita español que se convierte al evangelio y utiliza por primera vez la predicación al aire libre. Este hombre se paraba en las calles de San Felipe, Melipilla y otros lugares, predicando las buenas nuevas de salvación. Cuando los niños le veían venir comenzaban a gritar que venía el canuto, diciendo esto por su apellido. De allí proviene nuestro calificativo de “canutos”.

Ya en el siglo XX emerge la figura del pastor Willis Hoover, pionero de la obra pentecostal en nuestro país. Es en su iglesia en Valparaíso en donde se desarrolla el avivamiento pentecostal de 1909 y de donde nace nuestra iglesia, pues el pastor Hoover funda la Iglesia Metodista Pentecostal de Chile, de donde nace nuestra Iglesia Unida Metodista Pentecostal.

Parecieran datos sin sentido, pero todo esto nos muestra dos grandes verdades:
Ø    La primera es que nuestro Dios es quien maneja el curso de los siglos, quien pone reyes y saca reyes; el Dios que ordena los pasos del hombre. Este gran Dios pensó en nuestra tierra y nos bendijo. Si hoy nuestro país emerge como una de las economías más fuertes de Sudamérica, es por la obra de Dios en nuestras vidas y por la obra de estos hombres a quienes hoy recordamos y homenajeamos. Cada vez que nos hablen de la historia de nuestra patria, debemos recordar a estos hombres que la tierra olvidó, pero que el cielo tiene presentes.

Ø    Y la segunda verdad es que si estos hombres del ayer hicieron grandes obras con muchos menos recursos, cuanto más nosotros para quienes el cielo se ha abierto de par en par. El aporte de la iglesia evangélica en Chile ha sido reconocido como fundamental, principalmente en las ciudades y barrios más pobres del país en donde se levantan sencillos templos de adoración a Dios, sin embargo, no podemos conformarnos con esto, pues el mandato de Jesús es claro: debemos ser la sal y la luz del mundo. Aún tenemos una tarea pendiente con nuestro país. Resulta necesario que la iglesia no solo cure las heridas de la sociedad con el mensaje del evangelio, sino que evite por todos los medios posibles que esas heridas se produzcan. El evangelio no solo es reparador, sino principalmente promotor de vidas que agraden a Dios. Cuando en muchos países vecinos se está legislando en contra de lo que Dios establece, la iglesia en Chile no solo debe protestar en contra de dicha legislación, sino que además debe promover una que sí agrade a Dios. No basta estar en desacuerdo, es necesario ofrecer una respuesta clara, fundada en la Biblia ante lo que la sociedad está demandando. Como lo dijera el tosco pescador de Galilea, que usado por Dios convirtió a multitudes: “Debemos estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia, ante todo el que nos demande razón de la esperanza que hay en nosotros”. Es nuestra tarea llevar el evangelio a los colegios, a los hospitales, a nuestros trabajos, a las universidades e incluso al gobierno, pues no hay rincón ni persona que Dios no pueda alcanzar.

Ø    Concluyo estas líneas dando gracias a Dios por esta honra que nos entrega de ser reconocidos a nivel nacional por el aporte que nuestros antepasados hicieron al país. Muchos nombres pueden quedar escondidos en nuestras frágiles memorias, otros simplemente pasaron al olvido como tantos de nuestros propios hermanos que desarrollaron una anónima, pero fructífera labor de evangelización en cada ciudad y pueblo de nuestro amado país; sin embargo,  como lo dijera Gamaliel en Hechos capítulo 5, “si esta obra es de los hombres, se desvanecerá, mas si es de Dios, no la podréis destruir”

      Tal como Lutero lo dijera hace mas de 400 años:

Soli deo gloria...

Solo a Dios la gloria.