domingo, 17 de enero de 2021

LA PERSONA TEATRÓPICA DE CRISTO

 La doctrina de Cristo es amplia y requiere un estudio bíblico acabado de su persona y su obra. Como tal, habitualmente dedicamos una parte importante de nuestros esfuerzos para explicar su obra de salvación, lo que comúnmente se denomina en la teología sistemática soteriología. No obstante, el tema de estudio de este artículo comprende la persona de Cristo y su relación Trinitaria antes de su encarnación y durante su vida terrenal, lo que comúnmente se denomina en Teología sistemática Cristología.

Cristológicamente, podemos sintetizar la enseñanza sobre la doctrina de la persona de Cristo de la siguiente manera: Jesucristo era completamente Dios y completamente hombre en una persona y lo será para siempre, aplicando aquí el concepto de persona teantrópica (Theos=Dios; antropos=hombre).




Debido a que la evidencia bíblica que apoya esta afirmación es abundante, y, además constituye la base para la Soteriología (Puesto que, si Cristo no fue la persona que dijo que era, la doctrina de la salvación es una falacia); el presente artículo intenta presentar en primer lugar al Cristo divino, preexistente y eterno, y posteriormente la completa humanidad de Cristo,

 

A.     LA PREEXISTENCIA DE CRISTO.

La preexistencia de Cristo significa que Él existió antes de su nacimiento y antes de todo lo que ha sido creado (Col. 1.17). El texto bíblico nos muestra a Cristo personificado como el Logos o el Verbo. Juan, inspirado por el Espíritu Santo describe al Verbo como alguien que en el principio ya era (Juan 1.1). La apología de su preexistencia continúa y dice en segundo lugar, que aquel Verbo estaba con Dios, utilizando la preposición “con”, para referirse a alguien que estaba cara a cara o frente a frente con Dios, no en oposición, sino en una relación de completa armonía y gozo mutuo entre los miembros de la Deidad (Prov. 8.30, Is. 42.8). Finalmente, Juan nos muestra al Cristo preexistente siendo Dios mismo, teniendo gloria propia (Jn. 17.5) y siendo el resplandor de la gloria divina y la imagen misma de su sustancia (Heb. 1.3, Col. 1. 15).

 

La preexistencia de Cristo implica que Él no solo existió antes de su nacimiento o antes de la creación del universo, sino que Él siempre ha existido, eternamente. El autor de hebreos, nos dice que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Heb. 13.8), denotando no sólo su inmutabilidad, sino también su eternidad. Por lo tanto, desde un punto de vista apologético, si no hay eternidad en la persona de Cristo, entonces (a) no hay Trinidad y (b) Cristo no posee deidad, por lo tanto, no hay lugar para todos los aspectos concernientes a la salvación. Arrio, un hereje del siglo III enseñó la preexistencia de Cristo, pero no su eternidad, argumentando que si Cristo era el Hijo unigénito, debió haber tenido un principio. Esta postura es sostenida por la secta de los testigos de Jehová que niega la eternidad del Logos y lo concibe como un ser creado, ubicado jerárquicamente sobre los ángeles, pero no siendo igual a Dios.

 

La iglesia de ese entonces levantó su voz para manifestar su desaprobación y condenación a la enseñanza arriana a través de apologetas como Atanasio en el concilio de Nicea. Nosotros, por tanto, defendemos, creemos y enseñamos que Cristo es preexistente y eterno desde siempre. Como lo dice el credo niceno: creemos en un solo Señor Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos; Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, y por quien todo fue hecho.

(Concilio de Nícea, 325 D.C.)
 

El Cristo preexistente es Celestial, tal como lo manifiesta el evangelio de San Juan: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.” (Jn. 3.31, 31). No sólo es celestial, sino como preexistente además es el creador. Cristo estuvo involucrado en la creación de forma activa, pues el texto bíblico señala que “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1.3); “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1.16). El Cristo preexistente se atribuyó igualdad de naturaleza con el Padre (Jn. 10.30), como también afirmó tener gloria junto a su Padre antes que el mundo fuese (Jn. 17.5); y el apóstol Pablo dejó en claro que Jesucristo era de la misma naturaleza que Dios (Fil. 2.6). Cristo tiene los mismos atributos de Dios, como lo señala el apóstol Pablo en la carta a los Colosenses 2.9, cuando dice “En Él habita toda la plenitud de la Deidad”.

 

La evidencia de la eternidad del Cristo preexistente no sólo está contenida en los escritos del nuevo testamento, sino también en los del antiguo testamento. El profeta Miqueas dijo que “sus salidas son desde la eternidad” (Miq. 5.3)De la misma manera, el profeta Isaías profetizó que sería llamado “Padre eterno” (Is. 9.6). Por tanto, la escritura da testimonio y constituyen la evidencia de la eternidad de Jesucristo.

 

Antes de la encarnación, el Cristo preexistente manifestó su actividad como creador, siendo la causa por la cual, todas las cosas son creadas y por quien todas subsisten, demostrando su eterno poder y también llevando a cabo la creación para sus propios propósitos, conforme a su prerrogativa divina, actuando no solo al comienzo de la creación, sino sustentándola a través de los tiempos con su presencia y poder.  (Col. 1.16-17)

 

Del mismo modo, el Cristo preexistente tuvo apariciones antes de su encarnación en el antiguo testamento como el Ángel de Jehová, hablando como Dios, identificándose a sí mismo como Dios, recibiendo adoración como Dios. Uno de los pasajes claves en estas apariciones del Cristo preexistente en el antiguo testamento, llamadas Teofanías o Cristofanías, aparece en el libro de Éxodo: “Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: !!Jehová! !!Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad” (Ex. 34.5-6)El hecho que las Cristofanías cesaran después de la encarnación, deja de manifiesto que Él es miembro de la Trinidad.

 

B.      LA PERSONA DEL CRISTO ENCARNADO

El Cristo preexistente, no solamente es divino sino también humano. Particularizando aún más, Cristo es totalmente Dios y totalmente hombre. Juan escribe que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn. 1.14). Por lo tanto, cuando hablamos de la encarnación, estamos hablando de la segunda persona eterna de la Trinidad revestido de naturaleza humana, con las limitaciones del ser humano, pero sin pecado, tal como lo señala el autor de hebreos (4.15)

 

El Dios hecho carne fue anunciado a través de los profetas. Isaías, por ejemplo, lo cita como el Dios fuerte (Is. 6.9) o “el gibbor”, como una referencia a la deidad y que tiene como significado héroe, cuya característica principal es que es Dios es el héroe. ¡Qué definición acerca de su propia naturaleza! También lo cita como Emanuel (7.14), que traducido es Dios con nosotros, y enfatiza primordialmente que el nacimiento del Niño a través de la virgen, trae a Dios a morar con su pueblo.

En este sentido, la encarnación se produce mediante el anuncio y posterior consumación del nacimiento virginal. En otras palabras, el nacimiento virginal fue el medio para la encarnación. Fue el ángel Gabriel quien anunció a María que concebiría del Espíritu Santo diciendo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios. (Lc. 1.35) Aquí, la acción trinitaria queda manifestada en el nacimiento del Santo Hijo de Dios por el poder del Espíritu Santo y a María siendo cubierta por Dios mismo.

 

Con respecto al nacimiento virginal, el apóstol Levi o Mateo, indica en la genealogía del evangelio lleva su nombre, que el Cristo nació de María, Mujer de José. Es interesante notar que la biblia no señala a Jesús siendo engendrado bajo la línea la línea de José, reforzando la verdad de las escrituras que señala que fue concebido por la acción del Espíritu Santo. El gran apóstol Pablo dice en la carta a los Gálatas 4.4 “Pero venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. Estos dos versos tienen como objetivo, aportar una evidencia extraordinaria respecto a la naturaleza teantrópica de Cristo, con repercusiones cósmicas para los efectos del cumplimiento del pacto de redención.

 

Mateo comienza su evangelio con una genealogía magnífica: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham” (Mt. 1.1); el propósito para ello, era revelar que Jesucristo era el cumplimiento de los pactos davídico y abrahámico, al ser el heredero legítimo al Trono de David y la simiente prometida en la que todas las familias de la tierra serían bendecidas.

 

El Cristo encarnado tiene completa deidad. Cristo posee atributos que sólo Dios tiene. Recordemos que en Juan 8.58, Jesucristo afirmó existir desde la eternidad pasada: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”; Jesucristo dejó en evidencia que conoce cosas que se podían conocer sólo si fuese omnisciente. La mujer samaritana dice de Cristo: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” (Jn. 4.29).

 

Así también, demostró su omnipotencia actuando sobre la naturaleza, sobre la enfermedad, Jesucristo demostró su poder sobre la muerte resucitando a la hija de Jairo y a Lázaro, y por supuesto, demostró su poder al levantarse de la tumba y resucitar al tercer día.

 

El Cristo encarnado demostró su deidad al hacer obras que sólo Dios hace, como por ejemplo otorgar el perdón de pecados, dar vida espiritual y resucitar a los muertos.

 

Así también tuvo títulos y nombres propios de la Deidad. El título “Hijo de Dios” en relación al Cristo encarnado, se aplica para señalar que Jesús es “de la orden de Dios” y refleja su entera deidad. Por ejemplo, el título “Hijo del Hombre” aparece 88 veces en el nuevo testamento. La descripción “Hijo de Hombre” era un título Mesiánico descrito en Daniel 7.13-14, a quien le fue dado dominio, la gloria, y el reino. Cuando Jesús usaba esta frase en relación a Sí mismo, Él se estaba adjudicando la profecía del “Hijo del Hombre”. El Cristo encarnado manifestó abiertamente “ser uno con el Padre”, como nos lo señala Juan 10.30.

 

El Cristo encarnado recibió la adoración de los ángeles en su nacimiento; durante su presentación en el templo, provoca el gozo y la admiración del justo y piadoso Simeón, quien dice “ahora han visto mis ojos tu salvación…luz para revelación a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc. 2.30,32); recibió la adoración del ciego de nacimiento cuando fue sanado; y la aclamación de las multitudes durante su entrada triunfal en Jerusalén.

 

En su perfecta Deidad, cristo fue completamente hombre. Tuvo un cuerpo humano, tuvo alma y espíritu, exhibió las características de las debilidades humanas, es decir, tuvo hambre, sueño, cansancio, se entristeció por la muerte de su amigo Lázaro, pero nunca pecó.

 

La persona teantrópica de Cristo es asombrosa. No podemos con nuestras mentes finitas concebir de forma precisa, cómo la naturaleza divina se une con la humana en la persona de Cristo. Como dice el salmista: “tal conocimiento es demasiado alto para mí, no lo puedo entender”. El escéptico encontrará aquí una razón más para continuar en su incredulidad. Pero, para los que hemos creído que “Él es el Cristo”, aún cuando no podamos comprender de forma perfecta cómo ambas naturalezas pudieron cohabitar en una sola persona, nos rendimos en adoración al Dios trino, porque si un solo punto de la doctrina Cristológica falla, entonces no hay doctrina soteriológica que valga la pena creer.

 

Por tanto, nos unimos a aquellos apologistas y padres de la iglesia que se reunieron en Calcedonia y proclamaron este credo que se mantiene hasta nuestros días:

 

Nosotros, entonces, siguiendo a los santos Padres, todos de común consentimiento, enseñamos a los hombres a confesar a Uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional; cosubstancial (coesencial) con el Padre de acuerdo a la Deidad, y cosubstancial con nosotros de acuerdo a la Humanidad; en todas las cosas como nosotros, sin pecado; engendrado del Padre antes de todas las edades, de acuerdo a la Deidad; y en estos postreros días, para nosotros, y por nuestra salvación, nacido de la virgen María, de acuerdo a la Humanidad; uno y el mismo, Cristo, Hijo, Señor, Unigénito, para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia, no partida ni dividida en dos personas, sino uno y el mismo Hijo, y Unigénito, Dios, la Palabra, el Señor Jesucristo; como los profetas desde el principio lo han declarado con respecto a Él, y como el Señor Jesucristo mismo nos lo ha enseñado, y el Credo de los Santos Padres que nos ha sido dado. AMEN

 

(Concilio de Calcedonia, 451 D.C.)

 

 

 

 

 

 

sábado, 12 de septiembre de 2020

¿ES EL EVANGELIO UN ASUNTO DE JUSTICIA SOCIAL?

“He llegado a sentir firmemente que el mayor servicio que todavía puedo prestar a mis semejantes sería que podría hacer que los oradores y escritores entre ellos, se avergonzaran completamente de volver a emplear el término justicia social”. (Frederick Hayek, premio nobel) “Sigues usando esa palabra. No creo que signifique lo que crees que significa” (Diego Montoya, en relación al término justicia social) El mayor problema con la terminología y el concepto “justicia social”, es que no significa lo que creemos que significa y a menudo cuando nos encontramos a personas que han abordado este tema, utilizando la terminología lo hacen en base a sus intenciones y no teniendo la perspectiva ni la comprensión más amplia, debido a que, por una parte, no es justa y, en segundo término, es ingenua. Entonces ¿Cómo definimos en términos sencillos la expresión justicia social? Y con esta pregunta, no estamos reduciendo el concepto en términos semánticos, lo cual sería inoficioso desde el punto de vista práctico y necesitamos mirar el tema desde la óptica bíblica apropiada. ¿Es la justicia social un asunto del evangelio? Al respecto, Kevin De Young escribe en un artículo que la justicia social es un término nebuloso, inexpugnable para algunos, sospechoso para otros. Antes de responder, De Young concluye que, si esto es lo que se define justicia social, entonces ese no es un asunto del Evangelio, pero si esto otro es lo que significa, sí estamos de acuerdo que es un asunto del Evangelio. El único problema, es que la justicia social significa lo que De Young postula en su primer argumento, es decir, un término nebuloso, inexpugnable y sospechoso. Por lo tanto, la justicia social no es un asunto del evangelio. Por otra parte, William Young ofrece un término más amorfo: “Justicia social ha evolucionado en general, significando redistribución estatal de los privilegios y recursos para grupos desfavorecidos para satisfacer sus derechos a igualdad social y económica”. Tome nota por favor de estas palabras: privilegios, recursos y grupos. Son palabras muy importantes para satisfacer sus derechos de igualdad social y económica. Aquí presentamos la primera razón por la cual este asunto se vuelve problemático: Dios demanda justicia. La justicia no es opcional para el cristiano, la injusticia es un pecado. Por lo tanto, si la justicia social es verdadera, entonces estar en desacuerdo no puede ser permitido. Esto es problemático, porque en cualquier asunto de “justicia social”, hay personas argumentando en un lado por justicia social que digan que lo injusto es “A”, mientras que, por otro lado, hay personas argumentando por justicia social que dicen que la injusticia es “B”. En conclusión, las dos opciones no pueden ser correctas, excepto en el mundo de la justicia social, porque su movimiento no es acerca de justicia. En relación a la misión u objetivo de la justicia social, esta se lleva a cabo en etapas, identificando en primer lugar a grupos desfavorecidos. La justicia social no es acerca de individuos, es acerca de grupos. El asunto no es de individuos teniendo éxito, sino de grupos. Hablamos de grupos y no minorías, porque a menudo hablamos de minorías desfavorecidas, pero ese no es el caso. Necesitamos sólo un ejemplo para probar que hablamos de grupos: las mujeres son más del 50% de la población a nivel mundial y ellas son mayoría. Sin embargo, ellas son consideradas como una minoría desfavorecida en nombre de la justicia social. Y eso es justamente lo que se hace en política, no importa si un candidato va liderando las encuestas, lo que interesa en la actualidad si ese candidato representa a un grupo “X”, porque la identidad política ahora tiene como base “qué puede hacer este candidato por el grupo”, y no necesariamente representa a quienes somos tú y yo o qué es lo que tú y yo creemos, sino, qué hará por nuestro grupo. En segundo lugar, evaluando los resultados del grupo. Como esto no tiene que ver con individuos, es necesario evaluar el resultado del grupo. En tercer lugar y en relación al segundo, asignar culpa por los resultados dispares. Si este grupo tiene un resultado negativo en un área particular, entonces hay que encontrar a quienes culpar por esos resultados. Si este grupo no está haciendo bien las cosas en el área académica, económica o política, entonces ellos necesitan culpar a alguien para lograr una redistribución del poder y los recursos para reparar esas quejas o agravios. Y esa respuesta que tiene que ser de acuerdo a la justicia social. John Rawls en su libro “Teoría de la justicia” escribe: “dado que el principio para un individuo es avanzar lo más posible en su propio bienestar, el principio para la sociedad es avanzar lo más posible en el bienestar del grupo. La justicia social es el principio de la prudencia racional aplicada a una concepción que suma al bienestar del grupo.” Otro autor señala: “Como lo veo, la justicia social requiere recursos igualitarios, justicia y respeto por la diversidad. Por decirlo así: la erradicación de la existencia de formas de opresión social”. Esto implica una redistribución de los recursos de aquellos que injustamente los han obtenido, dando por sentado que, todos los que tienen estos recursos, los obtuvieron injustamente, a menos que ellos sean miembros de un grupo minoritario desfavorecido. A modo de ejemplo, si usted es una persona blanca que ha adquirido riquezas eso es injusto, pero si es negra no lo es. Otro ejemplo es, personas de color negro dominando en los juegos olímpicos es justicia, pero si es una persona de color blanco, es injusto. Por lo tanto, la idea aquí es que, si la disparidad se acumula en beneficio de un grupo que es identificado como una minoría oprimida, entonces la disparidad no es vista. La justicia social, según el concepto de sus defensores, implica la redistribución los recursos de aquellos que injustamente los han obtenido, a aquellos que justamente lo merecen, creando y asegurando el proceso de verdadera participación democrática en la toma de decisiones. Parece claro que sólo una redistribución decisiva de los recursos y poder de la toma de decisiones puede asegurar justicia social y auténtica democracia. Redistribución de recursos y poder, redistribución de recursos de aquellos que los han ganado injustamente y distribuirlo a aquellos que lo merecen. Lo interesante de todo esto, es que estamos hablando de grupos, no estamos diciendo que alguien fue injusto. Tu podrías haber trabajado duro y podrías haber venido de la nada, te levantaste del polvo y con tus propias manos, trabajaste desde la parte mas oscura del pozo hasta llegar a la parte más alta de la torre. Pero si tú eres un hombre que sale adelante por sí mismo, la determinación de si lo has hecho justa o injustamente, no tiene que ver cómo llegaste ahí, sino con el grupo al que perteneces. Tú puedes ser una persona blanca que ha venido de un lugar de extrema pobreza, pero si te levantas y surges, eso no importa, pues eso significa que eres un privilegiado y sea lo que tengas, no lo mereces, porque la justicia social lo define en función de grupos y no de individuos. En este país, el estado entrega a grupos étnicos una cantidad extraordinaria de terrenos para que las comunidades indígenas las trabajen y puedan acabar con la pobreza. No obstante, son los privilegiados ilegítimos los que deben soportar la quema de sus maquinarias, camiones y propiedades porque todo ello ha sido ganado injustamente porque supuestamente, son un grupo de privilegiados ilegítimos. En EE.UU., existe un grupo llamado “los fieles de América” (Faithful América). En su sitio web ellos se identifican como la mas grande comunidad online de cristianos poniendo la fe en práctica por la justicia social. Ellos saben que están usando este concepto que el diccionario de Oxford de la lengua inglesa define como justicia distributiva, considerando que, además, hay un completo acuerdo en el mundo académico, en el mundo político y en la sociedad en general respecto al uso del término justicia social. Esta organización “cristiana”, en su sitio web destaca entre sus logros: presionar al canal MSNBC para abandonar el consejo de investigación familiar; ayudaron a un grupo de estudiantes universitarios para ganar una causa judicial para un director despedido (el director era un hombre declarado abiertamente gay acusado de abuso), Ellos fueron a la guerra por esta causa y ganaron la “justicia” para este individuo; defendieron a un pastor “injustamente” derrocado. ¿Quién es este pastor injustamente derrocado? Es un pastor metodista que, actuando en contra de los estatutos de su denominación, ofició una boda homosexual para su hijo y los amigos de su hijo. Según esta organización, era injusto que este pastor fuera despedido. Debemos recordar que, según el concepto de este movimiento, injusticia es igual a pecado, por lo tanto, para Faithful América, organización pseudo cristiana, es un pecado no oficiar bodas del mismo sexo. Si pensamos que esto no tiene ningún sentido, entonces no entendemos el movimiento de justicia social. Debemos entender que ellos operan bajo tres importantes pilares. El primero, es igualdad minoritaria, el segundo es feminismo y derechos de la mujer, y el tercero es el movimiento LGBTQA+. Igualdad minoritaria es la idea que el éxito y la riqueza son un resultado de privilegios ilegítimos, a menos que el éxito y la riqueza hayan sido acumuladas por alguien que no pertenece a la clase ilegítimamente privilegiada. En cuanto al feminismo y los derechos de las mujeres, este movimiento no se sostiene en la igualdad de la dignidad humana ni las mismas garantías y derechos de hombres y mujeres ante la ley, sino en un feminismo influido por el marxismo, que en síntesis concibe a la mujer contra el hombre siguiendo el modelo de la lucha de clases. Según el feminismo ideológico, vivimos en una sociedad de estructura patriarcal donde el hombre ha sometido a la mujer bajo un sistema capitalista. La mujer recordemos, es el grupo mayoritario en el mundo, pero, la justicia social lo concibe como una minoría desprotegida que ha sido abusada por un grupo de privilegiados ilegítimos que ostentan poder y recursos. Y finalmente, encontramos al movimiento LGBTQA+ (Lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, queer o raros, aliados y otros), quienes bajo una campaña propagandística que se inició en los años 90’, en primer lugar buscaba desensibilizar a la población heterosexual, buscando naturalizar conductas homosexuales y lésbicas como si fuera algo normal. En segundo lugar, interviene la sociedad buscando promover los derechos de la comunidad, tales como matrimonio entre personas del mismo sexo o la penalización de conductas “intolerantes” hacia la minoría, por ejemplo, tratar a una persona homosexual como sodomita. Sodomita es la palabra que utiliza la Biblia para referirse a hombres que se echan con hombres (1 Cor. 9.6). Entonces, una vez que tenemos una sociedad desensibilizada e interferida, finalmente puede ser convertida, es decir, cuando las personas se vuelven aliadas del movimiento. ¿Cómo puedes hacer que las personas se vuelvan aliadas de la comunidad LGBTQA+? Identificando a la gente gay como minorías perjudicadas y desfavorecidas, quienes se suben al carro de los movimientos civiles o justicia social. Entonces la idea de ser anti gay, es equivalente a ser injusto socialmente hablando. Hay otros asuntos que se suman a los ya tratados como, por ejemplo, el ambientalismo y cambio climático es un asunto de justicia social, porque afecta a las minorías. Me imagino que a los grupos que ilegítimamente tienen riquezas y poder no les afecta, entonces tenemos que hacer una redistribución de sus recursos para que el cambio climático no afecte a los grupos minoritarios. Otros factores que se alzan como bandera de lucha para los defensores de la justicia social es la inmigración, la cobertura médica universal, derechos de los animales, veganismo y vegetarianismo, y por supuesto el acceso al aborto libre y seguro. ¿Qué hay del aborto? El aborto, según los sitios feministas es un asunto de derechos humanos y de justicia social. Qué ironía más grande, mientras el aborto está siendo tratado absolutamente como un tema de justicia social, ¡el asesinato de un no nacido se convierte en un asunto de justicia! Irónicamente, el asesinato del no nacido desproporcionadamente afecta al no nacido, quien probablemente sería semejante a uno de nosotros si no se le hubiera quitado la vida. Pero en el movimiento de justicia social, es el “acceso al aborto” el asunto de importancia para el movimiento. Entonces para concluir, ¿es la justicia social un asunto del evangelio? Definitivamente no. Debemos alejarnos de la terminología que el mundo habitualmente utiliza porque es ambigua, nebulosa, oscura y diabólica. Tenemos que definirla en un término en que el diccionario de Oxford de la lengua inglesa no la define, tenemos que definirla en términos diferentes a las escuelas de sociología de las universidades más renombradas y famosas del mundo, porque la forma actual de definición del concepto para decir que es un asunto del Evangelio no se parece en nada a la manera en que la cultura lo define. En segundo lugar, es una terminología tóxica. Cuando vemos alguno de estos grupos identificándose con esta terminología es tóxico, no representa al glorioso Evangelio de Jesucristo. En tercer lugar ¿Es necesario para nosotros utilizar la terminología de la justicia social para comunicar nuestro mensaje? La respuesta es no. El mensaje del evangelio no se define por los estándares de la sociedad posmoderna o de la cultura actual, por lo que no es necesario ajustar nuestra terminología para comunicar el evangelio. Finalmente, la terminología tiene un efecto intimidatorio ya que asume que la conclusión de mi posición es la más elevada, sin necesidad de entrar en debate, simplemente por el hecho de ser un asunto de “justicia social”. Debido a que Dios demanda justicia, en el minuto que tú dices que algo es un asunto de justicia social, estás diciendo que, si no estoy del lado de aquello que estás argumentando, entonces es pecado, porque yo avalo la injusticia, y desde el punto de vista bíblico la injusticia es pecado. Si hacemos el esfuerzo de utilizar la terminología, desafortunadamente estamos tratando de satisfacer a las mismas personas de quienes proviene la terminología y no es una lucha que vale la pena pelear. Finalmente, cada creyente debe entender y reconocer que el principal problema del hombre no es de justicia social, no es un problema originado ser parte de una minoría desfavorecida, no es un problema político, económico o sentimental. Es un problema judicial. La ira de Dios está contra el hombre pecador y Dios demanda que el hombre se arrepienta y crea en el Señor Jesucristo como Señor y salvador. Cuando una persona pone su confianza en Cristo para salvación, el único lugar en la tierra donde las barreras ideológicas, étnicas y sociales se rompen es en la iglesia y no con el mensaje fallido de la justicia social, sino con el glorioso Evangelio de Jesucristo. El apóstol Pablo dice que ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los cielos (Ef. 2.19), Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gal. 3.28), y miembros de la familia de Dios (Ef. 2.22)

domingo, 19 de julio de 2020

La sustitución (parte 2)


En esta ocasión, nuevamente tomaremos una porción del antiguo testamento para hablar del concepto de "sustitución penal”. Para ello, iremos a un pasaje clásico escrito hace 2700 años aproximadamente, ubicado en el capítulo 53 del profeta Isaías:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.  Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Is. 53. 4-6)

Este pasaje conocido por describir los sufrimientos del siervo de Jehová, no malgasta palabras para describir el horror de ser objeto de la ira divina a causa del pecado y está lejos de mostrar un aspecto romántico y sentimental de los  sufrimientos del Siervo de Jehová. Isaías, utiliza un lenguaje con una clara connotación judicial. La línea de pensamiento del profeta señala que la sustitución penal de Cristo identificado aquí como el “Siervo de Jehová” es una verdad incuestionable e irrefutable. La palabra ciertamente, es utilizada para dar el énfasis correspondiente al hecho que el siervo sustituto “llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”.

Se han propuesto varias ideas en cuanto a la interpretación de este texto, especialmente en lo concerniente a la esperanza de sanidad por medio del sufrimiento de Cristo. No obstante, la idea más clara pareciera ser que a causa de la encarnación del Salvador, Él mismo fue sometido por la necesidad de redención a las limitaciones y debilidades propias de la naturaleza humana. El escritor de Hebreos nos dice que Cristo también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó. (Heb. 4.15, DHH) En este sentido, las escrituras clarifican que Cristo no solamente ocupó nuestro lugar en el patíbulo, sino que, como una vez más, nos clarifica el autor de Hebreos, que “era necesario que en todo fuera semejante a sus hermanos, pues sólo así podía ser un sumo sacerdote fiel y misericordioso al servicio de Dios” (Heb. 2.4 NBV); en otras palabras, el sustituto debía vivir una vida con las indisposiciones corporales propias de la naturaleza humana, como enfermedades, sueño y cansancio entre otras cosas, pero absolutamente impecable para efectuar la redención de la raza caída e interceder por su pueblo escogido. El apóstol Pablo detalla a fondo la humillación del Salvador: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. (Fil. 2.6-8) El profeta nos dice que a causa de su humillación y de su condición semejante a la nuestra, “la gente lo despreció y hasta sus amigos lo abandonaron; era un hombre lleno de dolores y conocedor del sufrimiento. Y como alguien a quien otros evitan, lo despreciamos y no pensamos que fuera alguien importante”. (Is. 53.4 PDT) Para los judíos era totalmente ridículo pensar que el Mesías proemtido que salvaría a Israel y levantaría el tabernáculo caído de David, viniera en debilidad. Las escrituras dicen que ni aún sus hermanos creían en él.

Para la audiencia original, queda claro que el clímax de los sufrimientos del Siervo de Jehová, habrían ocurrido en última instancia, debido a sus propios pecados (aunque nunca pecó) y que, por consiguiente, estaba recibiendo el castigo merecido de parte de Dios. Su miopía no les permitió vislumbrar la gloria del Ungido de Jehová, quien se ofreció voluntariamente para sustituir al pueblo de su heredad, sino que por el contrario, acusaron al Mesías de blasfemia, acusaron al Señor del sábado de quebrantar el día de reposo y, acusaron a quien es Dios por sobre todas las cosas (Rom.9.5) de hacerse uno con Dios. Isaías dice que por estos motivos, Nosotros lo tuvimos por azotado, como herido por Dios y afligido (Is. 53.4 b. El apóstol Pedro dice claramente en el libro de hechos que los judíos repudiaron “al Santo y Justo, y [pidieron] que se os diera un asesino” (Hech. 3.14).

En este punto, la profecía de Isaías nos muestra un cambio radical en quienes juzgaron de una forma tan equivocada al autor de la salvación: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. (Is 53. 5). El lenguaje empleado indica una sustitución de carácter judicial. ¿Cómo sabemos esto? La palabra rebelión (pesha) significa crimen y tiene un énfasis en lo que respecta a la sublevación y anarquía, y que básicamente es el origen del pecado en un mundo que no reconoce la autoridad y soberanía indisputable de nuestro Dios. La palabra pecado usada aquí tiene una connotación judicial que alude a una sentencia o que lleva consigo una sentencia judicial. El autor señala claramente “por quienes” o “en lugar de quienes” fue efectuada la sustitución y esto debe estremecernos: “por nuestras rebeliones, por nuestros pecados, nuestra paz, fuimos nosotros curados”, nos indica que el Siervo fue castigado recibiendo la sentencia que nosotros merecíamos. ¿Cuál es la razón por la que el Siervo carga con los pecados de sus escogidos? Las escrituras nos dan varias razones, pero permítanme darle sólo una respuesta y que ha caído casi en el olvido de la mente de los evangélicos de hoy: “Más Jehová [el Padre] cargó en él [Cristo] el pecado de todos nosotros” (V. 6), y más adelante: “con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo sujetándole a padecimiento” (V.10).

Este es el centro del asunto. La sustitución está inseparablemente ligada a la satisfacción. Para ser un sustituto perfecto, el que sustituía debía satisfacer íntegramente al Padre. Se requería del sustituto que cumpliera cabalmente las demandas de la ley para propiciar a Dios y aplacar la ira que estaba sobre todos los pecadores y que justamente merecemos. Se requería una vida humana perfecta, una ofrenda perfecta, un sacrificio perfecto. Se requería del que efectuaba la sustitución tener vida en sí mismo (Por eso debía ser Dios mismo) para resucitar con poder y gloria y de esta manera, satisfacer al Padre y sellar la justificación de los pecadores. 

La expresión más gloriosa vertida en la agonía de la cruz es “tetelestai” o “consumado es”, todo está hecho, es el grito final de victoria por parte de nuestrom Señor. La obra vicaria de Cristo estaba terminada completamente, pero en el análisis final de este asunto, es el Padre quien entrega a su Hijo para sufrir el castigo que no le correspondía, pero que era necesario para vindicar su honor. Pablo, magistralmente hace eco de esta idea y dice “Al que no conoció pecado (Cristo), por nosotros (Dios) lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2 Cor. 5.21) Dios lo trató como un pecador, para que nosotros recibiéramos su justicia. El apóstol Juan dice: En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y nos dio a su Hijo en propiciación (un sacrificio cruento y sangriento para satisfacer su justicia y remover su ira) por nuestros pecados. Era necesario que el Hijo tomara nuestro lugar y fuera tratado como el más vil de los pecadores por su propio Padre, para lograr nuestra justificación.