martes, 27 de agosto de 2019

BENDICIÓN O MALDICIÓN


O todo o nada. No hay concesiones ni medias tintas. Mucha gente trata de vivir conforme a los Diez Mandamientos o cumpliendo la ley divina o el Sermón del Monte, porque piensan que pueden lograr que Dios les acepte. No se dan cuenta de que las normas de Dios son absolutas.

Quien piensa vivir conforme a cualquier ley, está bajo la obligación de cumplirla en su totalidad. Al faltar en un solo punto, pasa de ser una persona obediente a transgresor. Este es el argumento que Pablo quiere dejar claro en el pensamiento de los legalistas religiosos. Es imposible cumplir cabalmente con todas las normas porque todos fallamos en algún punto. Al hacerlo, pasamos a pertenecer al sindicato de pecadores culpables.

PRUEBA DE LA BENDICION DE ABRAHAM 3:6–9

Pablo basa su premisa en el Antiguo Testamento. Los judaizantes afirmaban que esos libros sagrados apoyaban su punto de vista y ponían sus esperanzas en Abraham, llamándose “hijos de Abraham”. Pero el apóstol demuestra que el origen de su punto de vista procede de la misma fuente de autoridad que ellos decían aceptar. Les enseña que aun el patriarca fue justificado por la fe. Conforme a ese principio, les recuerda que el Señor había revelado que los gentiles serían bendecidos en Abraham por la misma fe, no por obediencia a la ley.

¿Cómo recibió Abraham la bendición prometida? Pablo demuestra que fue declarado justo por causa de su fe (v. 6). A continuación explica la relación entre la fe de Abraham y la posición de ellos como gentiles (vv. 7–14). Los verdaderos hijos de Abraham son quienes se identifican con su fe (vv. 7–9). No todos los hijos físicos del patriarca son sus verdaderos hijos, sino los de la fe (v. 7).

Este principio de herencia basada en la fe se extiende a los gentiles también. Aunque la gente los consideraba “paganos”, a ellos también se les ofreció la promesa de bendición a través de Abraham (v. 8) porque el pacto que Dios hizo con él incluía bendición para todas las naciones. Por lo tanto, todos los que creen pueden recibirla, ya sean gentiles o judíos, porque la bendición de Dios se recibe por la fe, no por la ley (v. 9).

Sin importar que fueran judíos o gentiles, aquellos que quisieran identificarse con Abraham, tenían que seguir su camino (v. 7). Parte de la lógica que respalda esta conclusión se encuentra en el sentido que los hebreos daban a la expresión “hijos de”, misma que se utilizaba para señalar la característica distintiva de alguna persona o grupo. Los “hijos de desobediencia” están caracterizados por la rebelión. Los “hijos de ira”, recibirán el enojo de Dios y serán juzgados por él. Así, los hijos de Abraham son quienes se parecen a su padre.
 
Por lo tanto, los de la fe también son “hijos de Abraham”. Quienes no se parecen a él no pueden ser sus hijos, aunque puedan trazar su descendencia física hasta él. ¿Cuál es la característica distintiva que Pablo señala en cuanto a Abraham (v. 9)? Dice que los que creen, son sus hijos; quienes no creen, no lo son

lunes, 15 de julio de 2019

CUALIDADES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES: APTO PARA ENSEÑAR

A lo largo de la historia de la iglesia, la mayoría de los grandes teólogos han sido pastores. Por ejemplo, además de su trabajo de reformar la iglesia, los reformadores tenían responsabilidades pastorales habituales. Los líderes del movimiento puritano inglés del siglo XVII, hombres como John Owen, Richard Baxter, Thomas Goodwin, y Thomas Brooks, fueron pastores. Como pastores, ellos fueron sobre todo estudiantes de la Biblia, no simplemente comunicadores, administradores o consejeros. Su conocimiento e interpretación de la Biblia estuvo caracterizada por la precisión. Ellos trabajaron duro enseñando y predicando.

 

Al observar estas líneas, la conclusión es simple: quienes enseñan deben ser estudiantes diligentes de las escrituras. Es una pena decirlo, y a la vez, debemos reconocer que es una realidad innegable: hay muchos pastores que tienen un conocimiento básico de las escrituras y dedican muy poco tiempo para estudiar la Biblia. Para poder pensar y hablar bíblicamente, un pastor debe dedicar buena parte de su tiempo escudriñando los tesoros de las escrituras, que, dicho sea de paso, es una fuente inagotable de riqueza y sabiduría.

 

“Apto para enseñar” indica la suficiente competencia en el conocimiento de la Palabra de Dios, así como la aptitud para comunicar a otros las verdades fundamentales del cristianismo. Esto requiere, por supuesto, haber sido enseñado de forma conveniente.

Es a este profundo estudio de la Biblia al que Pablo llamó a Timoteo. Es esencial la continua experiencia de ser nutrido con las verdades de la Palabra de Dios. Un ministro excelente debe leer la Palabra, estudiarla, meditar en ella y dominar su contenido. Solo entonces puede estar ante Dios “aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2:15).

 

En 1 Tim. 4:6, Pablo dice a Timoteo: "Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido",  refleja el conjunto de la verdad cristiana que se presenta en las Escrituras. Si la Palabra es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17), un ministro debe conocerla. No hay premio alguno para la ignorancia bíblica. El asunto no es cuán buen comunicador es un hombre, o cuán bien conoce la cultura y los asuntos contemporáneos, ni siquiera cuán bien conoce los problemas particulares de su rebaño. El asunto es cuán bien conoce la Palabra de Dios, ya que la revelación de Dios evalúa perfectamente todas las cosas en todo tiempo y toda la vida, y las orienta hacia la voluntad divina. Es a través del conocimiento de la Palabra que el pastor cumple con su llamamiento para dirigir a sus ovejas mediante el crecimiento espiritual a la semejanza a Cristo (1 Ped. 2:2); la buena doctrina es esa enseñanza que está firmemente arraigada y da fruto desde una correcta interpretación de la Biblia, no desde sistemas humanos, de especulaciones teológicas o filosóficas. La teología exegética debe ser el fundamento de la teología bíblica y sistemática. Un ministro excelente debe tener conocimiento de la verdad bíblica, tanto en su profundidad como en su amplitud.

 

La iglesia debe saber y establecer claramente la diferencia entre la verdad y el error y conforme a eso, edificar al pueblo mediante la Palabra de Dios. El Señor tiene a los pastores como responsables de advertir al pueblo acerca del peligro espiritual y el error doctrinal. Si los líderes espirituales fallan en hacer lo que está ordenado, tendrán que responder ante Dios. Pablo escribe a Timoteo: “esto te escribo, para que si tardo, sepas como debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

domingo, 30 de junio de 2019

CUALIDADES MORALES DE LOS LÍDERES ESPIRITUALES (PARTE 2)


Las cualidades más importantes que pueden mostrar los líderes no son inteligencia, una personalidad vigorosa, elocuencia, diligencia, visión, habilidades administrativas, decisión, valor, humor, discreción u otro atributo natural similar. Todos estos tienen su parte, pero la característica más deseable para cualquier líder es la integridad.

 

Aunque la integridad es algo más atractivo en el liderazgo secular, su ausencia es fatal para el liderazgo espiritual. Subrayando esto, John Stott escribe:

 

La comunicación es por símbolos, igual que el hablar. Porque “un hombre no puede solo predicar, debe también vivir. Y la vida que vive, con todas sus pequeñas peculiaridades, es una de dos cosas: o mutila su predicación o le da carne y sangre”. Este era el caso con el hombre que Spurgeon describe como un buen predicador pero un mal cristiano: él “predicaba tan bien y vivía tan mal, que cuando estaba en el púlpito, todos decían que nunca debía salir más, y cuando salía de él, todos ellos declaraban que nunca más debía volver a él”.

 

Todo liderazgo procura alcanzar una meta: “La influencia”. Los líderes tratan de influir en las personas a fin de alcanzar sus objetivos. La influencia es resultado directo de la enseñanza y del ejemplo. Lo que un hombre es influirá en sus seguidores, para que se comprometan totalmente con lo que dice. La enseñanza coloca los clavos en la mente, pero el ejemplo es el martillo que los clava con profundidad. No es de sorprender que las Escrituras tengan mucho que decir del poder del ejemplo para influir en la conducta, tanto para bien como para mal. En Levítico 18:3 Dios advirtió a Israel que no siguieran el ejemplo de sus vecinos paganos: “No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos”. Deuteronomio 18:9 repite la advertencia: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones”. Proverbios 22:24-25 advierte: “No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma”. El poder de un mal gobernante para influir en sus subordinados se ve en Proverbios 29:12: “Si un gobernante atiende la palabra mentirosa, todos sus servidores serán impíos”. Oseas repitió esa advertencia: “Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras” (Os. 4:9). Nuestro Señor presentó esta acusación de los escribas y los fariseos en Mateo 23:1-3: Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

 

También la También la Biblia nos exhorta a que sigamos los ejemplos piadosos. Pablo elogió a los tesalonicenses por llegar a ser “imitadores de nosotros y del Señor” (1 Ts. 1:6). A los filipenses les escribió: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced” (Fil. 4:9). Exhortó a Timoteo (1 Ti. 4:12) y a Tito (Tit. 2:7) a que fueran buenos ejemplos que siguiera su pueblo. Hebreos 13:7 nos exhorta a que sigamos el ejemplo de los guías espirituales, mientras que Santiago 5:10 nos señala el ejemplo de los profetas. Pedro exhorta a los ancianos a que sean ejemplos para su rebaño (1 P. 5:3).

 

Pablo le escribió a Timoteo: “ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza”. (1 Tim. 4:12) La palabra griega que se traduce como “ejemplo” es tupos, que significa patrón, modelo o imagen, de la misma forma en la que una modista coloca un patrón sobre la pieza de tela y la corta, de manera que sea igual al patrón. Es un ejemplo que otros pueden imitar.